lunes, 16 de febrero de 2015

DIARIO DE UNA AUTOPUBLICACIÓN: Post 6. ¿Por qué autopublicas?

Todos tenemos una respuesta a esta pregunta que argumentamos, nos creemos y hablamos de ella con un conocimiento de causa profundo y convencido, pero todos, absolutamente todos, tenemos en algún pequeño rincón de nuestro corazón o nuestra mente, aunque no sepamos o queramos identificar, un anhelo de reconocimiento social. O como ya dije en algún que otro post, un deseo de que salte la liebre en forma de editorial salvadora que descubra tu libro y lo considere ya no una obra de arte, las ambiciones puede que no lleguen tan lejos, pero sí digno de editar en papel y aparecer en las mesas de novedades de las librerías durante unas semanas. Porque, asumámoslo, mucho e-book y mucho libro electrónico, pero el que escribe se ve en papel, ¿o no?

Mi respuesta a esa pregunta, la que argumento, me creo y hablo de ella con un conocimiento de causa profundo y convencido es que opté por la autopublicación de“Seis meses, 182 días” como experiencia editorial para reflejar en este blog, My Stories Project. Y es cierta… al 99,9 por ciento. Claro que sueño con que su lectura se convierta en un éxtio viral – ese concepto nuevo, o no tan nuevo, que sirve para calificar todo lo que se extiende como la espuma en Internet – y que alguna editorial, de esas grandes y con nombre de toda la vida, se fije en la historia como “maravillosamente editable” (como dice una viñeta de “The New Yorker” que he leído hace poco en Twitter… que sí, que hay que estar activos en las redes sociales, eso ya lo he dicho aquí). Sin embargo, hasta que eso ocurra… o no ocurra nunca… tenemos que buscar alternativas.

Seguramente la persona que autopublique ya ha tenido una trayectoria más o menos larga de rechazos editoriales, cartas amables que te animan en tu proyecto al mismo tiempo que te dicen que no tiene cabida en el suyo. “Seis meses, 182 días” no ha tenido nunca un rechazo editorial por el simple hecho de que nunca la he enviado a ninguna editorial, así de sencillo. Pero sí que he tenido rechazos editoriales de otros relatos, uno de ellos, con corte infantil/juvenil, lo publiqué gratuitamente en este mismo blog: “Mi familia es vampira”. Y mi Carmen!, esa a la que le he abierto un blog para ella sola y en la que he invertido mucho tiempo y sigo haciéndolo, ha tenido la pobre… pues bastantes rechazos editoriales, tantos que he perdido la cuenta. Suelo contar a modo de satisfacción personal que llegó a pasar el primer filtro de la casa editorial Penguin Random House, es decir, que en lugar de enviarme una carta rechazándola desde el inicio, me enviaron otra en la que me decían que se la pasaban a sus asesores para que la estudiaran… meses después llegaba esa otra, qué le vamos a hacer. Al releer lo que acabo de escribir, pareciera que me rebelo contra los rechazos editoriales ofreciendo gratis lo que ellos no quieren, bueno, también es una opción.

Da igual que escribas desde pequeño o que le hayas cogido el gusto de mayor; que tengas más relatos metidos en el cajón o que este sea el primero que consigues acabar; que tengas tantos rechazos editoriales a tus espaldas como pelos en la cabeza o que nunca se te haya ocurrido mandar nada a ningún sitio; autopublicar es un acto de devoción, como ya dije en alguna ocasión. Dudo que alguien que autopublica, por ejemplo en Amazon como he hecho yo, confíe en hacerse rico con ello – obviando esos anhelos de los que hablé al principio –, pero es una buena forma, una muy buena forma, de quitarse la espinita de ver tu relato con su bien bonita cubierta en un sitio lleno de libros en el que el tuyo es uno más… tú eres uno más, en el sentido menos despectivo y más soñador de la expresión.

Ahora, si quieres, aquí tienes el enlace a Amazon para, por dos euros, hacerte con  "Seis meses, 182 días". También puedes clicar en el banner de la derecha.