viernes, 10 de octubre de 2014

Es viernes, mamá: el paraguas


Aunque no llueva y el cielo esté azul,
a ver quién es el guapo que le dice al chico que no se lleve el paraguas😊

martes, 7 de octubre de 2014

Felicidades, Kassius



No hago esto porque sume puntos para el sorteo que dice Kassius que va a realizar - que también :) -, lo hago por algo más. Y es que solo un blogger sabe lo que es cumplir años con su blog. Cada día que ese rincón virtual sigue respirando significa muchas cosas: significa otro día en que tu vida real no se ha impuesto y te ha dejado continuar con tu blog; significa otro día de ilusión; significa otro día en que tu proyecto sigue en pie. Por eso sé que tres años, Kass, son muchos años, muchos meses, muchos días.

Un FELICIDADES enorme y un ADELANTE por que esos tres años se conviertan en muchos más. Deseando ver qué haces el día 12, aunque en cualquier caso me vale con que nos sigas regalando las historias de LadyColl y, por favor, la historias de tu barrio ;)

Por cierto, Kassius está aquí... KASSIUS 9.

lunes, 6 de octubre de 2014

Cambios: Post 28

Post 28.

- ¿Con leche? – Amelia estaba en una habitación pequeña y oscura al fondo de la tienda de donde ya salía un suave aroma a café y yo, yo ya me había recuperado del señor culazo que me había dado por los descuidos de Daniel con su chaqueta.
- ¡Sin leche y sin azúcar! – Grité yo.
- ¡Sin leche y sin azúcar, gracias! – Respondió Daniel, mientras dibujaba tonterías sin sentido con la tierra que cubría la gran mesa de madera a la que estaba sentado.
- Ya decía yo que debías ser de esos que se provocan úlceras gastrointestinales. – Amelia le tendía una taza humeante y ella se sentaba con otra junto a él. – Ahora cuéntame, ¿qué habías pintado?
- ¿Cómo? Nada, es decir, cosas que no… que no eran nada, no he sabido dibujar nunca.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- ¿Entonces por qué has estado dibujando? Quiero decir, si nunca has sabido dibujar, supongo que nunca te ha gustado. – Bebió un largo trago de su café, parecía no importarle lo caliente que estaba.
- Me relajaba. – Y Daniel bajó la guardia, lo noté en ese preciso instante.

Bajó la guardia y yo me repanchingué en una de las plantas que colgaban del techo a observar con atención el espectáculo. Fue como en una película romántica de esas que yo me quedaba a ver hasta tarde cuando estaba viva. Miento, fue mejor que una de esas pelis. Entre sonrisas y miradas cargadas de intención, comenzó entre los dos un baile de flirteo y sensibilidad difícil de superar en la ficción, porque no siempre la ficción es mejor que la realidad. Me sentí en un momento dado incluso como una intrusa, pero entonces me repetí que yo estaba allí por una buena razón y seguí mirando embelesada cómo Daniel dejaba caer completamente un muro que ni su madre ni su hermana ni nadie de su familia habían logrado destruir en muchísimo más tiempo. Con un leve siseo, volteé el cartelito de abierto hacia cerrado porque no quería que aquello terminase de forma abrupta por ninguna visita inesperada y sonreí melancólica. ¿Se puede sonreír melancólica? Oh, sí se puede, sin ninguna duda. Cómo deseaba estar viva.


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