viernes, 12 de septiembre de 2014

Es viernes, mamá: Vuelta al cole

Vuelta al cole
Así, casi escapando de la foto, empezaba el chico el cole "de los grandes". Fue llegar al gran patio de pistas de fútbol y echarse a correr como si eso fuera lo más divertido del mundo, veo que no tenemos mucho en común el chico y yo a este respecto.

Obviando mi sensibilidad en un día tan importante en el que lo que más repetí es: "No me lo puedo creer", refiriéndome a cómo ha crecido el chico y el paso vertiginoso del tiempo, lo que más define al día de la vuelta al cole es una frase que el chico me dijo justo antes de entrar en su clase: "Estoy preparado para empezar el cole", feliz, contento, sonriente y con ganas. Toma ya, dramas fuera.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Cambios: Post 25

Post 25.

Ese piso de alquiler era de todo menos personal. Clara no había visto ni estado en un lugar más aséptico en su vida. Y es que se notaba que ese piso era un lugar de paso del que los del seguro se valían en situaciones como esta, aunque no estaba tan segura de que hubiera tantos incendios como para que necesitaran de un lugar como ese. ¿Sería el nidito de amor de algún jefecillo? ¿El picadero? Mejor ni pensarlo. Clara pudo influir lo suficiente en la mente de Daniel como para que se llevase un par de mudas de cama de casa de su madre, no era ser melindres, era ser precavido.

Su ubicación tampoco es que le viniera de perlas a Daniel, tenía que coger dos autobuses hasta llegar a la comisaría, pero era lo que había y su fantasma tuvo que aclimatarse a un tercer hogar, por llamarlo de algún modo, en un muy corto espacio de tiempo. Si se ponía a pensarlo, echaba de menos incluso el primer cuchitril. Y Sultán tampoco estaba cómodo, corría de una habitación a otra buscando su sitio y cuando se sentía exhausto, se tiraba despatarrado donde le pillara, con los ojos entornados y con un pensamiento que Clara podía leer perfectamente: no me gusta nada de nada este sitio.

Y Celia se había quedado triste, impotente ante el muro de silencio que su hijo había construido sólidamente a su alrededor y que creía haber empezado a derribar, aunque ahora veía que no había sido más que un espejismo. Lo dejó marchar después de intentar convencerlo durante todo el día, prometiéndole no inmiscuirse más en su vida, disculpándose una y otra vez por haber invitado a aquella chica, que no sabía lo que le había pasado; mientras Daniel le intentaba explicar que ya lo tenía decidido hacía tiempo y que no había nada que hablar.

Pero había una cosa en la que Clara, la omnipresente Clara, ese fantasma que todo lo veía y que no hacía más que jugar con los hilos de la vida de Daniel hasta donde él la dejaba – que no era mucho – no había visto. En el fondo de la maleta de Daniel, bajo aquel maremágnum de ropa metida a toda prisa sin ningún orden ni concierto, estaba el nuevo tiesto de barro cocido que Amelia había llevado hacía un par de noches a casa de su madre junto a la pintura y los pinceles para pintarlo. Sobre el alféizar de la ventana del dormitorio, el poto, verde, radiante, lleno de vida. Justo la vida que le iba a insuflar a su dueño, porque Daniel no sabía que con aquel gesto había empezado a salir de una anterior vida llena de sombras para volver al mundo de los vivos, lleno de todos esos colores con los que iba a pintar el nuevo tiesto de su planta.


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martes, 9 de septiembre de 2014

Martes de recomendación: La verdad sobre el caso Harry Quebert



Por fin lo acabé, vino justo con el final de mes: terminó agosto y leí su última página. Y eso que no las tenía todas conmigo. No es que no me atrajera o gustara desde el principio, pero al trabajo que cuesta internarse en una lectura a priori larga (el libro tiene bastantes páginas) y no llegar a ese famoso punto de no retorno en el que ya nada importa y buscas momentos hasta debajo de las piedras para leer siquiera un par de líneas, se unió una falta de tiempo absoluta que me hacían coger la lectura muy de cuando en cuando sin terminar de engancharme. Hasta que llegué a ese punto y su lectura se convirtió en una obsesión que me hizo devorar la segunda mitad en apenas tres días.

Intentaré poner en antecedentes sobre la historia sin hacer ningún spoiler: David Goldman es un famoso escritor que, tras su primera y exitosa novela, se cobija en la casa de su antiguo profesor de universidad, a la vez gran escritor, para superar su momento "página en blanco" que amenaza con destruir su recién estrenada gran carrera. Una vez allí, descubrirá que su mentor mantuvo, con unos treinta años, una relación con una chica de quince que poco después desapareció. Este hecho, lejos de alejarle de su profesor y amigo, le llevarán a defenderle a capa y espada y buscar en el pasado cuando el cuerpo de la chiquilla aparezca precisamente en el jardín de este hombre y sea llevado ante la justicia.

Partiendo de una opinión que he leído y que lo definía como repetitivo, diré que sí, repetitivo sí que es, pero yo entendí esta repetición como el resultado de ver los mismos hechos desde diferentes puntos de vista: según la persona a la que el protagonista esté entrevistando, con lo que tú vas montando la historia a la vez que la va montando él. Una historia que se cuenta desde el presente y desde el pasado. Muy interesante, aunque sí, puede resultar pesado.

Un libro que guarda grandes sorpresas, giros inesperados que te dejan con la boca abierta; un libro en el que, al ir descubriendo las cosas a la misma vez que el protagonista, te invita a seguir saltando de página en página para seguir tú mismo con la investigación. 

Conclusión: lo recomiendo mucho. No sé si es ese fenómeno de la literatura que muchos han dicho que es, no creo conocer los entresijos de la literatura tanto como para hacer un juicio de ese calibre, pero sí sé que me ha hecho pasar un verano muy interesante y que me ha quitado el sueño para seguir leyendo (algo que siempre es señal de que te gusta lo que tienes entre manos).

¿Qué lecturas veraniegas te han quitado el sueño?

lunes, 8 de septiembre de 2014

Relato con Foto: Paraguas

Paraguas
¿Cómo iba yo a saber cuál de aquellos paraguas rojos era el correcto? Todo mi intelecto, en el que no confiaba demasiado, para resolver un acertijo que me había llegado hacía poco de una forma muy particular: en un libro sacado de la biblioteca con un mensaje nada tranquilizador, "Dime qué paraguas es y te dejaré leer tranquila".

La fotografía es cortesía de CrisMandarica, una gran bloguera que podéis encontrar en Mejor será que corras y en Detrás de la pistola, dos sitios imprescindibles si quieres leer buenos relatos, buenas historias y buenas recomendaciones. De vez en cuando, me regala fotografías como esta, muchas muchas gracias, guapísima :)  

Con esta fotografía continúa septiembre y continúa un nuevo proyecto: "Un mes, cuatro Relatos con Foto". Esta misma imagen protagonizará los relatos cortos de los próximos lunes de septiembre.