viernes, 25 de julio de 2014

Es viernes, mamá: Yo, guiri



Sevilla es una ciudad que se presta a ser guiri en tu propia tierra, así que de vez en cuando toda la familia ejercemos de guiris e incluso los de los coches de caballos nos invitan a dar una vuelta por la ciudad. ¿Tanta pinta tenemos?

En fin, desafiando las altas temperaturas, la semana pasada salimos a dar una vuelta por el centro y el chico era la viva imagen de un guiri: sus pantalones cortos, sus sandalias (sin calcetines, lo sé), su mochila (llena de juguetes) y su refrigerio (un zumito de naranja). ¿Que como acabó la cosa? Como no podía ser de otra forma, llevando yo la mochila, tomándome yo el resto de zumo y llevándolo el padre en brazos.

jueves, 24 de julio de 2014

Cambios: Post 22.

Post 22.

¿Está bien bailar de alegría cuando alguien se encuentra tan desesperado? Así era la situación. Daniel aún intentaba encajar que esa noche tendría una inesperada, y molesta para qué negarlo, visita en casa y yo lo seguía correteando por toda la casa intentando cambiar algo su actitud. Pero si bien a Celia era bastante fácil influirla, a Daniel era tan complicado que por momentos me daban ganas de tirar la toalla. Al menos sabía que su educación lo perdería y no tendría que sufrir unas consecuencias muy devastadoras, me caía bien la chica, me caía bien Amelia y no quería que aquello que yo había provocado le afectara demasiado. Solo quería que le afectara lo justo, vamos, que se enamorara de Daniel y Daniel de ella. Sí, era posible, debía serlo.

Y Amelia fue más que puntual, se adelantó incluso cinco minutos.

- ¡Yo voy! – Gritó Celia saliendo aprisa de la cocina, desde la que se escapaba un aroma delicioso a tomate y orégano.
- Ya, yo no iba a ir.
- Daniel, por favor, cambia esa cara. Ya está hecho y no vamos a darle una mala impresión a la chica. – Su hijo le contestó con un gruñido. - ¡Y no gruñas!

Amelia entró sonriente en la sala de estar cargada con un paquete, sin duda era la maceta y las pinturas para decorarla, y una botella de vino.

- ¿Os gusta el vino? Espero que este sí, el chico de la tienda le tiene mucha fe.
- Hola, sí, claro, trae que meto la botella en el congelador. – Daniel parecía que iba a desplegar todo su encanto porque dejó asomar en su boca una media sonrisa de la que hasta su madre se sintió sorprendida.
- Amelia, querida, vamos al patio, ¿te parece? He preparado allí la mesa.
- ¡Oh, genial! Un patio, el sueño de todos, ¿no?
- ¿No tienes patio, querida?
- En mi piso de treinta metros creo que no tengo espacio para ello. – Y soltó una carcajada tan limpia, tan sincera, que Daniel no tuvo otro remedio que levantar su vista del congelador donde estaba guardando el vino y reparar un poco más detalladamente en Amelia.

Amelia era joven, pero no tanto como para que se notara mucho la diferencia entre ambos. Era menuda y vivaracha, con un pelo largo que recogía siempre (las dos ocasiones en que la había visto en la floristería) en una cola alta; esa noche lo llevaba recogido también, sí, pero en un moño bajo y despeinado que le confería una imagen dulce y espontánea de la que era difícil mantenerse indiferente. Yo podría decir que no es amor si tienes a un fantasma detrás cantándote las bondades de una persona, pero que él levantara los ojos hacia ella después de escuchar su risa fue totalmente ajeno a mí. Digamos que yo solamente iba a regar lo que ellos mismos sembraron el mismo día en que Daniel se cayó delante de ella en la floristería. ¿Qué se cayó por mi culpa (o gracias a mí? Eso no tenía nada que ver.


Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.


martes, 22 de julio de 2014

Cineando de verano: La mujer del viajero en el tiempo

No, no me he equivocado. "La mujer del viajero en el tiempo" es el título de mi libro favorito (qué ñoño suena eso, pero es la verdad), y también es el título de la película basada en él.



Romántica
Bonita
Respeta mucho el libro
Te hace pasar un buen rato
VIAJES EN EL TIEMPO

lunes, 21 de julio de 2014

#PostalesVeraniegas: Playa



La playa es una postal veraniega típica y tradicional, pero gustosa. Aquí sí que ocurren miles de historias y se inventan otras tantas. A modo de información, esta playa es la de Bolonia, más historias aún que contar, seguramente. ;)