viernes, 18 de julio de 2014

Es viernes, mamá: Amigos de verano

Amigos de verano

Lo bueno de los niños es que no necesitan mucho para juntarse y jugar. Es genial verlos interactuar, es natural para ellos. Aunque a veces les cuesta, para qué negarlo. En esta ocasión fue la niña la que se acercó al chico, pero ahí estuvieron, toda la tarde alrededor de los cubos de agua, las conchas y la arena. Vale, no todo fue idílico, hubo momentos de demostración de fuerzas y posesiones, tan natural en ellos también ;)

jueves, 17 de julio de 2014

Cambios: Post 21

Post 21

- ¡Hola! Sabía que volverías. – La florista salió de detrás del mostrador. – Ya estaba cerrando la caja de hoy, pero por ti esperaré un poco.

Daniel se asombró de la tremenda confianza con que lo trataba aquella extraña. O quizá era que estaba tan poco acostumbrado a las relaciones sociales que confundía amabilidad con pesadez. Y eso era precisamente lo que Clara no quería que Daniel pensara de… de… ¿Cómo diablos se llamaba aquella chica? Tanto tiempo yendo a la misma floristería y resulta que nunca había sabido su nombre.

- Qué chica tan agradable. – Cortó Celia a su hijo cuando este estaba, seguramente, a punto de soltar una inconveniencia.
- Si venimos en mal momento, podemos volver otro día. – Clara podía leer un NUNCA en letras mayúsculas en el centro de los pensamientos de Daniel.
- En absoluto. ¿Qué ha pasado? ¿Te ha enamorado tanto el poto que vienes a por otro? – Y Celia se carcajeó tanto como Clara, que aún seguía junto a su oreja pasándoselo bomba.
- Mamá, ¿estás bien? ¿Has tomado algo?
- No, hijo, no sé por qué lo dices. –Y se volvió a la joven que los miraba curiosa. – Venimos a por un tiesto para el poto.
- ¡Lo sabía! Sabía que le ibas a coger cariño y que querrías tenerlo bonito.
- Ay, no, hija, no. – Daniel estaba espeluznado. Normalmente su madre era un ejemplo de discreción y prudencia y allí estaba ahora, reconvertida en cotorra. No daba crédito. – El piso de mi hijo se incendió. – Ella dio un respingo. – Nada, no te preocupes, él está perfectamente, pero el poto… El tiesto de plástico en el que venía está algo chamuscado.
- Claro, claro, entiendo. Un momento.

La chica desapareció en la trastienda, hizo algo de ruido y al poco apareció con una maceta de barro cocido lo suficientemente grande como para albergar dos potos.

- A ver, os explico: el poto va a crecer y no quiero daros un tiesto que se os quede pequeño a las primeras de cambio, sobre todo porque, y esto os va a gustar… - miraba cómplice a ambos, madre e hijo, aunque sabía que el segundo no tendría el menor interés en lo que iba  a decir a continuación. Aún así, le divertía. – Este tiesto es para que lo pintéis vosotros mismos. – Celia esbozó una sonrisa amplia y Daniel puso los ojos en blanco sin ningún tipo de reparo en que la chica se diera cuenta.
- ¿No tienes algo más normal?
- ¡No, hijo! Es fantástico.
- Mamá, si a ti nunca te ha gustado pintar.
- Nunca es tarde para empezar. ¿Tú qué piensas?
- Que estoy con usted. – Desde luego se estaba divirtiendo de lo lindo. – Además, la maceta tiene unas líneas muy actuales y el pack viene con pintura y un folleto lleno de ideas.

Celia miraba a su hijo extasiada. Daniel se propuso, y esto Clara lo vio con nitidez, buscar piso lo antes posible, aunque eso supusiera dejarse el suelo entre pagar las reformas en su apartamento chamuscado y pagar otro alquiler. Y a ese piso nuevo no iría el poto, podía jurarlo.

Cuando él empezó a coger la cartera, la chica le paró en seco:

- Ni lo intentes, recuerda que tienes barra libre.
- Seguramente ese tiesto vale más de 15 euros.
- Seguramente, pero no te lo voy a coger y esta vez soy yo la que se planta. – Daniel la observaba midiendo las consecuencias de insistir y pagarle. No estaba muy ducho en las convenciones sociales, pero tampoco quería ser un mal educado.
- ¡Estupendo! – Fue Celia quien encaminó la situación. – Pues te invito a cenar.
- ¿Qué? – Daniel no daba crédito.
- Que la invitamos a cenar, esta noche, no puedes decir que no. Te traes el tiesto con las pinturas, me enseñas cómo va todo y yo hago una de mis pizzas caseras.
- Eh… - La chica no sabía qué decir, aquello había llegado más lejos de lo que ella había calculado.
- Ya te lo he dicho: no puedes decir que no. Espera. – Cogió un bolígrafo y un papel de su bolso y apuntó su dirección. – Aquí tienes. Te espero sobre las nueve y media…
- Amelia.
- ¡Amelia, qué nombre tan bonito! Estupendo.

Una vez fuera del local, habiendo dejado a Amelia temblando como un flan sentada sobre la butaca de detrás del mostrador, Daniel y su madre iban discutiendo calle abajo.

- Mamá, no puedo creer que hayas invitado a cenar a una desconocida a casa.
- Ni yo, hijo, ni yo.
- ¿Entonces?
- No sé, pero me ha dado muy buenas vibraciones.

Y se fueron sin comprar nada en la panadería de al lado.


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martes, 15 de julio de 2014

Serieando de verano: Vikings

Hoy toca serie, ya estáis tardando en ver las dos temporadas, que se os harán cortísimas, de esta producción.



Superproducción
Historia (con mayúscula)
Grandes escenas
Imágenes impactantes
Interesante historia


lunes, 14 de julio de 2014

#PostalesVeraniegas: Mercadillos

Mercadillo de verano
Los mercadillos no son para el verano, es decir, mercadillos hay todo el año, pero no me negaréis que adquieren un color y una luz especiales en esta época del año. Todo se ve bajo otro prisma en verano y muchas historias pueden surgir allí, bajo esos toldos.