viernes, 13 de junio de 2014

Es viernes, mamá: Cambio vacuna por camión de Policía



Se acerca el gran día, el día grande, el CUMPLEAÑOS. Y para celebrar que estamos en cuenta atrás, hemos vacunado al chico. Ahora entiendo ese dicho tan de madre que dice: "Me va a doler más a mí que a ti". Lo había entendido mucho antes, pero con este tipo de experiencias, lo corroboro.

La culpable de todo este despliegue dramático ha sido la vacuna de los tres años. Lo peor - o mejor, según se mire - de todo es que el chico no tenía recuerdo de lo que era una vacuna (la última se la puso a los 15 meses) y el pobre iba entregadito, feliz, "¡listo para la vacuna!". En fin, que nada le hacía presagiar lo que se le venía encima. Hubo llanto contenido y sin contener y como una buena madre, expresé: "Te has portado como un niño mayor, un niño grande". Es que al final, todas nos repetimos, ¡qué se le va a hacer! 

La enfermera, acostumbrada a toda esta parafernalia de padres e hijos pequeños, tenía preparado un huevo Kinder gigante de plástico lleno de juguetitos varios que ofreció al chico. Él eligió el camión de Policía, aunque yo hubiera cogido otra cosa, jajaja. Así que salió gimoteando con su camión de Policía de la consulta, con el brazo donde le habían puesto la vacuna inmóvil y separado del cuerpo y charloteando de la enfermera y el regalo. Olé por esas enfermeras empáticas y simpáticas.

jueves, 12 de junio de 2014

Cambios: Post 16

Post 16

No había otro sitio al que pudiéramos ir que no fuera la casa de Daniel, quiero decir la casa de los padres de Daniel. Me apetecía muchísimo conocer ese sitio, quizá ahí pudiera comprender más cosas sobre lo que realmente pasaba en la vida de mi protegido y de ese modo pudiera actuar más en consecuencia. De todas formas, estaba orgullosa y feliz de que el salvamento in extremis del poto hubiera sido un éxito. Todo podría haber acabado como el rosario de la Aurora, hasta el bombero se echó las manos a la cabeza cuando vio aparecer al bueno de Daniel con el poto, con la cara negra y tosiendo como quien en lugar de pulmones tiene bolsas de plástico.

En ese momento, más bien instantes antes, cuando intentábamos llegar a la terraza para coger la planta evitando las llamaradas y tapándonos la boca para evitar en lo posible el humo (a mí no me afectaba, pero reconozco que aún me duran algunos comportamientos humanos), se me ocurrió que a lo mejor lo que pasaba es que Daniel debía morir allí mismo. Ya, ya, ya lo sé, no me juzguéis mal: ¿quién me decía que ese no era el objetivo? Uno muy feo pero válido al fin y al cabo. Sin embargo, al alcanzar la calle con un ataque de tos que acabaría por limpiar completamente los pulmones  de Daniel, vi que no, que su destino más inmediato no era morir en un incendio. Pero sí, el poto debía vivir a toda costa.

Desde el móvil de uno de esos vecinos a los que Daniel no conocía, pudo avisar a su madre de que iba esa noche a dormir a casa. Ya me imagino el tono de sorpresa de la pobre mujer, acostumbrada como estaba a que su hijo no le devolviera las llamadas. “No, mamá, no ha pasado nada. Nos vemos en media hora”. Y colgó dándole las gracias al hombre mayor que lo miraba de hito en hito intentando descifrar alguna información más en la cara del dueño del piso incendiado. Ya lo veía yo hablar con los demás vecinos: “Sí, me pidió el móvil para llamar a alguien, no sé a quién, creo que a su madre. Pobre, no quiso decirle el porqué de la llamada para no asustarla”, cuando en realidad lo que quería Daniel era devolver ese teléfono lo antes posible y salir corriendo de allí. Ya valoraría todos los daños luego.

De ese modo, la estampa se volvió a repetir un poco más tarde: Daniel, con Sultán saltando a su alrededor y un poto en la mano, ante una sorprendida madre que abre la puerta y da un grito de susto al ver la cara negra de su hijo. Todo un cuadro.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.



martes, 10 de junio de 2014

Martes de recomendación: "Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor"



Puedo decir perfectamente cómo llegué a este libro: por curiosidad y otras sensaciones.

Me explico. Todos conocéis a Carmen (y si no, ¿a qué esperáis? Pinchad aquí). Como decía, todos conocéis a Carmen, ella se fue al pueblo de sus padres a sacudirse la pesadumbre por un acontecimiento que cambió su vida. No era un pueblo de la Toscana ni un pueblo de esos de la campiña francesa ni tampoco un pintoresco pueblo blanco andaluz, era un pueblo normal y corriente, sin más turistas que los vecinos pródigos que cada verano copaban la flamante piscina descubierta en la que el ayuntamiento había invertido para no dejar escapar a más vecinos. Pero no estaba hablando de Carmen (de la que podría hablar horas y horas si no me paro a tiempo), estaba hablando de un libro que me llamó la atención por ciertas similitudes con mi Carmen (¡mi Carmen!). Su autora, Ree Drummond, es una conocida y premiada bloguera estadounidense estrella de una programa de cocina. En las primeras páginas habla sobre cómo empezó a escribir la historia de amor con su marido, cómo abandonó esta redacción y cómo la retomó publicándola por entregas en su blog en un momento de vacío creativo. Y del éxito que tuvo. ¿Os suena? A mí mucho: relato por entregas (#RelatoPorEntregas en Twitter), historia de amor, chica que cambia sus tacones por un tractor (que bien podría ser amarillo, jejeje). En fin, que me compré el libro y dejé el que tenía entre manos, el cual tampoco luchó mucho para quedarse en ellas, para empezarlo cuanto antes.

La estructura inicial de post se nota, se nota demasiado. Y no es que eso, a priori, sea malo, pero es que se nota para mal: entregas deshilachadas, quiero decir, leídos de seguido algunas parecen no seguir el pie que le dejaba la anterior; tan pronto ella está sola en casa porque sus padres están de viaje como en otro en realidad no lo estaba – y está hablando del mismo acontecimiento, pero en diferentes entradas –. Algo que puede resultar comprensible si lo que estás plasmando son tus recuerdos y no estás escribiendo seguidos los capítulos, pero para nada explica que en el resultado final (el libro) queden así.

También me atrajo la historia de amor, tengo que reconocer que últimamente me he vuelto pastelosa. Ando buscando una historia de amor que me tenga en vilo: bonita, real… y pastelosa, vale. Entonces, cuando vi ese parecido con Carmen, me dije: “¡Anda, a ver qué encuentro!”. Para nada lo que yo esperaba. No es una historia mala, es real porque es su historia, pero se hace algo pesada y repetitiva (otra característica de sus inicios blogueriles que no valen para un libro). La denominación “hombre Marlboro” cansa, creo que dice el nombre del que será su marido una sola vez, y pasa de puntillas por cosas en las que quizá debería profundizar más. Bueno, tampoco es que esperara una obra maestra.

¿Recomiendo su lectura? A ver, soy de la opinión de que si lo he terminado (yo, que ahora por menos que canta un gallo, dejo un libro a medio leer porque paso de perder mi tiempo en leer algo que no me interesa), pues que si lo he terminado, se puede leer. Ligero, con recetas de cocina al final (que yo desperdiciaré porque por todos es sabido mi pereza cocinera) y simpático, seguro que te da algún buen momento. Sin embargo, hay autoras profesionales de este tipo de literatura romántica que seguramente te darán mejores resultados, de hecho, ya tengo en mi iPad “En la Toscana te espero” de Olivia Ardey, autora con muy buenas críticas. Por algo hay que empezar y ya haré reseña cuando me lo lea. De momento, tengo otra lectura empezada “Cien días de felicidad” cuyas dos primeras páginas me han fascinado.

¡A leer!

PD: para variar, ya se han vendido los derechos para hacer una película de este libro. 

lunes, 9 de junio de 2014

Relato a 4manos: La Casa de la Memoria II - Por CrisMandarica



- Pasa, acomódate en el sofá mientras preparo unas tazas de chocolate caliente, te hará falta que estás empapada (dijo Mateo a Úrsula mientras la invitaba a entrar en el salón de su casa).

* Una casa preciosa, aunque supongo que tampoco me habrás traído para hablar de decoración de interiores.

- Veo que el sarcasmo se pega a una velocidad que ni el correcaminos corriendo hacia la meta donde le espera un premio en forma de sugus.

* ¿Desde cuándo a ese bichejo le gustaban los sugus?

- Ah, ¿pero no lo sabías? Si enfrente tenía un sugus corría más, pero si el sugus era de piña incluso se le desorbitaban los ojos.

* Espero que no me hayas llamado para hablar de dibujos animados, como comprenderás una tiene una edad.

- No te recordaba con tan, tan, taaan mal carácter, de hecho ni te recordaba, solo me suenas.

* Sonar suenan las flautas y tú pareces un burro que la toca por casualidad.

- Está bien, me estoy hartando, iré al grano: desde hace tres meses he vivido episodios que creo haber, como lo diría... Es como si los recordase, o si me fuesen vagamente familiares, pero lo cierto es que, en teoría, es la primera vez que me suceden esas cosas. Así que cuando te vi en la panadería anotando cosas en tu libreta... Una libreta exactamente igual que la mía. Juraría que te he soñado ahí, tomando notas mientras comprabas el pan.

* ¿Cuándo?

- Un día que gritabas a la panadera porque había puesto sal en la base de un dulce que compraste, menudo carácter.

* ¿Por qué le has puesto a esta casa el letrero de "Casa de la memoria"?

- Lo hice con el fin de que gente como nosotros tenga un punto de encuentro, me gustaría formar un grupo de apoyo porque estoy seguro de que no somos los únicos a los que les pasa. Y he ido al médico y ha querido derivarme a un psiquiatra. Se debe pensar que estoy loco, pero no es eso, ni es alzheimer, ni es demencia senil, ni nada de eso. Para los 50 años que tengo estoy como un roble.

Úrsula estaba afanada mirando en su libreta, parecía que no le estaba prestando atención a Mateo cuando, de repente, le espetó:

* El día que me quejé de la sal en el dulce fue el mismo día que compré esta libreta. El mismo día que empecé a recordar cosas que aún no habían pasado.

CrisMandarica

Esta es la segunda entrega de este relato creado en colaboración, cuatro patas para una mesa, cada una de su padre y de su madre y con un único nexo: la fotografía del principio. Si Kassius9 nos daba el pistoletazo de salida (pinchad aquí para leerlo), ha sido CrisMandarica quien lo ha continuado, ¡y de qué forma! Y por si no os habíais dado cuenta, os lo digo yo: es Sugus quien debe continuarlo, dejándome a mí el final. Encantada. :)