viernes, 30 de mayo de 2014

Es viernes, mamá: El abuelo y el taxi



El chico pierde pie con el abuelo y el abuelo pierde pie con el chico. Es maravilloso verlos juntos y esta no es la primera ni será la última entrada que haga sobre ellos dos. Últimamente, mi madre se está viniendo todas las tardes a casa y luego, por la noche, mi padre - el abuelo - viene a recogerla en el taxi. Para el chico, el taxi debe ser un coche especial, fuera de toda normalidad, la línea amarilla en la puerta creo que le confiere un estatus que ningún otro vehículo tiene: es verlo y revolucionarse. Y es ver al abuelo llegar en el taxi y salir corriendo de donde esté para montarse y "conducir un poquito", toquetear los botones, encender el taxímetro y decir: "¡Pi, pi, el coche de El Coronil*!". Así estamos, que cuando esperamos en la puerta de la guarde a que abran dentro del coche, lo tengo sentado conmigo en el asiento del conductor haciendo lo mismo, aunque no igual porque no es el taxi.

* El Coronil es el pueblo de mis padres.

jueves, 29 de mayo de 2014

Cambios: Post 14




Post 14

Yo sabía que eso significaba algo. No había podido abandonar el bolsillo de la chaqueta de Daniel en ningún otro sitio y entonces, de repente, puedo saltar y llegar a un poto colocado justo en la floristería que yo frecuentaba en otra vida. O ese poto que llevaba ahora mi protegido en las manos, y en el que yo me balanceaba más feliz que una perdiz, era el objeto de mi misión o esta, la misión, no había hecho más que empezar gracias precisamente a ese poto. ¿Era la vida tan peregrina como para que mi objetivo como fantasma fuese la de Celestina? ¿Era la florista el final del camino para mí? Eso lo tendría que ir descubriendo poco a poco. De momento, ya tenía un hilo del que tirar.

Llegamos a casa Daniel, el poto y yo. Desde el minuto uno noté la incomodidad de Daniel con ese poto entre las manos, pero también noté como no lo tiró al contenedor de basura a sabiendas de que estaba pasando junto a él: no quería tirar el poto. Llegó a casa y, lejos de dejarlo de cualquier modo en cualquier sitio de su mugroso apartamento (admitámoslo, estaba mugroso, no había visto mucha actividad limpiadora en los meses que llevaba conviviendo con él, a Dios gracias que los fantasmas no tenemos el sentido del olfato muy desarrollado), lo llevó junto a la ventana del salón. Y una vez allí, se quedó pensativo en mitad del salón y mirando a su alrededor, y luego hizo lo que yo querría que hubiese hecho desde el principio: retiró el butacón de la entrada a la terraza, abrió la puerta – que chirrió como en las películas de miedo – y sacó el poto al exterior. Y como el ser fantasma venía con un don muy perturbador que me hacía reconocer el interés real con el que se hacían las cosas, supe que lo hacía para que esa planta no se marchitara en la oscuridad del piso y no por perderla de vista.

El perro gigante saltó rápidamente también a la terraza, parece que yo no era la única que echaba de menos algo de aire fresco entre esas cuatro paredes. El animal estaba feliz, iba de un lado a otro de la pequeña estancia mirando entre las rejas de la baranda y sosteniéndose sobre sus dos patas traseras para asomarse a ella. Todo un espectáculo. Olisqueó el poto y me miró a los ojos: “Ni se te ocurra hacerle nada a esta planta, chucho”. Sonrió, porque los perros también sonríen, y me ladró contento dejándome medio sorda del oído izquierdo. Luego volvió dentro volviéndose cada dos por tres para comprobar que la puerta al cielo seguía abierta y que todo aquello no había sido solo un espejismo.

Daniel volvió al poco, ya cambiado de ropa y descalzo, una costumbre suya que no me gustaba nada porque mi madre siempre me había hecho ver que ir descalzo conlleva sus peligros aunque sea en tu casa. Llevaba un vaso grande de agua. ¡Iba a regar el poto! No solo estaba interesado en que la planta sobreviviera sino que se preocupaba de ella desde el principio… ¡Y qué buen principio!

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 27 de mayo de 2014

Cineando: El Médico



“El médico”, ese libro que nos entusiasmó a todos los que lo hemos leído. Al menos, hablo de aquellos a los que yo conozco: todos hemos coincidido en que su extensión no ha sido obstáculo alguno para su lectura, llegando al final y echando de menos seguir leyéndolo.

Así que el estreno de la película basada en este libro se convirtió en todo un acontecimiento para nosotros. Bueno, quizá haya exagerado, pero que se ha metido en alguna conversación es cierto. Así que lo que traigo hoy no es una crítica del libro, el cual leí hace años, sino de la película que se estrenó hace poco y comenzaré esa crítica con una frase: cualquier parecido con el libro en el que se basa es pura casualidad.

Tal vez vuelva a exagerar, las líneas maestras del argumento las posee, cómo no, pero hay tantas cosas diferentes, tantas cosas que no contempla, tantas cosas que… ¿Debería tratar este post como el de una película basada en un libro o como de una película sin más? Si lo hago como lo primero, solo diré una cosa: lee el libro, es infinitamente mejor, quedarás mil veces más satisfecho, te proporcionará muchos momentos de buena lectura con todo lo que ello conlleva. Si lo hago como lo segundo, te diré que la película no está mal, pero que a mi parecer, pudiera no tardar mucho en convertirse en carne de película de Antena 3, lo cual es totalmente respetable.

Demasiado larga para mi gusto, no le exigiría jamás que se plegase al texto del que parte literalmente porque tendríamos como resultado una película no de dos horas y media sino de ocho. Unos actores que solventan bien el papel y una ambientación (ojo, no soy una experta, hablo de ambientación cuando me quiero referir a la recreación de la época y a los escenarios), una ambientación, como decía, que me ha gustado, salvan una peli que puede darte una buena sesión de cine de la que no te quedará constancia en la memoria más allá de las 24 horas siguientes. Pero, ¿qué película deja en tu memoria una huella más profunda? Es tan difícil que hoy en día lo haga alguna. A mí, últimamente, solo me la dejan las series y cada vez soy más exigente. Aún siento en mis nervios la tensión de la última temporada de “House of Cards”, de la que prepararé post cuando mi mente encuentre sosiego.

Pero no hablaba de “House of Cards”, sino de “El Médico”: dos horas y media de entretenimiento que puedes acompañar perfectamente de unas palomitas e irte a dormir satisfecho por no haber perdido del todo el tiempo. (No quiero ser cruel, pero la otra noche estuve viendo “3 bodas de más” y sentí que mi vida se había encogido un poquito, pero bueno, eso será otro post el que lo vea, no este).


¡A ver cine!

¡Qué guapo el protagonista! Pero, y gracias a la memoria del señor M., nada que ver con el protagonista del libro.


Este hombre siempre me gusta en todas las pelis.



Léete el libro, recomendado 100% por My Stories Project.


PD: No soy de escribir posdatas en los posts (ni siquiera sé si debería llamar así a esos comentarios finales que se me ocurren sobre la marcha), pero quería comentar que "El Médico" tiene dos secuelas de las que yo no me he leído ninguna aunque recomendadas por el señor M. y mi madre, ahí queda eso.
Son "El Chamán" y "La doctora Cole".

lunes, 26 de mayo de 2014

Relato con Foto: Perdida


Perdida
Algunos dirían que me he perdido, pero yo solo digo una cosa: no me he perdido, sé perfectamente dónde iba porque lo que quería era perderme.

* La fotografía es cortesía de mi querida CrisMandarica, que ve cualquier cosa susceptible de sacarle un relato y me la envía, porque sabe que aquí los lunes una fotografía es igual de importante que las palabras.