viernes, 16 de mayo de 2014

Es viernes, mamá: Los zapatos de papá



Y yo pregunto: ¿qué niño no ha hecho esto alguna vez?
Demasiado estaba tardando el chico en hacerlo,
menos mal que eligió los zapatos del padre.

jueves, 15 de mayo de 2014

Cambios: Post 12

Post 12

Llevaba con Daniel dos meses, dos largos meses, con sus días, sus horas y sus minutos. Y por qué no, con sus segundos. Que yo parecía que desde que era etérea notaba el paso del tiempo hasta en su más mínima expresión. Y estaba empezando a cansarme. Al principio, asomarme a una vida diferente había sido interesante, obviando que a mí nunca me había gustado cotillear, pero a falta de otra actividad, esa era la mejor que se me había presentado. Y la búsqueda de una misión, para qué negarlo, ya estaba empezando a dudar de mi verdadero destino allí, ya estaba pensando que había hecho algo muy malo muy malo en mi vida para que me viera atrapada de aquel modo.

Ocurrió una tarde que volvíamos a casa. Ya me preguntaba dónde me metería cuando el calor que se avecinaba y que de vez en cuando dejaba verse cayera a hierro sobre nosotros. ¿En el bolsillo de la camisa? ¿En el del pantalón? Ninguno sería tan cómodo como el de la chaqueta, pero si no quería convertirme en un fantasma deprimido entre cuatro paredes, tendría que dejarme de remilgos y adaptarme a las nuevas situaciones conforme fueran llegando. Ocurrió una tarde cuando volvíamos a casa, decía, que pasamos por delante de mi floristería. Mi floristería, esa a la que iba yo cada dos semanas a hacerme con una planta que regar, ver crecer y regalar anónimamente a alguien que pasase por la calle. Qué añoranza de estar viva me sobrecogió. Me invadió una nostalgia sobrehumana (yo era sobrehumana) y miré a esa chica que me resultaba tan familiar afanándose en recoger todas las macetas que habían adornado su trozo de calle durante el día con una mezcla de llanto y sonrisa que me hizo saltar de aquel bolsillo y caer sobre un poto. Un poto grande, de un verde intenso, fresco y oloroso. Olía a planta, ese olor a planta que tanto me gustaba.

Y las cosas pasaron sin que me diera apenas cuenta. Como atados por un hilo invisible, en el momento de mi caída (¿o tendría que decir escapada?) del bolsillo, fruto de mi ansia por el recuerdo de lo que había sido mi vida en otros tiempos, Daniel se tropezó hacia atrás delante de la chica que guardaba las macetas. Era un poco ridículo porque, ¿quién se tropieza para atrás? Solo alguien que está unido a un fantasma que huye de su protegido (o protector) y que no sabe por qué ahí, justo en ese lugar de la ciudad, sí se le ha permitido salir del bolsillo de la chaqueta que ha sido su cárcel durante tanto tiempo.



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martes, 13 de mayo de 2014

Martes de recomendación: La importancia de las cosas



El reto de lectura 2014 sigue adelante con resultados más que satisfactorios: los libros no se me quedan abandonados en el mueble, recordándome día tras día que los tengo que leer. Soy yo la que va hacia ellos a devorar sus páginas sin contemplaciones, que vuelvo a ser yo, vamos.

El libro del que os hablo hoy es el quinto leído en lo que va de año, y solo estamos en mayo, me estoy portando. Aunque con libros como este, es fácil llegar a esos resultados. Llegué a “La importancia de las cosas”, de Marta Rivera de la Cruz, porque uno de los títulos de mi reto 2014 que me gustó mucho fue “En tiempos de prodigios”, de la misma autora, y porque indagando por sus novelas publicadas, esta tenía bastantes comentarios positivos. Y no me ha decepcionado. Más bien me ha recordado a la sensación que me dejó el anterior: muy buen sabor de boca y abierta a leer más de esta autora (aunque creo que voy a descansar un poco, que algo en exceso no es bueno y no quiero quemar una autora que me gusta).

Vamos por partes: el argumento es original. Mario hereda un piso que está alquilado y a cuyo inquilino no quiere conocer. Un inquilino que, pasados unos años, se suicida dejando una vivienda repleta de cosas, objetos de lo más variopinto, y de la que el protagonista se tendrá que hacer cargo dando lugar a una situación que lo obligará a investigar al inquilino del que nunca quiso saber nada. Mario se nos presenta como un tipo que hasta para respirar parece que pide permiso, con un carácter que a veces me ha sacado de quicio, un “por no molestar” que me han producido ganas de decirle que espabile de una vez, un apocamiento difícil de entender. Quizá este es el punto más débil, aunque quizá necesario para ver la evolución del personaje, que he encontrado. Porque eso hace que su historia de amor no sea espectacular, que no lo veas como alguien digno de protagonizar tal historia; porque con su descripción, no puedes imaginártelo besando y achuchando. Y, por otro lado, ¿por qué no? ¿Todas las historias de amor tienen que estar protagonizadas por hombres espectaculares? No, el amor está en todo y en todos.

En fin, tras esta diatriba sobre el amor, continúo. La sensación es bastante similar al anterior libro que leí de la autora porque los primeros tres cuartos del libro parecen ser la preparación para el final: no es que no pase nada, pero le cuesta. Es la prosa fácil de leer la que te lleva por todas esas historias complementarias sin que te lleve mucho trabajo ni te entre cansancio, hasta que llegas al último cuarto del libro que te ves obligada a leer de sopetón aún perdiendo horas de sueño porque ahí está todo lo que has estado esperando a lo largo de tantas páginas y no puedes acostarte sin saber ya en lo que termina todo. Porque el destino no es una casualidad, no, todo pasa por algo y la vida de Mario y su inquilino estaba más enlazada de lo que pensábamos en un principio. ¿Rocambolescas las vueltas de la historia? Señores, si no, no tendríamos libro.

lunes, 12 de mayo de 2014

Relato con Foto: Punto muerto 3 - Por CrisMandarica



A pesar de que era un completo desconocido su voz sonaba amigable, pero el hecho de que debajo de la cazadora de pana desgastada estuviese vestido con ropa nueva y perfectamente lavada y planchada la desconcertó. Lo peor era que siempre acababa igual: picada por la curiosidad que en ocasiones era una de las peores víboras con las que un ser humano se puede encontrar. Como aquel día que miró a Marcos fijamente a los ojos y le preguntó: "¿Todavía piensas en ella?" Y su silencio tan demoledor fue la peor de las respuestas, obligándole a terminar con la relación. ¿Por qué tenía que saberlo todo? Porque antes de saberlo ya intuía y la curiosidad le hacía olisquear como un sabueso en busca de su presa. Siempre quería saber más, sin importarle lo que la verdad implicase.

Ella quiso preguntar, pero él no la dejó hablar:

- Antes de que digas nada déjame decirte que no admitiré preguntas. Tú has venido, tú tienes que aceptar mis reglas si quieres continuar. ¿De acuerdo?

Y ella, sin saber lo que esperaba de aquella situación, asintió con la cabeza.

- Bien. Sé que eres una chica lista y que te estarás preguntando por que llevo una cazadora raída encima de esta ropa de marca, o por que tengo el trastero vacío. Lo cierto es que ni yo mismo lo sé muy bien.

Mi padre y mi tío Jorge estuvieron muchos años sin hablarse y nadie en la familia sabe muy bien por que. Pero ese distanciamiento que tenían perduró incluso después de la muerte de mi padre. Al morir mi tío varios años después me sorprendió que me llamaran para la lectura del testamento, un documento en el que había repartido todo de manera igualitaria entre sus tres hijos. Todo salvo un pequeño trastero que no tenía apenas valor y que legó a su único sobrino, junto con una carta.

En esa carta me dijo que en el trastero encontraría aquello tan valioso que nunca había querido poner en manos de mi padre y que constituía el objeto de su disputa, sin embargo estaba vacío. También me contaba que su mano, incluso después de muerto, traería hasta aquí a la persona que habría de ayudarme a custodiarlo, que él había dejado moviéndose los hilos para que todo fuese como tenía que ir. Entiendo que esa persona eres tú, no esperaba encontrarme a una niña de treinta años, ni esperaba que cuando este momento llegase yo ya estuviese rondando los sesenta, pero es lo que hay, tú estás aquí pero yo todavía no sé que es lo que debemos custodiar.

Marta no sabía que pensar pero, incluso antes de conseguir poner en orden todos sus pensamientos, acertó a decir:

* ¿Y quién era tu tío?

- No sé como vas a ayudarme a custodiar algo que se supone valioso si ni siquiera sabes recordar lo que te he dicho hace cinco minutos. Te dejé bien claro que no admitiría preguntas. Espero que tengas el fin de semana libre y que nadie te espere, porque tenemos mucho que hacer.

CrisMandarica

Bueno, bueno, bueno, esto se pone mejor por momentos. Hoy es CrisMandarica quien continúa, de una forma sin igual, el relato que hace un par de semanas comenzó en este mismo blog (aquí) y que continuó magistralmente Kassius 9 (aquí). Y ahora el guante del desafío vuela a la casa de SugusPiña, cómo no, a ver qué giro nos propone para cerrar el relato a cuatro manos que nos hemos marcado como quien no quiere la cosa. Si es que las mejores situaciones son las que no se piensan. ;)