viernes, 9 de mayo de 2014

Es viernes, mamá: Largas tardes de verano

En el sur podemos decir que tenemos solamente dos estaciones: verano e invierno y el paso al verano ha sido tan tajante que en casa nadie se acostumbra, dejando el tema del cambio de horario como un asunto aparte del que podría hablar y hablar sin parar, a favor y en contra.

A lo que iba, una de las situaciones que más me dicen que el verano ha llegado es que no podemos salir a la calle hasta las ocho de la tarde, hora en la que normalmente comenzamos nuestra rutina baño-cena-cama. Así que se nos plantean dos consecuencias lógicas (más otras no tan lógicas):

1. Las rutinas nocturnas se deben aplazar, aunque las rutinas matutinas no se retrasen lo más mínimo (menos horas de sueño, etc.).

2. Hay que llenar muchas horas en la vida del chico para que no se vuelva loco entre las cuatro paredes de nuestro piso (¡lo que daría yo por un patio!).

Y aunque a veces se entretiene solo, a veces la tele tiene una misión tranquilizadora nunca comparable a la del iPad y la merienda es un momento de relax (porque está ocupado, jejeje), el chico requiere mucha atención de nosotros, del señor M. y mía, y nos vemos obligados a jugar al escondite por el piso corriendo como niños, tirarnos al suelo a recrear un taller de coches de clicks o a jugar al Jenga, como en las imágenes que acompañan al post. Para ser la primera vez que jugaba, cogió bastante bien las reglas del juego.

A ver, a ver, por dónde tengo que sacar la pieza...

Jugando al Jenga 1

¡Lo conseguí!

Jugando al Jenga 2


jueves, 8 de mayo de 2014

Cambios: Post 11

Post 11

Clara, resuelta a enderezar su confusa vida de fantasma, se enroló en el bolsillo de la chaqueta de Daniel como si esta fuera un barco con un destino largo e incierto y ella, un polizón. Se decidió que no dejaría a su anfitrión ni a sol ni a sombra. Y así lo hizo.

Desde la abertura de ese bolsillo, pudo observar que las rutinas de Daniel estaban bastante marcadas: después del café en casa y el zumo en el bar de la esquina, se iba directamente a la comisaría y salía solo si era necesario y su trabajo se lo indicaba, lo cual era bastante a menudo. Lo veía vagar de un lado a otro sin mucho humor, sin mucha conversación con la gente que tenía alrededor y con un semblante en el que la risa, la sonrisa o cualquier tipo de gesto amable parecían haber sido desterrados de modo fulminante. Clara también pudo observar que en la mesa de su trabajo, en mitad de un espacio rodeado de más mesas y más policías, unos más simpáticos que otros, reinaba un orden que contrastaba con el caos que dominaba su casa. Allí todo era pulcritud: carpetas de casos bien apiladas en una bandeja de rejilla, tres lápices en un lapicero, un ordenador en el que no había ni una mota de polvo… Una bipolaridad difícil de asimilar y de explicar. ¿Cuál era el verdadero Daniel? ¿El obseso por el orden y la limpieza o el abandonado a la dejadez? Tendría que descubrirlo.

Todavía no sabía cómo iba a poder ella salvar el alma atormentada de aquel policía, pero día a día iba descubriendo, aparte de nuevas cosas sobre su protegido, cosas sobre su nueva situación, que ya no era tan nueva. Había ganado en fortaleza, esa levedad con que se movía por todos sitios al principio había desaparecido. Ahora era capaz de mantenerse en equilibrio y sin pensar mucho en ello en cualquier lugar. Bien es verdad que cualquier intento de salir del bolsillo de la chaqueta de Daniel era respondido con un contundente golpe hacia atrás que se lo prohibía, pero eso no hacía si no confirmarle su objetivo, aún por concretar. También había aprendido a mover cosas, o al menos a hacer físicas sus manos. Coger la lágrima aquel día había sido un comienzo, ahora, si se lo proponía, era capaz de mover monedas, tarjetas, botones, pequeños objetos que esperaba que fueran en aumento con el paso de los días. Clara tenía todo el tiempo del mundo para progresar.

Y mientras eso ocurría, absorbía todo lo posible de la vida de Daniel: gustos, costumbres, familia, amigos, lecturas. En su habitación había descubierto una gran biblioteca, bueno, no como tal, sino en forma de montañas de libros que no caían gracias a estar apoyadas sobre la pared. Daba la sensación de que esos libros habían habitado una estantería en tiempos mejores y que ahora estaban allí, castigados tras una ruptura. De Mara, probablemente. Por fin conoció a su madre una noche que la mujer se cansó de no ver respondidas sus llamadas y los sorprendió a ambos sentados en el sofá viendo una de esas películas antiguas que tanto le gustaban a Daniel y que ella había empezado a cogerles gusto. Y también había tenido oportunidad de coincidir con un amigo, pensaba que el único que podía llamarse así en la vida de Daniel, una tarde que quedó excepcionalmente para tomar un café en una cafetería del centro. Este chico era alto, guapo y educado. Hablaron sosegadamente y se despidieron con la promesa de una próxima quedada que había quedado en eso, en promesa porque no se habían vuelto a ver en más del mes y medio que había pasado desde entonces.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 6 de mayo de 2014

Cineando: La vida secreta de Walter Mitty



De menos a más. Esa, podría decir, es la frase que a mi juicio define esta película.

Promocionada como una gran película, la verdad es que al principio es complicado vencer la barrera de la media hora: es lenta, no le encuentras mucho sentido a las idas y venidas mentales del protagonista y no terminas tampoco, entonces, de meterte en la historia. Se supone que es el gran papel “serio” del protagonista de comedias Ben Stiller.

Walter Mitty es un hombre gris, pero gris en el sentido de que no es un hombre con grandes cosas que ofrecer por el simple hecho de que él piensa que no tiene nada que ofrecer; nunca ha ido a ningún sitio, entiendes – al menos yo entendí – que por no molestar no dice nada de lo que piensa (aunque en su imaginación se convierta en un superhéroe capaz de luchar contra todos) y va por la vida como de puntillas. (Inciso: muy parecido al protagonista del libro que acabo de terminar “La importancia de las cosas”). Esta aparente sosedad exterior contrasta con un gran mundo interior en el que Walter se desenvuelve cual héroe, cual hombre de acción capaz de hacer de todo y seducir incluso a mujeres. Y a este hombre que parece que no hace nada, la vida lo pondrá en un brete cuando lo haga responsable de, nada más y nada menos, la última portada de la revista Life.

No quiero desvelar argumentos ni giros de historia, pero os comento que comenzará unos viajes extraordinarios que lo obligarán a realizar actividades que no son propias de un personaje como Walter.  Hasta el final te estarás preguntando si esos viajes son también producto de su imaginación o están pasando de verdad. Mientras esto se desvela – y yo no voy a hacerlo –, disfrutarás de las imágenes (preciosas), pensarás que todo se puede si uno se empeña y que las buenas intenciones son un motor muy poderoso para arrancarte de una vida rutinaria y cómoda sin expectativas. Como digo, hasta el final, o antes, no sabrás si el viaje es verdad, pero durante el transcurso del mismo discutirás con tu compañero de cine si eso es normal, si es creíble que un tipo que nunca es capaz de nada de repente se embarque en viajes y acciones tan chocantes… Bueno, todo es posible y así es el cine, si no, no habría película, ¿no?


¿La recomiendo? Sí, ¿por qué no? Aunque no esperéis una obra maestra, una película que os quite el sueño y se quede en vuestra memoria durante días. 

Ben Stiller, que no termino yo de verlo en otro sitio que no sean comedias...


El pequeño papel de Sean Penn que es el desencadenante de todo.
Y qué mal envejece este hombre y lo mucho que me gusta trabajando.


Este es el mensaje que me quedó a mí, sí, sí.

lunes, 5 de mayo de 2014

Relato con Foto: Punto muerto 2 - Por Kassius 9





Y se miró a sí misma a través del retrovisor. Aquella cara maquiavélica con esa risa frenética se oscureció cuando apagó el motor del coche y con él, los faros que alumbraban la puerta del trastero. La misma pregunta sonó de nuevo en su cabeza: ¿Qué habría ahí dentro? En más de una ocasión, desde la ventana de su despacho había oído esa puerta abrirse y cerrarse pero nunca le daba tiempo para asomarse y descubrir quién. 

La mañana del viernes tomó una decisión: al finalizar la jornada se escondería en su coche y le esperaría hasta dar con él o ella. Por fortuna no tuvo que esperar mucho ya que a los diez minutos apareció un tipo con una chaqueta de pana raída. En cuanto terminó de fumar su cigarrillo, sacó una llave y con ella abrió la puerta adentrándose en su interior.

La muchacha que observaba sin pestañear, puso en marcha el coche y avanzó esos cien metros que le separaban de su ansiada curiosidad. Se miró satisfecha en el retrovisor y cerró el contacto de su vehículo. Le invadía la emoción mientras avanzaba cautelosa hacia el trastero. Una vez que llegó al lugar, vio el interior vacío, sin muebles, ni cajas ni estanterías. Nada salvo ese hombre de espaldas a ella en una esquina, como si la vida le hubiera castigado por algo.

Ella, más extrañada por aquel tipo que por el trastero, se detuvo un instante para pensar en lo que debería hacer. Quizás fuera peligroso o tal vez no. En todo caso debía ser prudente. Tragó saliva justo cuando ese hombre rompió el silencio con una voz grave, desgastada. ¨Por fin nos encontramos¨ dijo sin darse la vuelta. ¨Bienvenida al primer día de tu futuro¨.

Kassius

Esta es la segunda parte de un relato publicado el lunes pasado. Para leerlo, pincha aquí.

Cuando comencé el blog, no se me había pasado por la cabeza pertenecer a una comunidad bloguera como de la que me siento miembro hoy en día, he encontrado a gente con intereses comunes, que nos divertimos asaltando las casas virtuales de unos y otros y, lo mejor, que vemos en esto de escribir relatos e imaginar historias una importante parte de nuestra vida, trascienda al ámbito laboral o no (como es mi caso, que no trasciende). Ya había invitado a mi amiga 1.0 y 2.0 a escribir un relato proponiéndole una foto y Vanesa de Mis Labores y Punto dejó el listón altísimo, siendo una experiencia muy chula. Luego, una amiga me dejó una foto; después fue mi hermana y más tarde varios de esos blogueros con los que comparto tanto. Y hoy, hoy es un gran día, ¡un gran lunes! Kassius, de Kassius9, se ha prestado a continuar un minirrelato que el lunes pasado yo escribía a partir de una foto propuesta por CrisMandarica, a la que encontráis aquí y aquí. ¿Y qué pasa ahora? Que Kassius y yo le proponemos a CrisMandarica que continúe y no rompa la cadena. Y que, por ejemplo, más tarde, no se me escaquee Sugus que todavía también la metemos en el ajo, que tiene experiencia en esto de escribir, que lo he visto en The Last Bee.

Así que, ¿qué nos dices, CrisMandarica? ¿Te atreves? :)