viernes, 25 de abril de 2014

Es viernes, mamá: Clicks


Viendo clicks
Salir con el chico a alguna actividad infantil aún es algo incierto: es lo suficientemente pequeño como para que su atención no se concentre en algo todo el tiempo necesario y es lo suficientemente mayor como para intentarlo. Y así hicimos justo antes de la Semana Santa con una exposición de Playmobil que de forma benéfica comenzó a primeros de mes en nuestro pueblo.

Tengo que reconocer que fue a los adultos a quienes nos hizo más ilusión ir, él veía barcos (piratas por supuesto) y nosotros veíamos detalles y más detalles que nos fascinaban. De todas formas, el señor M. está inculcándole su amor por los clicks y ya le ha cedido amablemente su barco de Playmobil (con más de 30 años de historia) y su tío Joaquín ha hecho lo propio con un coche de Policía. 

Ahora se lleva los clicks a la bañera y los pone a nadar y a bucear, dice que yo soy una de ellas y el padre otro, y nos hunde sin piedad en el agua.

PD: Por cierto, el chico está con los niños de mi buena amiga Vanesa, @Vanvaltri en el mundo digital y Mis Labores y Punto, su casa en Internet.

jueves, 24 de abril de 2014

Cambios: Post 9

Post 9

Clara se vio inmersa en un mundo tan real como el que acaba de dejar: los recuerdos de Daniel tomaron forma de un modo vertiginoso, a una velocidad que la mareó y se vio dentro de un coche con Daniel, una chica, un señor mayor y un niño. Por las ventanillas se veían pasar árboles a uno y otro lado y era de noche, una luna blanca y enorme lo culminaba todo vigilando desde lo alto del cielo oscuro. El niño y el anciano reían y charlaban animosamente, se hacían bromas y se buscaban mutuamente; el ambiente de los asientos traseros contrastaba con el silencio tenso que se vivía delante. Daniel conducía con un rictus serio y fijaba su mirada al frente de forma obstinada y la chica miraba por la ventanilla desganada.

- ¿Te parece si cuando lleguemos a la ciudad, nos pasamos por el supermercado? No tenemos nada en la nevera, compraremos unas pizzas para cenar. – La chica se rehízo en el asiento mientras decía esto sin mirar a Daniel.
- ¡Pizza, pizza! – Atrás, el chico saltaba y daba palmas.
- Raúl, no grites. – La chica miró hacia atrás y Clara pudo verle los ojos, había llorado, podría jurar que había estado llorando hasta pocos instantes antes de darse la vuelta.
- Sí, sin problema. – Fue la primera vez que Daniel cambió su gesto en todo el tiempo que llevaba Clara en el coche – ¿Usted quiere que lo llevemos también a algún sitio, Joaquín?
- No, hijo, yo, con que me dejes en mi casa, tengo suficiente.
- Bien, pues dejamos primero a tu padre y luego nos pasamos por el súper.

Y esa fue la última frase que se dijo en el coche. Inmediatamente después una luz imponente lo saturó todo, una fuerza como de otro mundo despidió el coche hacia arriba y todo dio vueltas. Cuando Clara abrió los ojos, Daniel la estaba mirando fijamente desde el sofá, aunque ella ya sabía que no la veía. Él se levantó lentamente, arrastraba levemente una pierna, como si aquello fuera un mal recuerdo de lo que pasó aquella noche. Fue a la cocina y Clara escuchó trasteo de vajilla y cubiertos. Ella no pudo seguirlo. Aunque no había visto lo que había resultado de aquel accidente, sabía que no había sido nada bueno, más bien había sido algo muy malo. En su mente aún retumbaban las risas del niño y del anciano y una nube muy negra que parecía ocupar su cabeza le decía que precisamente eran esas risas las que se habían callado para siempre.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 22 de abril de 2014

Cineando: Malavita



Como me gusta empezar con frases rotundas, ahí va la que describe mi percepción de esta película: la brevedad es su mayor virtud. Y no, no es que sea tan mala que menos mal que dura poco para despacharla rápido, os cuento.

Esta cinta (que hay que utilizar vocabulario profesional) vino a nosotros no sé cómo, en una de esas inmersiones del señor M. por títulos y títulos de películas que no sé a cuento de qué acaban en nuestra pantalla de 32 pulgadas y, como quien no quiere la cosa, se convierten en objeto de nuestro “Sábado de cine”. Y con esta peli se hizo realidad aquello de que cuando menos te lo esperas, salen las cosas bien. ¿Por qué cuando menos me lo esperaba? Porque jamás había escuchado hablar de ella y solo con el comienzo ya estaba felicitando a mi partener en el sofá.

Robert de Niro y Michelle Pfeiffer son la pareja protagonista de una historia rocambolesca que se irá descubriendo a medida que avanza la película y en la que irá cuadrando todo lo que estás viendo. Pero hasta que eso pasa, ¡qué comienzo! Buenísimo. Una familia con dos hijos que parece que se mudan por enésima vez y cuyas relaciones sociales no son un modelo a seguir. Por un lado la buena cara hacia la galería y, por otro, una violencia intrínseca a su forma de actuar y una naturalidad para usarla en la resolución del más mínimo de sus contratiempos que deja boquiabiertos a los que estamos ante la pantalla.

¿Qué ocurre entonces? Pues que empieza muy bien, pero al poco comienza a desinflarse: esa fue la sensación general y común del señor M. y mía: la historia se dispersa, los giros ya no son tan inesperados y decae. Sin embargo, antes de que el globo se convierta en un churro, la película acaba y te deja con buena sensación y con tiempo de poner un capítulo de lo que sea porque aún es temprano.

Conclusión: recomendada, pasarás un buen rato.

Para mí Michelle Pfeiffer está de diez en esta película.



El hijo, me encantó el papel.


La hija, rubia pero nada dulce.


Robert de Niro, pues eso, chitón.

lunes, 21 de abril de 2014

Relato con Foto: Coma


Coma

"El velo entre sueño y realidad por fin se desprendió y yo pude flotar en el fondo del mar, entre animales acuáticos extraordinarios y aspirando todo el oxígeno que mis pulmones eran capaces de extraer del agua y de la sal."

- Abandonado, se ha abandonado. Así es difícil que salga del coma. - Y ante estas palabras del médico, el chico la miró sonriendo porque sabía que por fin estaba donde quería estar.

Y recogiendo el guante del desafío, y siguiendo con mi racha de fantásticas colaboraciones, le agradezco enormemente a Kassius la fotografía con la que me proponía un minirrelato para mis lunes de Relatos como Tapas. Si no lo conocéis su blog, no sabéis lo que os perdéis: grandes relatos, el kassionario, entrar en su blog es un no parar. Yo me alegro mucho de habérmelo encontrado por la red, con lo difícil que es coincidir en este mundo virtual tan enorme.