viernes, 11 de abril de 2014

Es viernes, mamá: Decathlon, parque de atracciones


El chico en Decathlon
Pelotas, bicicletas, raquetas, patines (a los que no dejo que se acerque aún), tiendas de campaña montadas… Decathlon está lleno de todas esas cosas y más. Y lo mejor, al alcance de la mano del chico y sin ningún tipo de prohibiciones al respecto. A veces pasear por los pasillos de este centro comercial deportivo es casi como ir por el parque: niños montando en bici y jugando al balón por doquier. Y yo, yo más callada que en misa que el mío está haciendo lo mismo y me está dejando verlo todo con una tensión más o menos llevadera, al menos, la suficiente como para poder prestar atención a las mallas y los botines entre vistazo y vistazo a sus fechorías.

Decathlon es un gran centro de ocio, eso es lo que es, y tengo que reconocer que se lo han montado de fábula. Gracias, Decathlon. (Y no, no es un post patrocinado, es que la otra tarde pude hacer compras, las que yo había ido a hacer ni más ni menos, yéndome a casa con todo lo necesario, ni más ni menos, que eso no se puede decir todos los días. Y mientras, el chico probando bicicletas que aún no sabe echar a andar – los pedales los mueve al revés – y poniéndose cascos para hacerlo, que él es muy prudente).

jueves, 10 de abril de 2014

Cambios: Post 8

Post 8.

Pulular por una vida que no era la mía no me hacía ninguna gracia. Nunca había desarrollado ese morbo por saber de los demás que es tan intrínseco a la naturaleza humana. Y ahora allí estaba, sin otra cosa que hacer que husmear en la vida del inspector Arance, de Daniel.

Daniel hubiera sido mi tipo ideal, pensé, hubiera sido genial habérmelo encontrado un poquitín antes. Y las cosas podían dar muchos giros, pero la vuelta a la vida era algo que no entraba entre mis planes. Prefería seguir muerta con todo lo que ello conllevaba que salir en los periódicos por protagonizar un milagro en el anatómico forense. Y así me encontraba, en compañía de un perro enorme que me olisqueaba a cada paso que daba y perdida, muy perdida.

Por lo poco que había podido ver, Daniel era una persona solitaria, cerrada, triste por alguna razón que desconocía y que tenía una madre preocupada y que él ignoraba una y otra vez a base de no devolverle las llamadas. De esa mujer solo conocía su voz que había escuchado en el contestador más de diez veces en el par de días que llevaba instalada en mi nueva casa.

“Daniel, cariño, llámame de vez en cuando que te echo de menos. Tu hermana ha venido a comer hoy con los niños, están grandísimos. No hacían más que preguntar por su tío el policía. ¡Si los hubieras visto!”. O “Daniel, soy mamá, otro domingo más sin verte. Sé que tienes mucho trabajo, el caso de la chica esta lo llevas tú, ¿verdad? De todas formas, acércate por casa, tengo unas cosas para ti, te las trajo Mara. Un beso.” Y todos los mensajes iban en esa línea, siempre le conminaba a ir a casa por algo: para ver a su hermana, a sus sobrinos, a recoger cosas… Y el resultado siempre era también el mismo: Daniel podía vivir sin ver a nadie y sin esas cosas tan importantes que le había traído esa tal Mara. Solo me di cuenta de que Daniel tenía sangre en las venas y que de verdad había algún sentimiento recorriendo parte de su cuerpo cuando esa noche, tras escuchar ese último mensaje, tras escuchar el nombre de Mara, se puso tenso y una lágrima saltó sin que él pudiese hacer nada por evitarlo de su ojo izquierdo. Del derecho no sé si llegó a salir algo porque solo controlaba ese perfil de él. Tan pronto se repuso, se sentó en su sofá raído y se echó atrás, mirando el techo hasta que cerró los ojos. Y entonces descubrí algo que no sabía que podía hacer: podía saber qué pensaba la gente, como en una película los pensamientos de Daniel aparecieron delante de mí como si estuviese viendo una película en 3D. Y fue brutal.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 8 de abril de 2014

Serieando: The Walking Dead



Hoy iba a publicar un post sobre la película “Malavita”, que vimos en uno de nuestros “Sábados de cine” y que fue un hallazgo: corta, intensa y suficiente. Pero visto lo visto, no puedo dejar de hablar de “The walking dead” y aviso: NO HAY SPOILER.

No sé en qué momento el señor M. y yo nos hicimos adictos a esta serie, pero ahora somos fanes absolutos y no puedo evitar tener todos los capítulos de la temporada para comenzar a verla, porque si no, no vale, no puedo, debo (DEBO) tener todos los capítulos por si me entra la prisa poder hacer sesión doble o triple. Aunque bueno, para qué engañarnos, eso ya me pasa con prácticamente todas las series que sigo. Y así las cosas, soy carne de spoiler, más bien, carne de víctima de spoiler y voy con una venda en los ojos para no leer nada contraproducente. Ya me ha pasado de todo, como podréis imaginar. De todas formas, creo que fui de las pocas personas que pudo mantenerse en la ignorancia tras el capítulo “Bodas roja” de “Juego de Tronos” hasta que lo vi semanas después.

Pero hablaba de “The walking dead”, una serie que pertenece a ese género que yo llamo “de las que no sienten aprecio por sus personajes”, que te pueden dejar sin un protagonista o un personaje que tú crees importante a las primeras de cambio. La pasada temporada su inmovilismo me pudo, a pesar de que yo soy mucho de todo producto apocalíptico que obligue a personas de a pie como yo a buscarse la vida como antiguamente: cazar, cultivar, etc., en esta ocasión que no pasara nada me tenía de los nervios. Mucha expedición para buscar provisiones, algún susto con los zombis, el gobernador (vale, esa fue la acción) y mucha charla, mucho discurso, demasiado. Tanto es así que comencé a ver esta temporada un poco desilusionada, pero toda la acción que se ahorraron en la temporada anterior la suplen con creces en esta y es BRUTAL. Y en esa moda de ahora de darle vacaciones a las temporadas, la segunda parte, MÁS BRUTAL AÚN. Por fin he visto algo más: el cambio en las actitudes, la evolución de los personajes, cosas (COSAS) que pasan… En fin, no digo más y lo digo todo.

Recomiendo “The walking dead” porque cuando terminé el último capítulo el domingo por la noche, levanté mis brazos al techo y grité (moderadamente, que el chico dormía en su habitación): ¿por qué he de esperar hasta octubre? 






lunes, 7 de abril de 2014

Relato con Foto: La cagada de pájaro

La cagada de pájaro
Desde que me levanté hace unos escasos cuarenta y cinco minutos no me han ocurrido más que cosas, si no desgraciadas, sí desafortunadas. Y no me he levantado con el pie izquierdo, que siempre tengo cuidado de no hacerlo.

A saber: el reloj no ha sonado, me he levantado tarde, el agua caliente se ha terminado a mitad de la ducha; una vez vestida, me he manchado la blusa de leche y la tostada se me ha quemado porque he tardado demasiado tiempo en cambiarme. Me ha llegado un mensaje al móvil (¡un mensaje! ¿En qué estamos, en el Pleistoceno?), era de mi compañera de trabajo, que hoy no viene porque se ha levantado con jaqueca (jaqueca me va a entrar a mí). El día mejoraba por momentos: hoy tenía que superar una inspección laboral, llegaba tarde a la oficina y mi compañera no venía.

He cerrado la puerta de casa con el firme convencimiento de que algo se me olvidaba, pero ya no podía hacer nada y he volado al coche. Un coche que me ha dado los buenos días con este regalo del cielo: una cagada de pájaro digna de la mayor ave del universo. Y una vez sentada delante del volante, habiendo visto este regalo de cerca y de lejos y reflexionando sobre todo lo que me ha ocurrido en el día para lo poco que llevamos de él, el barrendero ha decidido que hoy era la mañana perfecta para interactuar conmigo.

Difícil está que la cosa se enderece, pero como yo soy de natural positivo, creo que todo esto junto es una señal de que hoy va a ser el mejor día de mi vida. 

* Comienza una temporada de colaboraciones. En esta ocasión es Suguspiña quien cede generosamente una fotografía que no es otra que la resolución del último Adivinamos? de la primera tanda que podéis ver pinchando aquí. Repito que es un honor tener a tanta gente alrededor que te pone las cosas fáciles y no tan fáciles, porque imaginar un relato por pequeño que sea inspirado en una cagada de pájaro no es tan fácil. ¡Gracias, Sugus! La semana que viene, más colaboraciones: Kassius, atacaré tu foto ;)