viernes, 28 de marzo de 2014

Es viernes, mamá: Popurrí

Hoy podría hablar de que hace una semana que no dormimos siesta porque el chico ha decidido que sea así y no hay más que hablar, pero por otro lado llevamos ya cuatro noches que se duerme solo en su cama (con mil llamadas de por medio). Podría hablar sobre que llevo un par de días sin gritar a lo loco o de que me como al chico a besos por las esquinas. También podría echar unas palabras sobre la tarde de parque maravillosa del sábado pasado (y leéis bien, de parque) porque había un barco que hizo las delicias de las piraterías del chico; o sobre cómo explica que el portero ha metido un gol (¡chuta!).

En cambio, os dejo con este popurrí de fotos porque a veces no hay ganas de leer, solo de mirar e imaginar.

En el barco.
En el Alcázar.

Manos.

Otro día de parque con el abuelo.

Jugando a los Lego.

Soy flamenco, mamá.

jueves, 27 de marzo de 2014

Cambios: Post 6

Post 6.

Hasta ese momento había vagado por casa, del dormitorio a la sala y vuelta (no había más habitaciones en ese apartamento que bien podría parecer un cuchitril), sin pensar siquiera que alguien pudiera oírme. Pero cuando el inspector Arance, moría por saber su nombre, refirió ese “estropeado” a mí se me cayeron los palos del sombrajo.

El episodio de la cortina me dio aún más seguridad de que yo tenía más poder del que creía y decidí coger el toro por los cuernos. ¿Cómo era eso de que yo no iba a poder salir de ese sitio que me había traído tan mala suerte? Seguí al inspector que ahora se encontraba solo curioseando por mis cosas a cada paso que daba e intenté llamar su atención de mil maneras diferentes, entre ellas, posarme delante de él y mirarlo fijamente, tan fijamente que descubrí que a los fantasmas también nos puede doler la cabeza si hacemos el tonto. Además puedo afirmar que la sensación de que te atraviesen no es nada agradable, muy al contrario, es como si todo tú – todo yo – se expandiera, se separara y se volviera a juntar una vez eres atravesado. Lo hice un par de veces y a la tercera me aparté antes de que me traspasara de nuevo. Pero estaba convencida: el inspector Arance me había escuchado, aunque no de la forma habitual, no con los oídos. ¿Cómo si no había reproducido lo mismo que yo le había dicho segundos antes?

Yo he visto “Ghost”, cómo no, y aunque no la hubiese visto, sé que hay gente que tiene ese poder, esa capacidad de comunicarse con ese otro mundo, ese otro mundo en el que ahora me encuentro yo. Ni he sido espiritual ni he ido con lazos de colores en la cabeza, tampoco he sido de las personas que tienen experiencias extremas, pero creía en esa existencia paralela por el simple hecho de que me resultaba inconcebible que la vida se acabara y ya está. Ahora lo estaba comprobando en mis propias carnes (una forma de hablar más, claro) y tenía que encontrarle sentido a lo que había pasado porque esa existencia paralela no se podía limitar a dejarme pulular por la que fue mi casa en los últimos tiempos, si acaso, me debería dejar recalar en el que fue mi hogar durante más años, la casa de mis padres, el lugar al que seguía considerando eso, hogar. Sin embargo, no me habían dejado volver allí en el bolso de mi madre, hecho de una crueldad infinita para alguien confuso y triste que busca arreglar un desaguisado de tal magnitud.

Pues algo tenía que pasar, algún propósito tenía que tener mi presencia espiritual por estos lares porque si no, no le veía la razón de mi existencia (fantasmal, claro). Igual que hice con el bolso de mi madre, hice con el bolsillo de la chaqueta del inspector Arance: me metí de cabeza como si no hubiera un mañana y empujé con todas mis fuerzas hacia dentro preparándome para vencer el tornado que creía me absorbería en cuanto él cruzase la puerta de casa.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 25 de marzo de 2014

Cineando: El mayordomo



Antes de que el disco duro multimedia, tesoro donde tenemos series y películas a tutiplén, se pusiera malito y entrara en la UCI (a saber, en una tienda de informática de la que parece que le está costando salir), nos regaló una peli que nos gustó mucho al señor M. y a mí: “El mayordomo”. La comenzamos a ver un viernes noche, pero no contamos con el cansancio y la dejamos aparcada para el día siguiente, para la esperada noche de “Sábado de Cine” que últimamente celebramos en casa cada semana.

El comienzo es brutal, con eso lo digo todo y el cuerpo ya se te queda cortado para el resto de la película. A mí la sopa que me estaba tomando cuando comenzamos a ver la peli se me fue por el otro lado. Pero es un comienzo necesario para contar la vida de Cecil Gaines, un hombre negro mayordomo de la Casa Blanca durante tantos años que vive con varios y muy diferentes presidentes norteamericanos. ¿Que la película cuenta la vida de Cecil Gaines? Sí, pero yo creo que esta película aprovecha esta eventualidad (está basada en un hecho real) para contar de otra forma la historia de la lucha por los derechos de las personas negras en Norteamérica. A la sazón, el hijo mayor de Cecil se convertirá en un apasionado activista que luchará sufriendo en sus propias carnes el racismo exacerbado que vivió EE.UU.  Se contrapondrá la visión luchadora del hijo con la visión conformista de un padre que ha crecido en un ambiente que hace agradecer de mil maneras la vida que lleva ahora: sin entrar en si está de acuerdo o no con las discriminaciones, lo único que le interesa es que su familia esté a salvo. Lo que va pasando a lo largo de la película y las sensaciones que va dejando en el espectador con respecto a su verdaderos pensamientos lo dejo en el aire, para no desvelaros nada.

El actor que protagoniza la cinta no me ha entusiasmado nunca, la verdad, pero aquí me parece que hace una papel de primera. Y luego, el reparto está salpicado de figuras muy reconocidas en otros ámbitos que te dan un no sé qué que qué sé yo que gusta: Oprah Winfrey está genial como esposa de Cecil y Lenny Kravitz tampoco lo hace mal; hasta Mariah Carey me gusta.


El final es especialmente emocionante porque en la cabeza se te agolpan muchas sensaciones: cómo un hombre negro que ha sufrido el racismo en primera persona puede sentirse cuando un hombre negro llega a la Casa Blanca. Lo dicho, para reflexionar.

Comienza...


Kennedy llega a la Casa Blanca...


Todos los presidentes...


Y Oprah...

lunes, 24 de marzo de 2014

Relato con Foto: El reloj


El reloj

Recibió el paquete sorprendido. No había hecho ninguna compra, nadie le había comunicado ningún envío, no esperaba nada. En definitiva, ¿se había equivocado el mensajero? No, el nombre y la dirección de la etiqueta eran los suyos.

Tras un gracias contrariado, cerró la puerta de casa y se apresuró a abrir el paquete. La curiosidad lo tenía en un sinvivir. Y allí, dentro de una caja, apareció un reloj. Un reloj sin pilas, como pudo comprobar porque sus agujas no se movían y marcaban una hora de la que no sabía su significado. Con el corazón encogido, buscó alguna señal que le indicara algo del remitente de aquel envío. Mas como no encontró nada, se quedó sentado en una de las sillas del salón esperando en impaciente calma la hora paralizada de aquel reloj.