viernes, 14 de marzo de 2014

Es viernes, mamá: La caja de herramientas

Mamá, cuando vuelva, tenme la cena preparada,
que hoy va a ser un día duro de trabajo.

El chico nos sorprende cada día con algo nuevo: nuevas palabras, nuevas actitudes, nuevas muestras de carácter, nuevas predilecciones... es una cajita de sorpresa, unas veces más agradables que otras pero siempre sorpresivas, valga la redundancia.

Y últimamente entre sus juguetes preferidos está la caja de herramientas, que además tiene un significado emocional bastante intenso. Esa cajita se la compró su abuelo a su padre cuando el señor M. se hizo con su primer coche, allá por los años... ejem... Y se la llenó de las herramientas más básicas que podría necesitar. Mi suegro era así, detallista y siempre previsor, disfrutando de preparar cosas para sus hijos y velar por todo lo que a ellos concernía. Y ahora, esa cajita ha pasado a manos del chico, claro que no con las herramientas que en su momento guardaba, sino con una suerte de herramientas de plástico con las que el otro día arregló varias cosillas en casa de su abuela Joaquina. Aquí lo tenéis, saliendo de casa, cual obrero que se dirige a la faena, con su caja de herramientas en una mano y su libro de Pocoyó en la otra.


jueves, 13 de marzo de 2014

Cambios: Post 4

Post 4.

¿Os habéis imaginado alguna vez cómo puedes sentirte si eres absorbido por una aspiradora? Así me sentí yo: absorbida sin compasión, en una espiral de aire y tiempo que me dejó pegada a la puerta de casa.

Observé cómo mis padres bajaban por las escaleras en busca de su tila. Acompañados de mi tía, que sujetaba fuertemente a mi madre por el brazo derecho (habría que recordarle que ese es el brazo chungo de mamá). Bajaban las escaleras bajo la atenta mirada de los pocos vecinos que se resistían a abandonar el patio de luces. Había disminuido el número, pero en las caras de los que quedaban se podía percibir el morbo del que está a punto de ver un cadáver por primera vez. Mi cadáver. Carroñeros de mierda. (Yo misma me pegué un bofetón en la boca, como hubiera hecho mi madre, pero más flojo, que la echaba de menos pero no como para infligirme dolor innecesariamente).

Se ve, a todas luces, que yo no podía abandonar el escenario del crimen. De eso había película, estoy segura de haberla visto. Pero un momento: ¿no podría salir ya nunca de allí? ¿Tendría que soportar a los nuevos inquilinos que le alquilasen el piso al abusón de mi primo? ¿Quién querría alquilar un piso en el que había muerto una persona? En fin, sin querer meterme en dilemas morales de las futuras personas que viviesen allí, decidí que tenía que hacer algo y rápido. Y ya que meterme en el bolso de mi madre y huir de allí (puestos a disponer de todo el tiempo del mundo, qué menos que poder escoger con quién pasarlo) no había dado resultado, lo mejor sería buscar señales a mi alrededor.

Allí estaba mi hermano. Seguía hablando por teléfono, pero en esta ocasión en voz baja. ¿Quién sería? Yo lo sabía, ¿a que era su novia? Esa novia que siempre me negó que tenía. “No, cari, no puedo ir ahora, ha ocurrido… algo”. ¿Algo? ¿Solo ha ocurrido algo? ¿Qué tipo de relación es esa en la que no puedes decir que tu hermana ha muerto? “No puedo hablar de eso ahora… No, no me encuentro muy bien, te veo esta tarde, ¿vale?”. Pobrecito, me dio pena eso de “no me encuentro muy bien”. Y ahora se pone a llorar, en fin.

En la habitación estaba la Policía. Por lo visto llegarían en ese breve instante de libertad que tuve metida en el bolso de mi madre. Un chico alto, con cara de no haber roto nunca un plato, se paseaba por mi habitación con las manos en los bolsillos. Yo seguía bajo una sábana, menos mal, porque ahora me doy cuenta de que aquello que me dijo mi madre se cumplía: “No duermas en bragas, niña, que no sabes qué puede pasar”, una variante de: “Lleva siempre ropa interior limpia”.

- Entonces, el gas estaba puesto cuando usted llegó. – Le hablaba al bombero buenorro que entró primero en mi habitación y que me vio en bolas nada más llegar. De él, no me importó.
- Sí. Lo hemos apagado, pero había un fuerte olor por toda la casa, pensamos que esa es la causa principal del suceso.
- Eso es lo que usted piensa, ahora vendrán los peritos a atestiguarlo.
- Por supuesto.
- ¿Notó algo raro?
- ¿Algo raro? Bueno, no sé, quizá la postura, es lo que más nos ha desorientado.
- Por Dios, ¿no ve que solo intentaba ver las estrellas por la noche?

Me enamoré ipso facto.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

martes, 11 de marzo de 2014

Martes de premio... Again!

La semana pasada publicaba la nominación a los famosos premios blogueros Liebster gracias a mi siempre amiga en todos los ámbitos Vanesa (@Vanvaltri para los que estáis por Twitter y la chica de Mis Labores y Punto para los que os gusta bloguear y el DIY). Pero no suficiente con eso, no, Merak Luna estrenó blog (Ciclogénesis Implosiva) a principios de mes y casi al instante estrenó premio... y me cedió una de sus nominaciones. Y yo, de nuevo, más feliz que una perdiz. Es genial que se acuerden de ti de esta forma, la verdad, y aumenta mi sensación de pertenencia a una comunidad bloguera que hasta ahora solo me da satisfacciones.


Es el Premio al Mejor Blog Amigo, cuya esencia es describir qué es para la persona que lo recibe la amistad. Lo cual, a priori y a posteriori, ¡no es nada fácil! Porque la amistad es algo tan subjetivo que ponerle palabras me resulta si no imposible, muy muy complicado. Pero voy a intentarlo pensando en los momentos en que estoy con amigas... 

Amistad es no hablar con alguien durante días, semanas... Y un día coger el teléfono y tirarte una hora charloteando y poniéndote al día.

Amistad es estar ahí, como una sombra, en los buenos momentos para sonreír y en los malos, para ser el hombro sobre el que echar una siesta de descanso.

Amistad es compartir: risas, llantos, buenas noticias y malas...

Amistad es que te ocurra algo y que pienses en esa persona inmediatamente porque necesites contárselo. 

Amistad es no tener silencios incómodos, no hay incomodidad. Y el silencio en compañía de una amiga es un lujo.

Amistad es: "Tía, que me paso a por ti para tomar un café".

Amistad es decir "tenemos que quedar más, tenemos que quedar más" cada vez que os veis de higos a brevas, no cumplirlo y luego, cuando os volvéis a ver, parecer como si os vierais cada tarde y estar todo el día anterior a la quedada con una sonrisa de oreja a oreja.

En fin, amistad es eso y mucho más, pero ya digo que tener las palabras adecuadas es complicado.

Pasar el testigo es difícil, así que me gustaría que lo recogiera quien quisiera y que hiciera una entrada sobre la amistad, que de verdad es un verdadero ejercicio de buen rollo.

lunes, 10 de marzo de 2014

Relato con Foto: La herencia



Nunca había creído que aquel caserón a cinco kilómetros del pueblo era propiedad de su familia. Es más, cuando creció y vio que su estado se ajaba por momentos, criticó mentalmente a sus dueños por no mantener una construcción tan bonita. Y ahora allí estaba, ante la puerta doble del caserón con sus antiguas llaves en la mano lista para conocer la que había sido su herencia, después de que el abuelo dividiera su patrimonio de una forma tan arbitraria que también había provocado heredar rencillas difíciles de solucionar.

Aunque tenía en mente una venta rápida, sin dolor emocional de por medio, quería inspeccionar su recién estrenada propiedad y matar una curiosidad que arrastraba desde la infancia: cómo sería el interior de aquella construcción, cómo de caídas estarían sus paredes, cuánto techo le quedaría, cuántas habitaciones echadas a perder tendría... Y nada parecido a la realidad porque al abrir la puerta encontró un interior mantenido a la perfección, con muebles de siglos de edad conservados como si fueran nuevos y unas paredes que parecían pintadas hacía unos días. Solo un leve olor a cerrado dejaba entrever que allí no vivía nadie, solo que alguien sí que se encargaba de su limpieza sino semanal, sí mensualmente. 

Avanzó por los pasillos con la sensación de ser una intrusa, se tenía que decir una y otra vez a sí misma que aquello era suyo mientras hacía crujir el suelo de las escaleras que bajaban al sótano. La temperatura allí empezó a descender, en contraste con el calor asfixiante que hacía arriba. Hacía fresco y humedad. Y es que allí abajo encontró lo que no se hubiera imaginado jamás: una alberca alargada iluminada por la luz del sol que entraba por unos tragaluces laterales, en un alarde de construcción de lujo en un pueblo que hasta hacía pocos años había sido bastante pobre. El agua estaba limpia, cristalina, sí, allí abajo también parecía que había llegado la mano de la persona encargada del mantenimiento. Venciendo las primeras reticencias, ¡qué demonios! Aquella era su casa, podía darse un baño si quería y, mirando a ambos lados a sabiendas de que no encontraría nada ni nadie que se lo pudiera impedir, se quedó en ropa interior y se zambulló en la piscina. 

Un largo, dos largos, tres largos... Cuando salió de allí estaba como nueva, el pelo chorreando le mojó toda la ropa  y, antes de que hiciera más estragos de los que pudiera explicar, se lo recogió con la goma que aún conservaba en la muñeca. Subió ligera, confiada y no se dio cuenta de que arriba había ruidos, que la luz del sol ahora entraba a raudales por ventanas y puertas abiertas y que había gente que entraba y salía del caserón. Como empujada por un extraño presentimiento se escondió detrás de un mueble que no había visto antes y se quedó observando: una gran celebración, una boda parecía ser, con gente... con gente que parecía sacada de otro lugar, más que de otro lugar, de otra época... Miró su ropa y miró la ropa de aquella gente. No, los que estaban en otra época no eran ellos, la que estaba en otra época era ella.