viernes, 21 de febrero de 2014

Es viernes, mamá: Pirata!




Hoy el chico celebra la fiesta de Carnaval en la guarde. En realidad, ha sido toda una semana carnavalesca porque ha venido todos los días con alguna careta, pintado o, como ayer, disfrazado de payaso (con una bolsa de basura azul, estaba precioso, es que a este chico le pasa como a mí, que nos queda bien cualquier cosa, jajaja).

Y como no podía ser de otra forma, el chico irá vestido de pirata. Ni que decir tiene que los piratas siguen en lo más alto de su top ten (demasiadas referencias a ese top ten, tendré que materializarlo en algún post). Y desde que ve "Peter Pan", le gustán aún más (si eso era posible). Gracias al comentario de una amiga, Inma, le descubrimos al chico el Capitán Garfio y claro, él es Garfio y nosotros, el señor M. o yo, somos el señor Smith (el señor "espí" en su media lengua).

El disfraz ha sido reinventando el de paje real que le compramos para la fiesta de Navidad: usará los pantalones negros bombachos y como tiene una camiseta de rayas rojas y blancas de lo más piratesca, pues adjudicada. Eso que veis en la foto del principio han sido las adquisiciones de los complementos. Bueno, llevamos pirateando por casa desde el martes que lo compramos todo y, milagrosamente, han sobrevivido todas las cosas, el señor M. y yo nos veíamos yendo al chino a comprar más accesorios de repuesto. El sombrero le queda algo pequeño y la espada la voy a hacer desaparecer esta noche (porque puede armar una buena en la guarde si le mete la punta en el ojo a algún compi, no es broma, a mí ya me clavó la espada en la mejilla), pero el chico va a ser todo un pirata (o un Capitán Garfio, como le gusta decir a él).

(Estad atentos porque a lo largo del día actualizaré la entrada con alguna fotillo del chico vestido de pirata, como no podía ser de otro modo.) ¡Aquí está el pirata Guille! He de confesar que, después de tres días pirateando, hoy, ¡hoyyyy! El chico no quería ponerse el sombrero de pirata porque decía que ese era para otro pirata. Madre mía, ¡qué entresijos más misteriosos tienen los niños pequeños en sus cabecitas! Por mi parte, le dije que si no se ponía el sombrero, no sería un pirata, todo sea en aras de un post actualizado con lo prometido (a saber, la foto de marras del chico con disfraz completo) y una fiesta de Carnaval con todos sus perejiles.


¡Que disfrutéis del Carnaval!

jueves, 20 de febrero de 2014

Cambios. Post 1

Post 1

El sol entraba a raudales por la ventana. Era imposible no darse cuenta, no echó las persianas la noche anterior. Eso era porque contorsionando un poco el cuerpo, podía llegar a observar algunas estrellas desde su cama; cómo envidiaba esas habitaciones de hotel que, desde las fotografías de las revistas, mostraban unas camas enormes con una visión no solo del cielo, sino también del mar.

Si el sol entraba de esa forma tan violenta, tan rotunda, seguramente era ya muy tarde, demasiado como para poner un mensaje al trabajo y decir que estaba enferma. Podría decir que había sufrido un secuestro exprés, que la habían retenido durante 24 horas y la habían dejado ir cuando se habían dado cuenta de que no tenía nada en su poder. Ni siquiera ese pisito de 30 metros cuadrados, propiedad de un primo suyo que se lo dejaba por un alquiler abusivo por encontrarse cerca (que no "en") del centro.

Bah, tampoco es que le importara mucho perder el trabajo. Había decidido, en el segundo uno del año, cuando intentaba asimilar las doce uvas que se amontonaban en su boca, dar un cambio radical en su vida. Lo malo de esos cambios radicales es que se necesita dinero para hacerlos, por mucho que parezca que no, por muy idílicas que parezcan esas huidas a la India, ¿cómo demonios iba a juntar el dinero tan solo del billete de avión? No tenía sentido. Había pensado en hacer un cambio más asequible, de esos de los que solo te das cuenta tú y que son un logro en tu existencia. Aún no sabía cuál sería, si tendría que ver con su anatomía, su pelo, su vida, su trabajo... Pero la inspiración debía llegar de un momento a otro porque, a lo tonto, había pasado ya más de medio mes de enero.

En esas se encontraba cuando oyó un estruendo fuerte en la puerta de entrada. Más bien escuchó cómo la puerta se abría violentamente, haciendo saltar la endeble cerradura que la protegía del mundo exterior. No, si al final lo del secuestro exprés iba a ser cierto. Pasos apresurados, ventanas abriéndose y un bombero que entraba en su habitación antes si quiera que le diera tiempo a taparse. Cerca de su armario, ese armario de IKEA que su primo se había negado a pagar a pesar de que debía hacerlo, intentaba gritar qué pasaba allí, pero nada, nadie la miraba, nadie le contestaba. Entonces se vio, a ella, tendida en la cama, contorsionada, alargando el cuello para llegar al cuadradito de ventana que le permitía ver el cielo.

Menudo cambio, desde luego ella sola se daba cuenta de él: ahora a ver cómo deshacía ese desaguisado.

martes, 18 de febrero de 2014

Serieando: Sherlock

La cosa va de series, libros y demás. Y es que me encuentro feliz de volver a todas esas cosas que me han dado la vida durante tanto tiempo y que ahora vuelvo a disfrutar. Las series nunca se habían ido de mi existencia, el señor M. y yo devoramos series cada noche cuando el chico está ya dormido, pero parece que no las saboreaba con la misma intensidad y detenimiento que ahora. Por eso es que tengo como la necesidad imperiosa de compartir mis impresiones sobre ellas.


Y hoy traigo a la palestra "Sherlock". Siempre me gustó Sherlock Holmes, siempre. Leía los libros de Arthur Conan Doyle y los ponía todos juntitos en mi estantería. Hasta elegí una lectura en inglés en mis años mozos sobre el perro de los Baskervilles. En fin, toda una fan. Más tarde seguí las películas que con más o menos éxito iban sucediéndose en el panorama televisivo y cinematográfico (¿quién no ha visto al joven Sherlock Holmes en "El secreto de la pirámide"?). Personalmente, y es una apreciación personal repito, me ha gustado mucho el Sherlock de Robert Downey Jr. (quizá se asemeje a mi gusto por el James Bond de Daniel Craig, si es que para gustos, los colores). Y cuando salió "Sherlock", la serie, el señor M. y yo nos lanzamos a ella sin pensarlo.

¿Qué decir de ella? Me parece que los personajes están escogidos a la perfección y eso, hablando de un producto audiovisual, dice mucho de su calidad porque ¿cuántas veces hemos visto una película en la que chirriaba algo y no sabíamos qué era? Exacto, muchas, y era porque los actores no están bien escogidos (aquí hago un sincero homenaje a los directores de casting, qué trabajo más complicado el elegir a la persona perfecta para satisfacer las expectativas de unos espectadores que critican sin piedad cualquier cosa). En particular Sherlock es Sherlock, no podía ser otro. No. Y Londres, el tercer personaje en importancia de la serie (a saber, el primero es Sherlock y el segundo es Watson). Si no has estado allí, te mueres por ir; si ya has estado, harías lo que fuera por volver (yo por ahora me conformo con pensar que lo haré, que volveré y que la veré con otros ojos, ojos de enamorada de Sherlock - en un sentido nada romántico, claro -). Su limpieza de imagen y su banda sonora completan un círculo difícil de superar en cuanto a calidad.

¿Y qué hay de las historias? ¿Y de la forma de contarlo? Me encanta cuando siguen los razonamientos de Sherlock, cómo enseñan el camino de sus deducciones y hasta le doy al pause para seguirlo todo (sí, soy así, qué le voy a hacer). ¿Y qué hay de la tercera temporada? Pues solo digo una cosa: me ha gustado mucho. Ese formato miniserie que te encaja tres capítulos como películas de algo más de una hora es muy atractivo (un sábado noche de cine puede suplirse perfectamente con un capítulo de la temporada, como hice yo el sábado pasado), pero ¿por qué tardan tanto en salir? Eso ha hecho que haya estado algo perdida al principio porque por mucho que me pueda gustar algo, odio ponerme al día, repetir serie (o incluso libro, todavía no ha llegado el día en que relea algo y lo he intentado, ¿eh?). Así que si no conocéis la serie, no os ha dado por verla, no habíais prestado atención, ¡oh! Tenéis nueve capítulos (tres temporadas) de lo más jugosos a los que hincarles el diente. Nueve minipelículas con mucha acción, con un Sherlock tradicional pero diferente, con un Londres espectacular y, por cierto, me encanta Rupert Graves como Lestrade.

Porque Sherlock es Londres...


Quién no conoce el 221 de Baker Street.


Mis dos Sherlocks preferidos, tendré que buscar más porque ahora tengo mono de Holmes y sé que hay otras tantas series sobre él por este mundo.


Lestrade... Rupert Graves, genial.


Con Moriarty, qué bueno.


También lo vi... ¿y vosotros?


Y no, esta no la he visto...









lunes, 17 de febrero de 2014

Relato sin Foto: Pegatinas

Tengo un cajón con cientos de pegatinas blancas. Son de diferentes tamaños, según el objeto en el que los tenga que pegar. Y es que igual pasan unos días sin que use ninguna, que llega otro y tengo que utilizar cincuenta del tirón.

Todo comenzó hace un mes cuando una palabra se me atascó en la punta de la lengua y ahí se quedó. Ya nunca salió. A partir de ahí la pérdida de vocabulario ha sido progresiva y necesito de pegatinas para nominar todo lo que me rodea: frigorífico, puerta, televisor o ventana. Bidé no, no sé por qué, pero pierdo antes otras palabras mucho más importantes y esa sigue arraigada en mi cerebro de forma obstinada. Y no sé qué otra cosa puedo hacer.

Los médicos no me dan una solución, más que nada porque no saben lo que me pasa: unos dicen que es psicológico, por el estrés, y otros que debe ser neurológico. Y mientras se ponen de acuerdo, pruebas y más pruebas, escáneres, tacs, radiografías (no sé para qué) y una medicación que he decidido abandonar, más que nada porque no estoy deprimido, solo algo frustrado, y porque esas pastillas hacen que mi cabeza vaya más lenta y mis olvidos más rápidos.

No os quiero ni contar cómo han cambiado mis hábitos de lectura: al diccionario que aguarda en mi mesita de noche a ser leído antes de acostarme se han unido otros tantos libros infantiles con palabras y dibujos que hacen las delicias de mis momentos de ocio. ¿Volveré a recordar las palabras que han volado de mi cabeza o ésta se seguirá vaciando como una casa cuando hay mudanza?

El otro día se me vino a la lengua la palabra cerveza, así que quizá no esté todo perdido.

(Ni que decir tiene que escribo esto con la colaboración imprescindible de mi mejor amigo, que lleva un cartelito con su nombre en el pecho, por supuesto).