viernes, 31 de enero de 2014

Es viernes, mamá: El catalejo del pirata


El top ten del chico es muy cambiante, aunque a veces algo llega para quedarse algún tiempo más. Ese el caso de los piratas, siente fascinación por ellos. Viene y me dice que: "'Ille' es un 'titata' malo". ("Guille es un pirata malo"). No entiendo por qué malo, pero es así.

Está el aclamado pirata Pepe (del que hay post), una peli de piratas superchula, el famoso pirata Pachi de Bob Esponja (por el que siente pasión) y ahora él, el pirata Guille. Aquí lo cogéis pintando su catalejo de pirata (el cilindro de un rollo de papel higiénico gastado). Y en nada habrá que hacerse con un garfio y una pata de palo para completar el disfraz.

jueves, 30 de enero de 2014

Mi familia es vampira: XI. Escapar

Después de un profundo alarido que resonó en toda la mazmorra, se hizo el silencio. Adrián cayó cuan largo era en el corredor y los ojos antes rojos como tomates ahora se habían vuelto pálidos, de un color blanquecino como la leche. Temblaba en el suelo, como si sufriera un ataque. Sus colmillos volvieron imperceptiblemente a su tamaño normal y su pelo se cubrió inmediatamente por un manto de canas. No parecía el mismo que minutos antes los había sorprendido a la entrada del pasillo.

Tras arrastrar a Adrián a la celda que antes había ocupado su nueva compañera y apresarlo con la misma cadena que la había mantenido cautiva ella, Mario cogió a su nieto de la mano y se dirigieron a la mujer que estaba tumbada en el suelo hecha un ovillo. La había mordido pero no tenía pinta de ser grave, así que la ayudaron a incorporarse y comenzaron a andar deprisa, sin mirar atrás. Aún les quedaba un trecho. Roberto le dio el bastón a la señora aunque él también lo necesitaba, y mucho: le temblaban las piernas, tanto que temía que se notara. Andaba como si estuviera borracho, pero como no había mucho espacio para hacer eses, lograba guardar el equilibrio y seguir adelante sin desentonar.

Llegaron por fin a la salida, era una trampilla en el techo. Se subía por una escalera clavada en la pared y ahora sí lo entendía todo, solo podía abrirse desde dentro. Su abuelo subió hasta el último peldaño y suspendido en el aire volvió a poner en práctica sus conocimientos con la ganzúa. La luz de las primeras horas de la mañana se filtró por el agujero que quedó cuando la trampilla se abrió del todo, la luna todavía podía verse opaca y difuminada. El aire fresco y frío invadió los pulmones de Roberto que se sintió libre mucho antes de llegar a pisar el suelo de la calle, solo con eso se disipó la sensación de opresión que tenía desde que bajara por el primer tramo de escalera de la chimenea.

Mario se descolgó de las escaleras y cogió a su nieto de la mano para ayudarlo a subir, pero Adrián volvió a aparecer cogiéndolo del otro brazo. De repente, Roberto se encontró en mitad de una lucha en la que el trofeo no era otro que él mismo. La mujer, débil y mareada, se había desmayado en un rincón y ahora estaba a merced de quien tuviera más fuerza de los dos. Los brazos le dolían, su abuelo lo aferró a su vez del anorak, él tironeaba para zafarse de Adrián, pero éste era como un pulpo. Lo cogió del cuello y del pelo, gritaba de dolor. Solo una vez en su vida le habían tirado del pelo y había descubierto que era una de las formas de tortura más espantosas. En el recreo, hacía un año, cuando se peleó con el matón de la clase de al lado. Les había robado la pelota y el único que se había atrevido a plantarle cara había sido Roberto. Se ganó una buena paliza y el otro tampoco escapó muy  bien, así que los dos acabaron en el despacho del director, castigados sin recreo durante un mes, pero con la pelota en manos de quien debía estar, del Chinche… el Chinche… ¡Echaba tanto de menos al Chinche!

Seguía la lucha por ver quién arrancaba primero el brazo a Roberto, Mario comenzaba a dar las primeras señales de agotamiento y Adrián, azuzado por la humillación anterior, parecía que había vencido la mezcla que estaba corriendo ahora mismo por sus venas. Se lo arrebató. Roberto se encontró en un pispás metido dentro de la capa de Adrián. Olía muy raro allí dentro, engarzado entre sus brazos sintió el aliento del vampiro a un milímetro de su oído, se puso blanco, eso solo podía significar una cosa, le iba a morder. Empezó a retorcerse, a alejar su cuello, pero lo tenían fuertemente cogido. Sintió un latigazo agudo y como un pinchazo de dos segundos. Lo que tardó su abuelo en darle un bastonazo en la cabeza a Adrián.

Cayó de espaldas, Roberto estaba desorientado, se llevó los dedos al cuello y dos hilillos de sangre caían finos hacia su pecho. Su abuelo le tapó la herida con un trozo de pañuelo y murmuró: “Sólo han sido dos segundos”. En un abrir y cerrar de ojos estaban en la calle con la trampilla cerrada a cal y canto y profundamente agotados. 

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

martes, 28 de enero de 2014

Martes de arte

El arte es una de esas cosas que nos hace humanos de un modo más tajante. Tanto para la persona artista que crea siguiendo su instinto y su talento como para la persona que lo recibe, capaz de sentir y captar cosas que ni el creador de la obra sabía que estaba plasmando.

Pintura, arquitectura, escultura, escritura, fotografía... Hay tantas formas de hacer arte y tantas cosas que pueden provocar un salto en el corazón y un momento de reflexión profunda. Eso es lo que me pasa a mí con un montón de cosas y ahora con la magia de Internet y de las redes sociales, mucho más.

Gracias a ellas, a las redes sociales digo, he descubierto a Edward Hopper, un pintor estadounidense que vivió en la primera mitad del siglo pasado (cómo queda decir siglo pasado al s. XX, muy confuso, debo confesar). Según Wikipedia, fue célebre por sus retratos de la soledad en la sociedad estadounidense contemporánea. Y sí, si observas sus pinturas, hay muchas que desprenden soledad, pero también una atracción que te empuja a mirarlas detenidamente para sacarles todo el significado: desde los gestos hasta los objetos que rodean a las personas

Aquí os dejo la primera obra que vi de él y que me hizo fan absoluta de su obra.


Y luego vinieron más...


¿Hay algo más americano que estas casa con porche en verano?


Y observad esta pintura...


Y ahora, estas versiones... Genial.


lunes, 27 de enero de 2014

Relato sin Foto: Cambios II

Si has entrado aquí por primera vez, debes saber que este relato es la segunda parte del publicado el lunes pasado. Para leerlo, pincha aquí.

"¡Clara, Clara!". Dios, mi hermano entrando junto con los bomberos. "Alguien la ha matado, ¡mirad qué postura!". Siempre tan tremendista. Menos mal que le obligan a marcharse inmediatamente.

No hacen más que hablar del gas y de que afortunadamente no ha pasado una tragedia mayor. ¿No hay tragedia mayor que morirse? Sé que se refieren a una explosión que se hubiera llevado por delante a un montón de vecinos que ni conozco ni han querido conocerme, pero ¿qué hay de mí? Estoy tan confundida, ¿qué se supone que tengo que hacer ahora?

¿Y la luz? ¿Y el camino? ¿Y el túnel? Por Dios, ¿dónde está mi túnel? No lo entiendo. Me han echado una sábana por encima y no sé qué se supone que debo hacer ahora. Estoy sentada en la butaca observando: gente que viene y va; esos vecinos que han estado a punto de morir conmigo agolpándose en la puerta del piso, puedo oír sus voces; mis padres que lloran en el salón, no los han dejado entrar; mi tía diciendo que nunca debí independizarme tan pronto, tengo 32 años, no sé para cuándo quería que lo dejara; y mi hermano se afana en hablar por teléfono lo suficientemente alto como para que lo escuche el edificio entero. Todos esperan al juez para que levante mi cadáver y por lo visto ha sido una noche movidita, así que no se le espera temprano. Eso me da algo de tiempo para intentar solucionar este marrón.

Aunque me dé vergüenza admitirlo, he intentado eso de colocarme sobre mí misma en la misma postura. No ha pasado nada, no es que esperara revivir, pero quizá sí desaparecer o ascender o descender... O cualquier cosa que no fuera estar entre los vivos y que nadie sea capaz de verme porque soy, soy... soy ¿un espíritu? He rezado, he hablado con Dios, con el Dios que conozco, con el que he crecido y al que hace tiempo no presto atención, intentando ablandarle un poco el corazón con mi desesperada situación, pero nada. He salido de la habitación y abrazado virtualmente a mi madre, está desconsolada, ¿por qué no se la llevan ya? Mi padre intenta levantarla y ella se deja hacer, entonces, cuando abre su bolso para coger un pañuelito de papel, salto dentro de él y me voy con ella a tomar esa tila que sé que no le hará nada.