viernes, 17 de enero de 2014

Es viernes, mamá: El pirata Pepe


Los Reyes Magos le trajeron al chico varios libros. Tengo la intención de que lo llamen raro en el colegio, igual que me lo llamaban a mí. No, es broma, no quiero que lo llamen raro, solo quiero que esté tan familiarizado con los libros que cuando tenga uso de razón, los pida por sí mismo. Yo hago lo que puedo, luego ya será su carácter el que le dicte si quiere continuar o no.

La cuestión es que, aparte de un libro con cientos de animales - imposible hacerle ver que dos peces pueden tener nombres diferentes y que el flamenco y el avestruz son aves también distintas -, el siguiente ejemplar que ha hecho las delicias del chico es "El pirata Pepe". Vale, me atraía más a mí que a él; vale, cuando leí que es perfecto para contar a niños a partir de tres años, caí rendida a los pies de este corsario pelirrojo; vale, que escucharlo decir "titata" me tenía totalmente fascinada y tenía que hacer realidad esa palabra como fuera. También ha salido varias veces pintado de pirata de la guarde, así que pensé en explotar esa vía.

No sé si es la edad o es que el chico será así por siempre jamás: ahora mismo es impensable contarle un cuento. Da igual que sea inventado (hace tiempo que un cocodrilo llamado Ricardo y de naturaleza vegetariana ronda mi mente, pero me es imposible darle forma de viva voz); o que sea un cuento leído. Él se apropia del relato y lo lleva a su terreno, un terreno lleno de leones y tigres que juegan a la pelota en la selva y en el que los monos no pueden bajar de los árboles para unirse a ellos, no me preguntéis la razón (simplemente es "¡No, mamá, 'homme'!". Así que lo que es leer mucho al pirata Pepe no lo leemos, pero sí hemos visto que tiene garfio, pata de palo y parche (lo tiene todo, el pobre); y me cuenta todo lo que ve en las ilustraciones: si está contento, si está triste, qué está haciendo... Y eso repetido varias veces al día. ¡Arriba el pirata Pepe!

Por cierto, pinchando justamente aquí, podéis disfrutar de un vídeo que complementa a la perfección este post y que me ha sido imposible subir directamente, demasiadas odiseas informáticas a estas horas.

jueves, 16 de enero de 2014

Mi familia es vampira: X. Fuera de planes (1)

X. 1

Tardó unos minutos en volver en sí. Mientras tanto, Roberto gritaba a su abuelo porque le urgía que se despertara y se marcharan de allí enseguida. Con todo el alboroto que habían armado, se sorprendía de que ni Adrián ni su mayordomo no estuviesen ya allí. Así que cuando Mario abrió los ojos y esbozó una sonrisa al reconocer la cara que asomaba entre los barrotes, Roberto se echó a llorar. Pero no había tiempo de sentimentalismos y Roberto sacó de su bolso una ganzúa. La abuela Celia se la había dado y, aunque él había dudado un poco al principio de que su abuelo supiera utilizarla, la cogió con confianza.

Y Mario Arenne sí que sabía utilizarla, con un rápido movimiento de muñeca abrió la argolla que le aprisionaba el pie; se encaramó entre los barrotes y metió la ganzúa esta vez en la cerradura de la mazmorra, también la abrió fácilmente. ¿Dónde habría aprendido a abrir candados de una forma tan eficaz? De camino a casa tendría que preguntárselo y de paso le pediría que se lo enseñara, no estaba de más saber una cosa así. Cuando su abuelo salió al corredor le dio un fuerte abrazo. Olía mal, lo sabía, pero Roberto no se separó, lo mantuvo cogido con tal fuerza que Mario tuvo que separarlo y decirle que tenían que irse pronto de allí. Roberto dio media vuelta, pero como tendría que haber pensado, su abuelo no cabría por el hueco de la chimenea, él lo había hecho a duras penas. No hizo falta preguntarlo, Mario comenzó a andar hacia el otro lado donde el corredor se bifurcaba en dos: a la derecha, más mazmorras; a la izquierda, una salida donde la ganzúa que sabía utilizar muy bien su abuelo y la rapidez con que se movieran los llevaría de nuevo a casa.

Cuando se lo explicó, Roberto tomó inmediatamente el camino de la izquierda. Su abuelo lo paró en seco: “Antes de seguir tenemos que rescatar a otra persona”. Roberto lo miró sorprendido, ¿otra persona? Ya era peligroso seguir allí, así que otra persona más podía complicarles bastante la huida. Giraron a la derecha, no había nada que hacer ni que discutir. Era otro pasillo largo lleno de mazmorras, iluminado por antorchas que dejaban caer aceite. Sin embargo, el olor era más intenso, un olor a moho y a humedad que se hacía realmente insoportable. Al final del pasillo se escuchó algo. Al final del pasillo, donde ya no había bifurcaciones ni peldaños ni nada de nada, solo una pared que cortaba el paso. En la última celda había una mujer en un estado aún peor que el del abuelo: su pelo estaba hecho trizas, los ojos le salían de las órbitas y el rojo se le había extendido a todo el globo ocular. Su boca parecía la de un animal. Cuando los vio llegar, se abalanzó con tanta fuerza hacia las rejas que la cadena hizo de tope y del mismo modo que llegaba bruscamente a la entrada de la mazmorra, se vio despedida hacia atrás. Lo cual no fue obstáculo para que siguiera luchando. Miraba a Roberto como si fuera un trozo de carne, mejor aún, un tetra brik de sangre fresca y joven. Tuvo un estremecimiento por todo el cuerpo y se quedó pasmado mientras su abuelo a duras penas intentaba sujetarle los brazos, pero no podía. “¡Roberto ayúdame! Cógela de ahí”. Pero no podía moverse. “¡Roberto!”. Y salió de su ensimismamiento, la cogió como pudo sufriendo arañazos y golpes en la cara. A cada arañazo parecía que la mujer se volvía más loca, “debe ser el olor de la sangre” pensó el chico. Le dio una jeringuilla a su abuelo una vez que la tuvieron inmovilizada, sus chillidos eran insoportables, era como un gato al que estuvieran pegando, le iban a estallar los tímpanos… hasta que se calló. Los diez centímetros de aguja penetraron en su antebrazo y tras los dos segundos que su abuelo tardó en inyectarle el preparado, la mujer cayó desmayada en el suelo de su celda.

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

martes, 14 de enero de 2014

La pereza

Según la RAE, pereza es:

"1. Negligencia, tedio o descuido en las cosas que estamos obligados.
2. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.
(...)"

La pereza es algo consustancial al ser humano. Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos lanzado a ella sin pensarlo dos veces, con total diligencia y eficacia. No hace falta estar tumbado para dejarse apoderar por la pereza: puedes perfectamente estar realizando una actividad sumamente importante y estar ejercitando la pereza sin ningún tipo de incompatibilidad entre ambas acciones.

Definir pereza es concretar hechos, a ver:

- da pereza recoger la cocina por la noche (da igual poner excusas tales como que la mesa camilla absorbe, estás muy cansada después de un día duro, etc. Da lo mismo. También sabes lo bien que te sientes por la mañana cuando entras a hacerte un café y está todo recogido... pero eso sucede una vez de cada diez - o de cada cien -).

- da pereza limpiar los cristales. Una pereza enorme. También existen excusas, entre ellas se coloca en el número uno del top ten: han dado lluvia para varios días. Lo malo es que pasan esos varios días de lluvia y nunca encuentras el momento y llegas a acostumbrarte a observar el paisaje con gotitas secas en el cristal. Se confunden con la línea del horizonte.

- da pereza ordenar las fotos.

- da pereza lavar la cristalería. Da igual que tengas una megacristalería de tropecientas piezas que cuatro copas y media como tengo yo.

- da pereza limpiar la pantalla del iPad. Mucha. Además, según lo coloques, no se notan las marcas de los dedos.

- da pereza lavar a mano un pantalón rojo del chico que lleva un mes en la ropa sucia. Si no lo he metido ya en la lavadora es porque ya estropeé una camisa con el tinte que soltó la prenda en una situación similar que viví hace un tiempo. Y aunque intento ponerle poco esos pantalones, termino haciéndolo porque le quedan muy bien. 

Seguir con la lista no sería nada complicado. Hay cosas, no sé por qué, que se nos hacen muy cuesta arriba hacerlas y convertimos el verbo procrastinar un buen aliado de nuestra forma de proceder. (Por cierto, gran palabra "procrastinar", la he hecho mía desde que la conocí). Y como decía, podría seguir con la lista fácilmente, pero... me da pereza. ;)

lunes, 13 de enero de 2014

Relato con Foto: La caja de sensaciones



Hacía muchos años que guardaba esa caja. Una caja como otra cualquiera, de madera, sin ningún tipo de adorno que pudiese delatar la naturaleza sorprendente de su poder. No quiso recordar el momento en que llegó a sus manos, cómo una anciana que andaba por la calle lo paró y le hizo entrega de uno de los instrumentos más impresionantes del mundo junto a unas palabras que jamás olvidaría: "Mete dentro diez fotografías, diez fotografías que signifiquen algo importante, diez fotografías de momentos que quieras volver a vivir. Y cuando necesites sentir lo que entonces sentiste, ábrela y cógela". A punto estuvo de tirarla al siguiente contenedor. A punto, menos mal que no lo hizo.

Había gastado nueve de esos momentos. Le quedaba solo uno. Una fotografía que había guardado como se guarda la botella de un vino demasiado bueno para cualquier acontecimiento, una fotografía que encerraba en sí misma todo por lo que merecía la pena vivir. Y había llegado el instante - sí, instante - de usar la última bala porque se había encontrado a esa misma vieja una hora antes. No había envejecido ni un ápice más y con sus mismos dedos huesudos le acuciaba para que reviviera esa sensación que anhelaba tanto. No había que ser muy listo para leer entre líneas: cogió la fotografía y murió sintiendo lo más grande que había sentido jamás.