lunes, 13 de octubre de 2014

Cambios: Post 29

Post 29.

Clara deseaba estar viva más que otra cosa en el mundo, volver a sentir todo de un modo real. Porque ahora que era fantasma se había dado cuenta de algo: seguía sintiendo, sí, pero no podía hacer nada para compartir una alegría o para diluir una pena, no podía hacer nada para acurrucarse y dejarse consolar por alguien, se sentía más sola que nunca. Tal vez, cuando Daniel era otra alma solitaria, esto pasaba por alto, de puntillas, disfrutaba de esa presencia no presente en la que se había convertido. Ahora que Daniel por fin había dado el salto, Clara ya se sentía fuera de lugar, ¿qué tenía que hacer entonces? ¿Seguir sufriendo viendo como el hombre del que se podía haber enamorado perfectamente en su vida diaria rehacía su existencia con otra chica que, mal que le pesase, le caía perfectamente desde el primer día en que le compró un poto para hacer su regalo anónimo?

Hacía tiempo que se había dado cuenta de algo: Amelia y Daniel estaban predestinados mucho antes de que a ella le pasara ese mal llamado accidente con el gas. Mal llamado accidente porque ciertamente fue una dejadez en las funciones de casero de su primo, pero no iba a guardarle rencor, nadie piensa que una negligencia de ese tipo desemboque en unas consecuencias tan escandalosas. En fin, sabía que estaban predestinados, lo había ido descubriendo con el paso del tiempo, en el sinfín de horas que había tenido para reflexionar sobre el tema, sobre el porqué de su vagancia por el mundo de un modo tan absurdo. Ella sabía a ciencia cierta, esa ciencia cierta que solo te da el poder ver dentro de los pensamientos de las personas, que el siguiente poto que comprase, ese que quizá se había llevado finalmente Daniel a su casa, y que cuidaría y pondría bonito acabaría en manos de Daniel, su certero siguiente “receptor”. El poto haría su trabajo provocando que se encontrasen ambos y Daniel saldría de su coraza creada a golpe de malos recuerdos y falsas culpabilidades gracias a Amelia. De una forma u otra.

Y Clara. Clara hubiera seguido con su vida tan felizmente, imaginando romances incompletos intentando ver las estrellas desde su habitación colocada de una forma tan extraña en la cama porque esa era la única manera de poder observarlas desde la comodidad de su colchón.

Pero la situación era la siguiente: Clara seguía en el piso de Daniel, ese piso de paso que a Daniel le había proporcionado el seguro preparando de nuevo la mudanza al cuchitril original. Amelia se había convertido en una habitual en su día a día, primero con cafés y conversaciones agradables como lociones relajantes, más tarde como confidente y mucho más tarde como el bálsamo que solo un beso es capaz de proporcionar. Y así Clara no podía continuar.


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3 comentarios:

  1. Viva Cambios!!!!! ;D
    Y viva la que los escribe!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    así, gritao, te mando un abrazo!

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  2. Pues a ver que le toca hacer, porque estoy más intrigada con el destino de Clara que con el de Daniel. Biquiños!

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  3. ¿No me digas que se nos va mi fantasmita preferida? Qué intrigaaaa. Besotes!!!

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