jueves, 31 de julio de 2014

Cambios: Post 23

Post 23.

Amelia era consciente de lo extraña de la situación, ¿cuándo había ella aceptado una invitación de unos desconocidos? Nunca. Y es que tampoco nunca le había pasado, así que era como estar haciendo las reglas en aquel mismo momento. Daniel le había gustado, le había llamado la atención su expresión perdida y huraña, sus ojos huidizos, su pelo revuelto y su chaqueta que le quedaba demasiado grande aquel día en que se cayó delante de ella. ¿Qué su madre había querido hacer de Celestina? No iba a ser ella quien le aguara la fiesta. Había vivido poco, pero lo suficiente para saber que mejor arrepentirse de lo que nunca has hecho.

Y la noche fue pasando rápida, para sorpresa de todos, de Daniel incluido. Escuchar hablar a aquella chica era tan refrescante, oír su risa intercalada cada par de frases, observar cómo atendía cada palabra de él o su madre con una intensa mirada de concentración y un adorable ceño fruncido. Adorable para Daniel, del que Clara se había alejado hacía ya rato y lo observaba sentada en el poto con ojos alegres y tristes a la vez, si eso era posible.

- ¿La floristería? – Amelia miraba a Celia con satisfacción. – La floristería fue el negocio de mi madre durante veinte años. Luego lo cerró y yo lo volví a abrir hace un par de años. Y me encanta.
- ¿El local es tuyo? – Era Daniel quien le había preguntado en esta ocasión, como no podía ser de otra forma.
- Sí. Y el pequeño piso de encima también. Es la herencia que recibí de ella cuando murió.
- ¡Oh, lo siento!
- Gracias. Fue hace bastante tiempo, nunca estará superado pero sí aceptado.
- Aceptado. – Daniel hablaba para sí mismo.
- Sí, Daniel, aceptado.

Se hizo un silencio que Amelia no supo interpretar y que no rompió por miedo a parecer inoportuno. A partir de ahí, supo que la noche había terminado, declinó la invitación de Celia para quedarse a tomar una copa con la excusa de tener que abrir temprano la floristería y Daniel también se volvió a cerrar en sí mismo dejando un raro sabor de boca a una velada que había sido perfecta en todos los sentidos, una velada de la que sorprendentemente había disfrutado. 


Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.




2 comentarios:

  1. Qué bonito es el amor cuando nace!!! Después uno se va dando cuenta de que el otro aprieta el tubo de la pasta de dientes por el lugar equivocado pero ése es otro cantar. Jajajaja. Besotes!!!!

    ResponderEliminar
  2. Ya me parecía a mí que no iba a ser tan fácil. Biquiños!

    ResponderEliminar

Dime algo si quieres...