jueves, 3 de julio de 2014

Cambios: Post 19

Post 19

Es difícil hacer encajar las piezas por muy claras que las tengas y Clara se imaginaba haciendo malabarismos con todas ellas o haciendo un puzle de esos de cinco mil que jamás pudo ni quiso intentar hacer.

La estancia en casa de Celia no podía ser más gratificante. Ahora que tenía la certeza de su objetivo, ya no se iba tanto en el bolsillo de Daniel como lo hacía antes – en gran medida también porque con el calor que últimamente los estaba castigando, llevársela sería de locos e ir en el bolsillo de los pantalones se le antojaba un poco subido de tono –. Así que podía disfrutar de aquellas habitaciones y de los libros, que la mujer almacenaba por todos los rincones. Incluso se sintió dichosa al jugar con los ruidosos sobrinos de Daniel que se presentaron “por sorpresa” un día que su hermana se dejó caer por allí como quien no quiere la cosa. Solo Clara conocía la llamada telefónica que por la mañana ideó ese plan. Celia era genial. Y genial era el pequeño Andrés, de unos cinco años, que se le quedó mirando muy fijamente a Clara a los ojos y le respondió sonriendo y un ok cuando ésta última se llevó el dedo índice a los labios implorando que no la descubriera. Como si el resto de la familia fuera a creerse que había visto algo.

Así las cosas, tenía que empezar a actuar ya: bastó un meneo de su etéreo culo y una sonrisa maliciosa para que el poto se cayera del alféizar de la ventana al patio y un Sultán tan bien adiestrado que, bajo la atenta mirada de Clara, amenazara a ladridos con destruir la pobre planta para que el plan comenzara a rodar.

- Daniel, hijo, sabes que no me gusta meterme en nada, pero ¿no estaría bien que le compraras un tiesto nuevo al poto? ¡Sultán, aparta, por favor! – Celia se agachaba a recoger el desaguisado: había tierra negra por todo el patio y la pobre planta de debatía entre salir del tiesto de plástico en el que fue vendida o continuar allí prisionera. – Además, este tiesto… este tiesto está algo chamuscado.
- Normal, salvé la planta de un incendio, algo tenía que pasarle. – Daniel la observaba desde la ventana, dentro de la cocina, fumándose un cigarrillo.
- Qué poco me gusta que fumes en casa, ya lo sabes. Seguramente fue eso lo que provocó el incendio.
- Imposible, yo estaba en la terraza.
- Dijiste que sería una colilla mal apagada lo que provocó el incendio.
- Bueno, el seguro no está tan convencido, están investigando.
- Tú y yo sabemos que cada vez estás fumando más, no me lo niegues.
- Vale, mamá, mañana mismo iré a esa floristería a por un tiesto de cerámica, ¿contenta?
- Mucho, aunque más lo estaría si dejaras de fumar.
- Sí, claro, dejar de fumar. – Y se volvió hacia dentro de la casa no sin antes apagar el cigarro, al que aún le quedaban un buen número de caladas, con el agua del fregadero.

La sonrisa de Celia, la madre de Daniel, y de Clara eran exactamente iguales en ese momento. 


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6 comentarios:

  1. Alaa, pues la semana que viene que vaya a comprar otro, ¡qué emoción! Biquiños!

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    1. La semana que viene post con florista incluida!!

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  2. los cigarros siempre han sido muy literarios...

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  3. ooommmmmm... así que a por tiestos ehhhh??? jajjajajajaj..

    madre mía no me da para más ya!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  4. The New Poto on the Top!!!!

    Yo creo que el poto merece un spin-off XD

    Besotes!

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  5. Ayyy, que ahora va a volver a ver a su florista preferida!!! Qué emoción... Besotes!!!!

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