jueves, 19 de junio de 2014

Cambios: Post 17

Post 17

La madre abrazó a Daniel con efusividad. ¿Cuánto hacía que no se veían? ¿Dos, tres meses? ¿Más? Solo cuando la mujer pudo reprimir las lágrimas, se separó de él y reparó en lo que realmente había pasado.

- Pero, Daniel, hijo, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estás negro?
- Se ha incendiado mi piso.
- ¿Cómo?
- Sí, no sé cómo ha pasado, habrá sido alguna colilla mal apagada, o… no sé, la verdad que no lo sé, mamá, ¿puedo pasar y ducharme?
- ¡Claro! Pero qué tonta, ¡pasa! – Daniel le dejó el poto en las manos y entró cansado y con familiaridad en un lugar en el que, por mucho que le costara reconocer, se sentía muy cómodo.

La casa estaba igual que la última vez que la visitó Daniel, pero Clara aún no la había visto así que para ella todo era nuevo. Era bastante reconfortante entrar en un lugar así después de vivir en un piso cuchitril como en el que había estado viviendo no solo en los últimos meses como fantasma, sino en los últimos años cuando estaba vivita y coleando. La luz de las farolas se filtraba a través de las cortinas echadas y dentro solo estaba encendida una luz pequeña: la madre de Daniel estaba leyendo, su libro descansaba sobra la mesilla. Clara decidió enseguida que esa mujer le caía bien. Se acercó a la mesa y vio el título: “La mujer del viajero en el tiempo”, sí, esa mujer le iba a gustar muchísimo. Ese libro era su preferido, lo había leído mil veces, se lo había llevado de viaje solo por el placer de hacer más hogareña la habitación de un hotel. Y entonces descubrió algo más sobre sus habilidades: tal era su emoción que se metió entre las páginas del libro y las recorrió como una niña pequeña, riendo y saltando, iba de un lugar a otro leyendo párrafos que podría recitar de memoria, viajaba por esas páginas como si viajara en el tiempo, igual que el protagonista. Hasta que un ruido fuerte llamó la atención de Daniel y su madre que se habían entretenido a la entrada de la sala hablando sobre el incendio: el libro se había caído al suelo, a pesar de que estaba bien colocado sobre la mesa.

Daniel se fue a la ducha y su madre - ¿cómo se llamaría? – fue a la cocina a preparar algo de cena. Ninguno de los dos vio nada raro en la caída del libro. Lo que Clara sí vio claro es que Sultán, el poto y la madre de Daniel eran elementos imprescindibles para su objetivo que ya estaba comenzando a vislumbrar en su cabeza de fantasma.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.



3 comentarios:

  1. Pues yo quiero saber cual es su objetivo, me tienes en ascuas desde hace mucho tiempo. Biquiños!

    ResponderEliminar
  2. Yo también quiero saber el objetivo!!! Besotes.

    ResponderEliminar
  3. alllllaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... mecagüenlalecheeeeee!!!!!!!!!!!!!!! jo.


    ResponderEliminar

Dime algo si quieres...