jueves, 24 de abril de 2014

Cambios: Post 9

Post 9

Clara se vio inmersa en un mundo tan real como el que acaba de dejar: los recuerdos de Daniel tomaron forma de un modo vertiginoso, a una velocidad que la mareó y se vio dentro de un coche con Daniel, una chica, un señor mayor y un niño. Por las ventanillas se veían pasar árboles a uno y otro lado y era de noche, una luna blanca y enorme lo culminaba todo vigilando desde lo alto del cielo oscuro. El niño y el anciano reían y charlaban animosamente, se hacían bromas y se buscaban mutuamente; el ambiente de los asientos traseros contrastaba con el silencio tenso que se vivía delante. Daniel conducía con un rictus serio y fijaba su mirada al frente de forma obstinada y la chica miraba por la ventanilla desganada.

- ¿Te parece si cuando lleguemos a la ciudad, nos pasamos por el supermercado? No tenemos nada en la nevera, compraremos unas pizzas para cenar. – La chica se rehízo en el asiento mientras decía esto sin mirar a Daniel.
- ¡Pizza, pizza! – Atrás, el chico saltaba y daba palmas.
- Raúl, no grites. – La chica miró hacia atrás y Clara pudo verle los ojos, había llorado, podría jurar que había estado llorando hasta pocos instantes antes de darse la vuelta.
- Sí, sin problema. – Fue la primera vez que Daniel cambió su gesto en todo el tiempo que llevaba Clara en el coche – ¿Usted quiere que lo llevemos también a algún sitio, Joaquín?
- No, hijo, yo, con que me dejes en mi casa, tengo suficiente.
- Bien, pues dejamos primero a tu padre y luego nos pasamos por el súper.

Y esa fue la última frase que se dijo en el coche. Inmediatamente después una luz imponente lo saturó todo, una fuerza como de otro mundo despidió el coche hacia arriba y todo dio vueltas. Cuando Clara abrió los ojos, Daniel la estaba mirando fijamente desde el sofá, aunque ella ya sabía que no la veía. Él se levantó lentamente, arrastraba levemente una pierna, como si aquello fuera un mal recuerdo de lo que pasó aquella noche. Fue a la cocina y Clara escuchó trasteo de vajilla y cubiertos. Ella no pudo seguirlo. Aunque no había visto lo que había resultado de aquel accidente, sabía que no había sido nada bueno, más bien había sido algo muy malo. En su mente aún retumbaban las risas del niño y del anciano y una nube muy negra que parecía ocupar su cabeza le decía que precisamente eran esas risas las que se habían callado para siempre.

Descubre "Cambios" desde el principio pinchando aquí.

4 comentarios:

  1. o.O me has dejado sin palabras!! probre...
    Besoooosss!!

    ResponderEliminar
  2. Joer, me gustaría saber lo que pasó, que no creo que sea peor de lo que me has hecho imaginar. Biquiños!

    ResponderEliminar
  3. Uhm... intuyo un par de interpretaciones y eso me gusta, da que pensar!!!
    mola, mola!!! aunque no tanto lo que me he imaginado yo.

    Besotes!

    ResponderEliminar
  4. ahiva! que aquí se junta la clara con el joaquin y el peque.. y ya verás tú que fiesta!! jajajaj.. madre mía!!!

    ResponderEliminar

Dime algo si quieres...