lunes, 17 de febrero de 2014

Relato sin Foto: Pegatinas

Tengo un cajón con cientos de pegatinas blancas. Son de diferentes tamaños, según el objeto en el que los tenga que pegar. Y es que igual pasan unos días sin que use ninguna, que llega otro y tengo que utilizar cincuenta del tirón.

Todo comenzó hace un mes cuando una palabra se me atascó en la punta de la lengua y ahí se quedó. Ya nunca salió. A partir de ahí la pérdida de vocabulario ha sido progresiva y necesito de pegatinas para nominar todo lo que me rodea: frigorífico, puerta, televisor o ventana. Bidé no, no sé por qué, pero pierdo antes otras palabras mucho más importantes y esa sigue arraigada en mi cerebro de forma obstinada. Y no sé qué otra cosa puedo hacer.

Los médicos no me dan una solución, más que nada porque no saben lo que me pasa: unos dicen que es psicológico, por el estrés, y otros que debe ser neurológico. Y mientras se ponen de acuerdo, pruebas y más pruebas, escáneres, tacs, radiografías (no sé para qué) y una medicación que he decidido abandonar, más que nada porque no estoy deprimido, solo algo frustrado, y porque esas pastillas hacen que mi cabeza vaya más lenta y mis olvidos más rápidos.

No os quiero ni contar cómo han cambiado mis hábitos de lectura: al diccionario que aguarda en mi mesita de noche a ser leído antes de acostarme se han unido otros tantos libros infantiles con palabras y dibujos que hacen las delicias de mis momentos de ocio. ¿Volveré a recordar las palabras que han volado de mi cabeza o ésta se seguirá vaciando como una casa cuando hay mudanza?

El otro día se me vino a la lengua la palabra cerveza, así que quizá no esté todo perdido.

(Ni que decir tiene que escribo esto con la colaboración imprescindible de mi mejor amigo, que lleva un cartelito con su nombre en el pecho, por supuesto).

3 comentarios:

  1. guau. no sé cómo seguir.. quizás yo también necesite pegatinas de esas....

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  2. Es unrelato desasosegante, aunque excelente.
    Si hay algo que me inquiete en la vida sería perder mi memoria. De hecho tengo muy mala memoria y mi padre murió de alzhéimer. A lo que yo tengo, de momento y por fortuna solo le llamo, resquemor...

    Un abrazo.

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