jueves, 6 de febrero de 2014

Mi familia es vampira: XII. Hogar dulce hogar

XII. 1

Roberto dormía en su habitación como hacía días que no lo hacía. Cuando despertó pensó que todo lo que había pasado había sido un sueño, pero escuchó la voz amortiguada de su abuelo abajo, en el salón, y supo que todo lo que había ocurrido sí que había sido cierto. “¡Guauuu! Tengo diez años y he luchado contra un vampiro de verdad. Y toda mi familia es vampira y yo he salvado a mi abuelo y…”, dejó de pensar porque le estaba dando algo de vértigo aún estando acostado.

Miró a su alrededor y reparó en sus sábanas, eran las sábanas de avioncitos, esas que tanto odiaba hacía una semana y que ahora le resultaban de lo más acogedoras. ¿Qué podía hacer? Si se levantaba no podría disfrutar del calor de su cama un poco más, a la vez se moría de ganas por bajar y hablar más y más sobre todo lo ocurrido la noche anterior. Ese no era un tema tabú porque él había tenido parte en él, entonces no tendrían que ocultar nada porque ya lo sabía todo. Aún así le seguía dando reparo, todo esto había comenzado precisamente por su excesiva curiosidad.

Bajó atropelladamente por la escalera y se encaramó de un salto en el sofá junto a su abuelo que lo acogió con un fuerte abrazo.

- ¡Buenos días, grandullón! ¿Cómo has dormido?
- Como un bebé…
- ¡Como si aún no lo fuera! – exclamó su abuela que le cogió uno de esos dolorosos pellizcos en la mejilla.
- ¿Cómo tienes la herida? – le preguntó su abuelo, que echó la vista atrás para buscarle el mordisco.
- ¡Ah! Lo había olvidado… creo que bien, no me duele – se podían percibir dos pequeños moratones en el lado izquierdo de su cuello. Era cierto que no le dolía, sintió el pinchazo en el momento de ser mordido pero había sido tan poco tiempo que no recordaba nada más. Ni se había mareado más tarde ni había sentido cosas extrañas ni había percibido un crecimiento anómalo de dientes o uñas. Así que no se le dio más importancia. - ¡Abuelo! ¿Vamos a ir hoy al centro comercial?
- No, valiente. Hoy me voy al campo, tengo que descansar un poco. - Roberto lo miró con ojos tristes y Mario continuó – Tú eres muy joven y te repones pronto de estas cosas, pero yo… Han sido demasiados días preso y luego, ¡han pasado tantas cosas! – se refería sobre todo a que se había visto obligado a hacer uso de los animales vivos que Adrián le había estado proporcionando en su estancia en la mazmorra.
- El abuelo necesita descansar, compréndelo, Roberto – su madre lo levantaba del sofá. – Y ahora vete a la cocina a desayunar, tienes el cuenco y los cereales de miel en la mesa. Coge la leche de la despensa que no queda nada en el frigo, ¿Vale?

Roberto se dejó levantar y se fue a la cocina a desayunar y, aunque poder tomar cereales lo conformaba un poco con la situación, se volvió en el último momento a mitad de camino.

- Sólo una pregunta, abuelo, – los ojos de su madre se clavaron como lanzas en los suyos. No quería preguntar, pero su curiosidad había sido más rápida que su mente y lo había lanzado a hacerlo incluso sin querer.
- Sólo una, campeón.
- ¿Cómo salió Adrián de la mazmorra? ¿Y cómo entró Adrián en los pasadizos? Yo era el único que por tamaño podía entrar allí dentro y por donde salimos fue imposible porque…
- ¡Ay! Roberto, nunca aprenderás… - su abuelo lo miró sonriendo – Adrián es un murciélago, chico, ¡un murciélago! – y se echó a reír a carcajadas. Roberto se dio media vuelta creyendo que le habían tomado el pelo.

A quien no había vuelto a ver era a la señora que salvaron en las celdas del subterráneo. Después de volar de nuevo a Madrid, había cogido otro coche y había desaparecido. Si no había preguntado por ella era porque se le había olvidado, tanta presión hizo que ni siquiera reparara en su ausencia la noche anterior. Y ahora estaba hambriento, además, se le había terminado el turno de preguntas, la mirada de mamá lo había dejado muy claro. De todas formas, tampoco hubiese conseguido una respuesta convincente si tenía en cuenta la contestación del abuelo. 

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1 comentario:

  1. o yo voy tan rápido que no asimilo lo que leo, o los vampiros me han chupado sangre más neuronas..
    tal ycomo ha empezado no sé porque he pensado que iba a pasar que todo lo había soñado...
    ainnnnsss.. estos vampiros.. ehhh, y la mirada fulminante de madre que?? jajjajajja.. hay que ser muy madre para hacerla!

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