lunes, 20 de enero de 2014

Relato sin Foto: Cambios

El sol entraba a raudales por la ventana. Era imposible no darse cuenta, no echó las persianas la noche anterior. Eso era porque contorsionando un poco el cuerpo, podía llegar a observar algunas estrellas desde su cama; cómo envidiaba esas habitaciones de hotel que, desde las fotografías de las revistas, mostraban una camas enormes con una visión no solo del cielo, sino también del mar.

Si el sol entraba de esa forma tan violenta, tan rotunda, seguramente era ya muy tarde, demasiado como para poner un mensaje al trabajo y decir que estaba enferma. Podría decir que había sufrido un secuestro exprés, que la habían retenido durante 24 horas y la habían dejado ir cuando se habían dado cuenta de que no tenía nada en su poder. Ni siquiera ese pisito de 30 metros cuadrados, propiedad de un primo suyo que se lo dejaba por un alquiler abusivo por encontrarse cerca (que no "en") del centro.

Bah, tampoco es que le importara mucho perder el trabajo. Había decidido, en el segundo uno del año, cuando intentaba asimilar las doce uvas que se amontonaban en su boca, dar un cambio radical en su vida. Lo malo de esos cambios radicales es que se necesita dinero para hacerlos, por mucho que parezca que no, por muy idílicas que parezcan esas huidas a la India, ¿cómo demonios iba a juntar el dinero tan solo del billete de avión? No tenía sentido. Había pensado en hacer un cambio más asequible, de esos de los que solo te das cuenta tú y que son un logro en tu existencia. Aún no sabía cuál sería, si tendría que ver con su anatomía, su pelo, su vida, su trabajo... Pero la inspiración debía llegar de un momento a otro porque, a lo tonto, había pasado ya más de medio mes de enero.

En esas se encontraba cuando oyó un estruendo fuerte en la puerta de entrada. Más bien escuchó cómo la puerta se abría violentamente, haciendo saltar la endeble cerradura que la protegía del mundo exterior. No, si al final lo del secuestro exprés iba a ser cierto. Pasos apresurados, ventanas abriéndose y un bombero que entraba en su habitación antes si quiera que le diera tiempo a taparse. Cerca de su armario, ese armario de IKEA que su primo se había negado a pagar a pesar de que debía hacerlo, intentaba gritar qué pasaba allí, pero nada, nadie la miraba, nadie le contestaba. Entonces se vio, a ella, tendida en la cama, contorsionada, alargando el cuello para llegar al cuadradito de ventana que le permitía ver el cielo.

Menudo cambio, desde luego ella sola se daba cuenta de él: ahora a ver cómo deshacía ese desaguisado.

2 comentarios:

  1. AlaaaaaaAAAAAA!!!!!!!!
    ANONADADA ME HAS DEJAO! que intensidad!!!!!
    Y es relato corto? No habrá mas????????

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  2. joder! me has dejado flipado!!!
    muy bueno!!!
    besotes!

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