lunes, 13 de enero de 2014

Relato con Foto: La caja de sensaciones



Hacía muchos años que guardaba esa caja. Una caja como otra cualquiera, de madera, sin ningún tipo de adorno que pudiese delatar la naturaleza sorprendente de su poder. No quiso recordar el momento en que llegó a sus manos, cómo una anciana que andaba por la calle lo paró y le hizo entrega de uno de los instrumentos más impresionantes del mundo junto a unas palabras que jamás olvidaría: "Mete dentro diez fotografías, diez fotografías que signifiquen algo importante, diez fotografías de momentos que quieras volver a vivir. Y cuando necesites sentir lo que entonces sentiste, ábrela y cógela". A punto estuvo de tirarla al siguiente contenedor. A punto, menos mal que no lo hizo.

Había gastado nueve de esos momentos. Le quedaba solo uno. Una fotografía que había guardado como se guarda la botella de un vino demasiado bueno para cualquier acontecimiento, una fotografía que encerraba en sí misma todo por lo que merecía la pena vivir. Y había llegado el instante - sí, instante - de usar la última bala porque se había encontrado a esa misma vieja una hora antes. No había envejecido ni un ápice más y con sus mismos dedos huesudos le acuciaba para que reviviera esa sensación que anhelaba tanto. No había que ser muy listo para leer entre líneas: cogió la fotografía y murió sintiendo lo más grande que había sentido jamás.


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