jueves, 30 de enero de 2014

Mi familia es vampira: XI. Escapar

Después de un profundo alarido que resonó en toda la mazmorra, se hizo el silencio. Adrián cayó cuan largo era en el corredor y los ojos antes rojos como tomates ahora se habían vuelto pálidos, de un color blanquecino como la leche. Temblaba en el suelo, como si sufriera un ataque. Sus colmillos volvieron imperceptiblemente a su tamaño normal y su pelo se cubrió inmediatamente por un manto de canas. No parecía el mismo que minutos antes los había sorprendido a la entrada del pasillo.

Tras arrastrar a Adrián a la celda que antes había ocupado su nueva compañera y apresarlo con la misma cadena que la había mantenido cautiva ella, Mario cogió a su nieto de la mano y se dirigieron a la mujer que estaba tumbada en el suelo hecha un ovillo. La había mordido pero no tenía pinta de ser grave, así que la ayudaron a incorporarse y comenzaron a andar deprisa, sin mirar atrás. Aún les quedaba un trecho. Roberto le dio el bastón a la señora aunque él también lo necesitaba, y mucho: le temblaban las piernas, tanto que temía que se notara. Andaba como si estuviera borracho, pero como no había mucho espacio para hacer eses, lograba guardar el equilibrio y seguir adelante sin desentonar.

Llegaron por fin a la salida, era una trampilla en el techo. Se subía por una escalera clavada en la pared y ahora sí lo entendía todo, solo podía abrirse desde dentro. Su abuelo subió hasta el último peldaño y suspendido en el aire volvió a poner en práctica sus conocimientos con la ganzúa. La luz de las primeras horas de la mañana se filtró por el agujero que quedó cuando la trampilla se abrió del todo, la luna todavía podía verse opaca y difuminada. El aire fresco y frío invadió los pulmones de Roberto que se sintió libre mucho antes de llegar a pisar el suelo de la calle, solo con eso se disipó la sensación de opresión que tenía desde que bajara por el primer tramo de escalera de la chimenea.

Mario se descolgó de las escaleras y cogió a su nieto de la mano para ayudarlo a subir, pero Adrián volvió a aparecer cogiéndolo del otro brazo. De repente, Roberto se encontró en mitad de una lucha en la que el trofeo no era otro que él mismo. La mujer, débil y mareada, se había desmayado en un rincón y ahora estaba a merced de quien tuviera más fuerza de los dos. Los brazos le dolían, su abuelo lo aferró a su vez del anorak, él tironeaba para zafarse de Adrián, pero éste era como un pulpo. Lo cogió del cuello y del pelo, gritaba de dolor. Solo una vez en su vida le habían tirado del pelo y había descubierto que era una de las formas de tortura más espantosas. En el recreo, hacía un año, cuando se peleó con el matón de la clase de al lado. Les había robado la pelota y el único que se había atrevido a plantarle cara había sido Roberto. Se ganó una buena paliza y el otro tampoco escapó muy  bien, así que los dos acabaron en el despacho del director, castigados sin recreo durante un mes, pero con la pelota en manos de quien debía estar, del Chinche… el Chinche… ¡Echaba tanto de menos al Chinche!

Seguía la lucha por ver quién arrancaba primero el brazo a Roberto, Mario comenzaba a dar las primeras señales de agotamiento y Adrián, azuzado por la humillación anterior, parecía que había vencido la mezcla que estaba corriendo ahora mismo por sus venas. Se lo arrebató. Roberto se encontró en un pispás metido dentro de la capa de Adrián. Olía muy raro allí dentro, engarzado entre sus brazos sintió el aliento del vampiro a un milímetro de su oído, se puso blanco, eso solo podía significar una cosa, le iba a morder. Empezó a retorcerse, a alejar su cuello, pero lo tenían fuertemente cogido. Sintió un latigazo agudo y como un pinchazo de dos segundos. Lo que tardó su abuelo en darle un bastonazo en la cabeza a Adrián.

Cayó de espaldas, Roberto estaba desorientado, se llevó los dedos al cuello y dos hilillos de sangre caían finos hacia su pecho. Su abuelo le tapó la herida con un trozo de pañuelo y murmuró: “Sólo han sido dos segundos”. En un abrir y cerrar de ojos estaban en la calle con la trampilla cerrada a cal y canto y profundamente agotados. 

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

2 comentarios:

  1. nooooooooooooooooo! joeeeeeeeeeerrrr!!!!! pero tía que buena!

    el apodo de el chinche me encanta!! pero la historia ole y ole!! que final, hasta que salen!! jodo, se hacen de rogar eh!!?? jajjajajja... me gusta!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias!!! Le queda poco, pero, hija, con esto de que tengo que lanzarlo por post, el final se me está haciendo largo hasta a mí, jajajajaj

      Besos!!

      Eliminar

Dime algo si quieres...