jueves, 5 de diciembre de 2013

Mi familia es vampira



Hoy, por motivos de fuerza mayor, no habrá una nueva entrega de "Mi familia es vampira", pero pincha en su etiqueta en la columna de la derecha y podrás acceder a todas sus entradas y ponerte al día de esta historia diferente de vampiros con un protagonista muy especial, Rober.

martes, 3 de diciembre de 2013

Martes invernal: Sensación 2, el cuello vuelto


Continuando con las cosas propias del invierno que despiertan sensaciones estacionales, es decir, que solo puedes sentir en invierno y en ningún otro momento más del año, llegamos al cuello vuelto, quizá una de las prendas más características de esta época. Me encanta el cuello vuelto. Hay mucha gente, sin ir más lejos la gran señora M., que son incapaces de aguantarlo... Y no saben lo que se pierden.

Notar cómo el frío te da en la cara, en la nariz y en las mejillas, y tener el cuello a cubierto; sentir esa diferencia de temperatura, esas sensaciones tan contradictorias de frío y calor, en lugares tan cercanos del cuerpo es simplemente fenomenal. Vale, que puedes ir sin cuello vuelto y con una descomunal bufanda que te tape hasta las orejas, pero ¿y en casa? Recordemos situación: sur de España, aquí la calefacción central no se lleva, lo que viene siendo casi de serie en los hogares sureños españoles son los aires acondicionados. ¿Qué hay? Mesa de camilla. ¿Y qué ocurre? Que puedes estar súper a gusto viendo tu serie favorita, con la falda subida hasta las axilas y tu cuello a la intemperie. Y ahí el cuello vuelto juega un papel fundamental, diría que imprescindible.

Me gustan los cuellos vueltos tradicionales (me remito a la foto que encabeza este post); los cuellos vueltos caídos; los cuellos vueltos sin volver; los grandotes, los pequeños... En lana y en punto, lo mismo da. Y, por supuesto, me encantan los cuellos independientes de un chaleco... ¿Que a qué me refiero? Pues a este increíble cuello de lana que me ha hecho mi gran amiga 1.0 y 2.0 Vanesa, @Vanvaltri para sus seguidores en las redes sociales. Digamos que tengo un estiloso a la par que calentito cuello azul que estrené en cuanto me lo dio ayer por la tarde marca Mis Labores y Punto. Así sí, así sí se puede pasear por las calles con estas temperaturas... Quizá la sensación de la que hable el martes que viene. ;)


lunes, 2 de diciembre de 2013

Relato sin Foto: Cartas

Llevo un mes viviendo en este piso. Es justamente lo que quería: céntrico, techos altos, suelos de madera, calefacción central, ventanales grandes. Y un alquiler que, aunque caro, no deja de ser asequible para mí.

Vivo muy bien, de hecho, cualquiera diría que vivo como quiero, de esa forma en que lo dicen para referirse a que he encontrado todo lo que deseaba y que ahora lo disfruto. Sin embargo, no es así. No es así porque la incertidumbre nubla mis días y me quita la razón. La situación es la siguiente: la correspondencia del anterior inquilino sigue llegando a casa. Si fueran solo facturas o cartas bancarias, no me importaría, pero es que también llega su correspondencia digamos, íntima. En este mes en que llevo ocupando el piso han llegado cuatro cartas manuscritas, una por semana, invariablemente cada jueves.

La primera de ellas no me sorprendió. Al menos no lo hizo sobre manera porque ¿quién utiliza en estos tiempos este tipo de comunicación habiendo Internet? La dejé en una bandeja sobre la mesa del salón. La segunda me hizo gracia. Hablé para mí mismo riéndome de lo que había pasado y de la poca consideración de mi antecesor por no avisar a esta pobre persona que se afanaba por ponerse en contacto con él en el único sitio en que creería que se encontraría. La dejé en la bandeja del salón. La tercera me mosqueó porque me hizo sentirme responsable hasta cierto punto de la ignorancia en la que vivía esa persona que escribía sin descanso cada semana. El problema es que nunca llevaban remite, así que no podía contestar y comunicarle el cambio de domicilio de su conocido. Y la cuarta se convirtió en el aguijón que se clavó en mi cabeza en forma de curiosidad, primero latente, más tarde obsesiva. ¿Abro las cartas? ¿Violo la intimidad de una persona? ¿Lo hago en nombre de la responsabilidad y la buena intención cuando yo sé perfectamente que lo hago para saciar mi sed de conocimiento? Del antiguo ocupante del piso no sé nada, no puedo saber nada porque hay una inmobiliaria de por medio que me impide hacerlo. Y no quiero  ni puedo deshacerme de esos sobres que descansan sobre la mesa del salón. No sé por qué.

Así he estado días, una semana entera esperando que la quinta carta me saque de dudas y sea el acicate para hacer lo que debía haber hecho hace mucho tiempo: abrirlas todas y leer hasta el último punto. Saber el nombre del remitente y el del destinatario; la relación que existe entre ellos; cuán de profunda es esa relación, teniendo en cuenta que alguien se molesta en escribir cada semana aún sin recibir respuesta alguna.

Hoy es jueves y me he tomado el día libre. He dicho en el trabajo que me he levantado con el estómago mal, vomitando. No he mentido, no me encuentro bien, pero son los nervios. Estoy agazapado en la terraza del salón esperando al cartero, alto, pelo cano y cara amable, lo he visto alguna vez. Deseo con fervor verle arrastrando su carrito. Y ahí viene. Espero. Sale. Salgo. Me precipito por las escaleras. Abro el buzón. Hay una carta. Una sola carta. Manuscrita. Voy a abrirla mientras subo la escalera, pero hay algo diferente: esta vez el destinatario soy yo. Pone bien claro mi nombre, con la misma letra que las anteriores. Con esa "A" tan característica. Me paro en mitad de las escaleras y la sorpresa se torna en miedo mientras mi mente intenta gestionar lo que sucede dándole un mínimo matiz de normalidad. No puede hacerlo y le da a mis piernas la orden de que sigan subiendo las escaleras hasta llegar a casa. Una vez allí me siento y miro el sobre como si tuviera en mis manos una granada a punto de explotar: ¿le quito la anilla? Creo que no. Curiosidad y miedo se encuentran a partes iguales en mi estado de ánimo. Dejo la carta con las demás, aún como un autómata. Quizá espere al próximo jueves para ver si todo ha sido un error.