viernes, 25 de octubre de 2013

Es viernes, mamá: Tarde de lluvia




Todo el mundo en mi entorno sabe, porque lo he repetido hasta la saciedad, que estoy deseando que lleguen los fríos: estoy cansada de las mangas cortas, las tirantas, quiero mis camisas de manga larga, mis rebecas, estrenar mi chaqueta de piel piel que aguarda en el armario desde que la compré a finales de agosto (una locura, lo sé).

Sin embargo, eso me pasa porque, como siempre, nunca mira más allá, mi cabeza se obceca con algo y luego cuando llega es cuando ve las verdaderas consecuencias. ¿Cómo era aquello de "cuidado con lo que deseas porque puede que se haga realidad"? Pues eso. Han bajado las temperaturas, aunque no todo lo que a mí me gustaría, pero puedo llevar camisas y zapatos cerrados (¡por fin!); hoy he estrenado mi chaqueta de piel piel, sobrándome a los diez minutos y aguantando como una campeona. Y han llegado las lluvias y con ellas, las tardes en casa, y con estas últimas... el chico se ha desquiciado. Y nos ha desquiciado a todos.

La banda sonora de esa primera tarde de lluvia metidos en casa ha sido : "¡Talle, talle!" (calle calle), acompañado o no de lamentos y desvaríos. Me levantaba del sofá - "Mamá, ven" -, me llevaba a la puerta de casa y señalando decía:

- "Talle, mamá, talle".
- No, hijo, está lloviendo, no podemos salir.
- ¡No, no, "talle", mamá! - cogiéndome de nuevo la mano cuando ya empezaba a dar media vuelta.
- Hijo, ¿no entiendes - no, no entiende, tiene dos años y cuatro meses- que está lloviendo?
- ¡Mamá, mamá, no! "Talle, talle".

Hasta que me iba porque no llegábamos a ningún lado y se quedaba llorando a la puerta de casa. Un drama. ¿Soluciones? Me senté en el suelo con él, no funcionó. Le pusimos una peli (últimamente tiene mucho éxito la de "Kung Fu Panda"), no funcionó. Le pusimos Pocoyó, funcionó durante tres capítulos. Le dejamos coger su moto grande aún a riesgo de convertirnos en los "vecinos porculeros de arriba", funcionó durante un rato, transportándose por casa a la voz de "despacito" a la que él hacía oídos sordos. Al final, lo que hacía era ir con más velocidad a la puerta de casa para seguir diciendo "talle, talle".

El tiempo pasó muy lento, lentísimo, pero lo adelanté metiéndolo en la bañera quince minutos antes de lo normal para que cambiara de ambiente y olvidara la calle. Esto no ha sido más que el comienzo, supongo que otros días optaremos por ir a centros comerciales solucionando los berrinches garantizados por otro tipo de elementos (cochecitos, mayormente, y tiendas de chucherías también) en su debido momento. Pero desde luego, si resulta ser un invierno lluvioso, al final voy a echar de menos las mangas cortas y las tirantas.

jueves, 24 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: V. La sorpresa (1)

V. 1

Un mes entero pasó sin que tuviera noticias electrónicas de su abuelo. Tras diez días de espera, tres largos días mirando varias veces su correo electrónico, supo que se había quedado con él. No era propio de su abuelo, pero sabía que podía pasar, era una persona mayor y al final haría lo que todas las personas mayores hacen, “lo mejor para nosotros”, sin contar en ningún momento con sus opiniones. ¡Qué podía esperar! Pero al mes saltó a sus ojos un sobrecito cerrado en su bandeja de entrada. Era de su abuelo.

De: Mario Arenne
Para: robertransformer
Asunto: La historia de mi vida

LA HISTORIA DE MARIO ARENNE

Lo prometido es deuda, y ahora te voy a contar de dónde vengo y por tanto de dónde venimos todos.

Nací en Budapest, Hungría. ¿Sabes dónde está? ¿No? Busca en el mapa y ponte en situación antes de seguir leyendo… ¿Ya? Eso espero. Pues nací allí en 1938. No sé si sabrás que en esa época más o menos comenzó toda la historia de la extensión nazi y un poco más tarde la Segunda Guerra Mundial. Eso es algo complicado así que no te voy a dar clases de historia, ya lo harás en el colegio. Yo tuve la suerte de ser demasiado pequeño como para preocuparme de mí mismo en esa época y de que fueran mis padres los que me dijeran lo que tenía que hacer. Los judíos estaban perseguidos, pero nosotros aunque no éramos judíos también guardábamos un secreto, así que huimos igualmente. Eso fue en 1944, cuando vinieron a pocos meses de terminar la guerra y deportaron a miles de judíos. Huimos a un pueblo muy a las afueras donde no había ni luz ni agua, había que ir a un río a recoger agua para beber, para lavarnos, para todo. Supimos más tarde que los nuestros, es decir los vampiros, que se quedaron en la ciudad fueron apresados también. Eran muy sospechosos, sus extrañas costumbres, las luces encendidas por las noches, las puertas atrancadas por las mañanas. Vinieron los guardias y se los llevaron una de esas noches, dicen que lo que vieron fue tan dantesco que los encadenaron como a perros y se los llevaron con bozales. No se sabe qué hicieron con ellos, unos rumorean que hicieron experimentos, otros que los quemaron por miedo a que no hubiera otra forma de matarlos. Lo que sí es cierto es que nunca más se supo.

Ya en esa época se estaba ensayando con lo que hoy llamamos “transfusiones limpias”. Mis padres, mis tíos, mis abuelos y su círculo más cercano estaban hartos de atacar a la gente. De atacar a buenos amigos porque una noche no se le pusiera nadie por delante nada más que ellos. También habían tenido muchos problemas con las autoridades, siempre estaban pagando bajo cuerda para que no los tuvieran en cuenta en sus investigaciones por crímenes. Así que aprovecharon ese exilio para perfeccionar la técnica: se sacaban sangre por la mañana y se la volvían a inyectar por la noche. Comenzaron a ver que de esa forma podían pasar los días sin atacar a nadie. Sin embargo, si se inyectaban demasiada pasaban una jornada terrible por la pesadez; y si se inyectaban demasiado poco, el día era igualmente terrible por la ansiedad. Vieron que a lo mejor podrían volver algún día a la ciudad si seguían estudiando el método.

Después de dos años allí, en esa aldea, me acostumbré al aire libre. Tenía un amigo, Adrián. Era mi primo, siempre estábamos juntos. Sembrábamos los huertos, trabajábamos en casa del herrero por las tardes y por las mañanas íbamos a la escuela de su padre. Éramos muchos niños, no todos vampiros, los había de la aldea, pero la mayoría sí que veníamos huyendo de la ciudad. Todo iba bastante bien, yo ya me veía toda mi vida allí, como los viejos que se sentaban en las puertas de las casas las noches de verano, hasta que comenzaron a pasar cosas.

Primero fueron animales. Aparecían por la mañana. Decenas de animales muertos. Durante un mes encontramos todas las mañanas conejos, ciervos, aves… todos desangrados. Sabíamos que alguien se estaba saltando las normas, pero no podíamos saber quién podía ser si no espiábamos. Y los mayores actuaron. Mis padres, mis tíos y los demás adultos formaron secretamente unas brigadas nocturnas. Después de transferirse su propia sangre, salían de madrugada para buscar al culpable que estaba dejando esa huella en la aldea. Los lugareños estaban comenzando a sospechar y si descubrían algo, ¿dónde podríamos huir entonces? Pasó una semana sin que ocurriera nada, hasta que volvió a ocurrir. Pero esta vez lo que apareció fue un hombre. Un ermitaño de las montañas que solo bajaba a la aldea cuando se le acababan las provisiones. Podría haber sido cualquier cosa, pero eso puso a todos en alerta. ¿Sabes quién era?

Era mi primo Adrián. Había desarrollado su capacidad mucho antes que los demás niños – yo no lo desarrollé hasta los doce años – y sus padres no se habían dado cuenta. Nunca me dijeron cómo lo descubrieron, ni qué estaba haciendo cuando lo hicieron, pero mi primo ya nunca fue el mismo. De todas formas, ya era demasiado tarde para reconciliarse con los aldeanos. Ellos sabían que nosotros teníamos algo que ver, así que tuvimos que coger de nuevo nuestras cosas y marcharnos. De nuevo a la ciudad, a la que mis padres querían volver tarde o temprano, y que ahora estaba bajo el poder de los rusos.

martes, 22 de octubre de 2013

Serieando: Hijos del Tercer Reich

No es la primera vez que escribo sobre mi pasión por la II Guerra Mundial, también fue un martes cuando recomendé con entusiasmo a una autora que fue víctima de los nazis y que nos dejó una obra inacabada que merece la pena descubrir (igual que sus otras obras acabadas, claro). Era Irène Némirovsky y podéis leer la reseña sobre ella pinchando aquí.

He leído muchos libros, muchos, con la II Guerra Mundial como telón de fondo, como decorado principal, como protagonista o como secundario. Pero también he visto series y es de la que da título a este post de la que voy a hablar, brevemente ya sabéis, para que esto no deje de ser un post. 



No sé cómo me enteré de su existencia, pero en cuanto leí II Guerra Mundial e historia de cinco amigos, me dije que tenía que  verla. Después ya indagué y supe que era una serie de producción europea, con muchos años de trabajo detrás y que se mete en uno de los lados menos visitados cinematográficamente hablando de esta contienda a la vez tan cinematográfica. Sus tres capítulos de hora y media sirven para contarnos el devenir en la vida de cinco amigos berlineses: dos militares, un judío, una enfermera y una artista, desde el verano de 1941 hasta el final de la guerra, desde que los alemanes parecían los vencedores hasta que fueron los vencidos. 

Como podréis imaginar, la vida de todos cambia de forma radical, profunda. Viven momentos muy duros, momentos físicos y de conciencia. No creáis que humaniza a los nazis, por lo visto es una de las críticas que han tenido, a mí no me lo ha parecido. Simplemente cuenta la vida de estos jóvenes, cómo la guerra y los desmanes de otros, les roban su momento, su tiempo, dejando profundas cicatrices, algunas que se ven y otras que no. Para mí la metamorfosis más espectacular es la de Friedhelm, que no os contaré para que os pique el gusanillo y la veáis. 

También he leído comparaciones con, por ejemplo, "Hermanos de sangre". De acuerdo en algunas cosas, en otras no. "Hermanos de sangre" tenía detrás la producción de Tom Hanks y Steven Spielberg, ese poderío se nota en todo, pero "Hijos del Tercer Reich" no le tiene nada que envidiar en cuanto a escenarios y realismo. Por cierto, que el título real de la serie es "Unsere Mütter, unsere Väter", con traducción "Nuestras madres, nuestros padres", quizá más indicativo de lo que quiere representar la serie.

En fin, recomiendo verla, por lo que he estado leyendo la ha adquirido TVE, así que puede que pronto sea del "dominio público". Más adelante hablaré de "Hermanos de sangre" y de su homóloga del Pacífico, "The Pacific", que también vi con emoción y llenaron y superaron mis expectativas, más la primera que la segunda.



lunes, 21 de octubre de 2013

Relato sin Foto: El minuto

Cerré los ojos y volví al sueño: un cielo grande y azul claro me esperaba con las nubes abiertas. De ese modo en que solo se vive en los sueños, podía volar con mis brazos extendidos entendiendo que era lo normal. E incluso podía bajar a las profundidades del mar y respirar a pleno pulmón sin ningún tipo de reparo. Antes de volver a abrir los ojos me dio tiempo a recorrer de punta a punta el país, sentarme en las alas de un avión que cruzaba el océano y unirme a una bandada de aves migratorias. Pero abrí los ojos y se cumplieron los sesenta segundos. Nunca un minuto fue igual en la vida real que en la vida soñada.