viernes, 11 de octubre de 2013

Es viernes, mamá: El pijama de mayor



Dormir de todas las posturas posibles, excepto reptar por las paredes y el techo porque la física y la genética lo impide, es algo que creo que le ocurre a todos los niños. Y el mío no es una excepción. A veces me pregunto si no se despertará más cansado de lo que se acuesta del vapuleo que le da a la cama, a la almohada y a la pared (con la que se sigue dando cabezazos, antes era con los barrotes de la cuna). El daño colateral de toda esta fiesta nocturna que se monta él solo es que no hay manera de mantenerlo tapado cinco minutos seguidos. Me levanto más veces que cuando era bebé y tenía sus tomas por las noches porque si te despiertas de madrugada, por muy a gustito que estés en tu cama, ¿no te vas a levantar a echarle un vistazo por si está destapado, sabiendo que invariablemente lo va a estar? Pues eso.

Esta situación insostenible en esta época en que los días siguen siendo calurosos, pero por las noches refresca, la hemos solucionado a lo bestia: el sábado pasado, el chico estrenó su primer pijama de invierno de mayor, es decir, de dos piezas. Con eso, al menos de momento, no nos preocupamos de si está destapado o no. Cuando entremos en los fríos verdaderos recurriremos a edredones con cremallera o a remeter hasta la extenuación la manta bajo el colchón para mantenerlo el mayor tiempo posible atrapado.

Pero volviendo al tema del pijama, para mí, esto solo ha sido comparable al momento en que aprendió a saltar (aún hoy lo sigue haciendo continuamente perfeccionando su técnica); a la noche en que estrenó cama nueva, dejando atrás la cuna de bebé; o también a cuando empezó a llevar su bibi vacío al fregadero (a ver si cuando sea mayor y haya que quitar la mesa, sigue tan dispuesto).

Al margen de su fiesta particular por estar estrenando algo ("¡nuevo, nuevo!"), ha sido verlo con el pijama de dos piezas y darme cuenta de que los pijamas enterizos, esos que lo cubrían desde el cuello hasta los pies, ya son historia.

Y es en momentos como estos, observando pequeños, pequeñísimos detalles como ese, que voy siendo más consciente que nunca que el chico se me va haciendo mayor (atención a mi expresión, en la que me reafirmo: "se ME va haciendo mayor"). (También influyen los 14,5 kilos que pesa, pero eso ya lo conté la semana pasada ;)).

jueves, 10 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: III. La historia (y 2)

III. 2

El ser vampiro lo llevas en la sangre. Cuando naces parece que unas hormonas o no sé qué célula impide que tengas necesidad de sangre, pero esas células mueren en algún momento y comienzas a necesitar sangre para calmar tus deseos. ¿Cómo te das cuenta? Muy fácil, un día te levantas y el padrastro que tienes en el dedo gordo sangra un poco y empiezas a chupar y chupar… Yo me puse el dedo morado, casi se me cae. Menos mal que mi madre se dio cuenta a tiempo, normalmente están muy pendientes de todas las heridas que te haces o de cómo miras las chuletas de cerdo – y aquí se rió con una carcajada, eso último era una broma –.

- ¿Y la luz del sol? – Roberto no quería parecer inexperto y preguntó sobre algo que todo el mundo sabe, los vampiros no aguantan la luz del sol.

¿El sol? ¿Los ajos? Puro cuento. Quizás alguna vez en la vida eso fuera de verdad pero cuando los vampiros empezaron a integrarse, se ve que algo en su genética cambió. Vamos, esto te lo digo por lógica, porque no nos derretimos si salimos por la mañana ni explotamos ni nos convertimos en ceniza.

- ¿Y somos inmortales? – dijo el “somos” muy consciente de lo que hacía.

Pues eso será algo que tendrás que preguntarle a tus padres porque es un asunto del que no puedo hablar. – 
Y se levantó y con un gesto muy teatral, le dijo: “Se acabó la función”. Se fue dando saltos al salón y dejó a Roberto en un estado de shock importante.

El abuelo vino a su rescate. El abuelo Mario era su héroe, ¿de verdad había viajado tanto? ¿Por qué no se lo había contado a él? Podía haberlo hecho sin mencionar el hecho de que era un vampiro, así que cuando lo vio acercarse se sintió defraudado.

- ¿Qué pasa campeón?
- Nada.
- ¿No pareces un poco tristón para ser el niño del cumpleaños?
- Ya.
- Estamos poco habladores hoy, ¿eh? A ver, cuéntame, qué ha dicho el granuja de tu primo.
- Pues muchísimas cosas más de lo que me han dicho mis padres. Me siento engañado.
- “Me siento engañado”, ¿dónde has escuchado esa frase?
- La escuché ayer en una serie.
- Seguro que era muy mala… Roberto, no quieras crecer antes de tiempo – pero Roberto no dejaba de mirar al césped. – Venga, puedes hacerme una pregunta, pero solo una, así que piénsala bien – esta proposición captó inmediatamente la atención de su nieto que puso su cara de pensar. Al rato soltó:
- Quiero saber… la historia de tu vida. – su abuelo se quedó muy callado y miró su reloj.
- Creo que no vamos a tener tiempo para eso…
- ¿Ves? Déjalo, me lo temía…
- Déjame acabar, no vamos a tener tiempo ahora pero ¿tienes e-mail?
- ¡Sí!
- Esta misma noche comenzaré a escribírtela y de aquí a una semana recibirás tu respuesta.

Entonces el hombre se levantó y fue a abrazar a Iris, que correteaba alrededor de un globo que se resistía a ser cogido.

La fiesta de cumpleaños continuó con total normalidad, sin contar las bravuconadas que tenía que aguantar de su primo Rodolfo que no sabía por qué no se acercó a él mucho más en toda la tarde, solo lo hizo para montarse el primero en su bici nueva. Por muy vampiro que fuese seguía siendo el mismo envidioso de siempre. Cuando se acostó estaba tan cansado que agradeció a todos los dioses del cielo, al destino y al gobierno porque mañana fuera domingo y que fuera oficial que era un día de fiesta y que no había colegio. Su madre fue a arroparlo como cada noche. No quería admitirlo, pero le encantaba que lo siguiera haciendo.

- ¿Lo has pasado bien, cariño?
- Sí, mamá, ha sido una fiesta genial, muchas gracias por la bici.
- No te la llegamos a comprar y tenemos que aguantar tus preguntas hasta las navidades de este año y para eso faltan todavía otros once meses y medio, así que era más fácil eso que no comprártela. – Se rieron los dos. – Oye, te he visto hablando mucho rato con tu primo Rodolfo, ¿de qué habéis hablado?
- De nada, vamos, de nuestras cosas, de las cosas de dos niños de diez años. Él tiene once pero que somos iguales… – su madre lo miró suspicaz.
- Habéis estado hablando del tema, ¿verdad? – Roberto negó con la cabeza, pero no pareció nada convincente. – Te digo, y espero que sea la última, que por favor dejes estar el asunto, no estás preparado para tanta información. Ahora mismo con lo que sabes es suficiente, vive como hasta ahora, ¿entendido?
- ¿Pero por qué él es ya un vampiro y yo no?
- Entonces sí que habéis hablado de eso… Pues él es un vampiro por la sencilla razón de que en sus genes había un cien por cien de posibilidades de que lo fuera y lo ha sido y ha resultado ser también precoz.
- Como que en sus genes había un cien por cien. ¿Y en los míos?
- Esto es lo último que te digo para que entiendas un poco más la situación, pero prométeme que te vas a olvidar de todo y no vas a volver a preguntar. – Roberto asintió, pero por debajo de las mantas estaba cruzando los dedos. – Tu padre no viene de familia vampira, entonces tú solo tienes un cincuenta por ciento de posibilidades de que desarrolles esa… característica, ¿comprendes?  – Roberto no daba crédito a lo que escuchaba, eso quería decir que quizás él no fuera vampiro nunca, no era nada justo. – No pongas esa cara, ¿no entiendes que si no lo desarrollas, vivirás muchísimo mejor?
- Pero yo quiero ser como vosotros, yo quiero ser uno de los vuestros.
- Cariño, ya eres uno de los nuestros, nunca dejarás de serlo. Ahora duerme y deja de pensar ya en el tema.

Le dio un beso en la frente, lo arropó y apagó la luz. Pero Roberto no pudo quedarse dormido a la primera ni a la segunda ni a la tercera. Además tenía que recoger la carpeta marrón y el libro de vampiros que compró en la librería, tenía que esperar el e-mail del abuelo y poner en orden todas sus ideas. Pensando en ello finalmente se durmió. 

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

martes, 8 de octubre de 2013

Martes de recomendación: "Cosas por las que discutimos mi mujer y yo", Mil Millington

Hace tiempo que no recomendaba un libro desde este rincón del martes que se ha convertido casi en un cajón desastre en el que hablo de todo lo que voy encontrándome. Y está bien tener un sitio así porque me permite hablar de lo que he visto en Internet, de lo que me gustan las ilustraciones o del último libro que he leído para bien o para mal.

En este caso, no hablo para mal, pero tampoco es el último libro que me he leído. Este llegó a mis manos hará unos seis o siete años y mi recuerdo de él es sinceramente genial: "Cosas por las que discutimos mi mujer y yo", de Mil Millington.



Estamos acostumbrados a leer este tipo de literatura (qué poco me gusta llamarlo así, pero es que parece que la literatura que nos hace reír, es relajada y no es profunda, como que no es literatura, pues ¡arriba la no literatura!); como decía, estamos acostumbrados a leer la vida de mujeres, mujeres de los nervios, un poco o bastante neuróticas, especiales, graciosas, a las que les pasa de todo, pobrecitas mías... (De hecho, ¿habéis descubierto ya a Carmen?). ¿Y si por una vez a quien le pasa de todo es a un hombre? Mil Millington creó el personaje de Pel Dalton, ese hombre con una novia alemana, hijos y que vive en Inglaterra. Un hombre al que le ocurren cosas disparatadas, discute por todo, tiene un universo singular y es supervisor de un equipo informático sin tener ni idea de informática.

Con deciros que yo me lo leí de un tirón y que el señor M. también lo hizo, ¡también lo hizo! Y le gusto, ¡y le gustó! Creo que con eso basta para que salgáis a buscarlo sin dilación. Porque a veces cuando tienes un libro entre las manos lo único que buscas es pasar un rato ameno, reírte, entretenerte, y si la prosa es fluida, natural, con un autor que es bueno, (colega, muy bueno) en esto del humor, ¿qué más queremos?

Datos:
"Cosas por las que discutimos mi mujer y yo"
Mil Millington
Editorial Alfaguara
404 páginas (no sé por qué pongo esto, pero en los datos de muchos libros veo que lo ponen, así que...)
Literatura para que te rías.


lunes, 7 de octubre de 2013

Relato con Foto: La torre 3

La torre se erigía en mitad del océano de una forma absolutamente misteriosa. Los tripulantes de los barcos que pasaban por allí alcanzaban a verla durante unos segundos para luego perderla de vista inmediatamente.

Sobresalía sobre las olas, impertérrita, como si no le afectara la fuerza con la que la golpeaban, como si fuera la parte más alta de un castillo que tratara de salvarse ahogado. Pero ninguna de las expediciones que se organizaron para buscarlos, a la torre y al castillo, habían dado frutos.

Ese misterio, del que ya se tenía documentación de cientos de años atrás, seguiría siéndolo porque hay cosas que es mejor no descubrir y esta torre continuaría, de este modo, siendo el vigía anónimo del océano muchos siglos más.