viernes, 20 de septiembre de 2013

Es viernes, mamá: El paso del tiempo




Hoy no es ningún día especialmente especial. Hoy no es ningún cumpleaños ni se celebra ningún evento fuera de lo normal en nuestras vidas. Es que, aún a riesgo de volverme pastelosa y sentimental, todos los días desde que el chico aterrizó en mi vida, en nuestras vidas a decir verdad, son especiales.

Este post es una llamada de atención sobre la rapidez del paso del tiempo. Ya echo de menos a ese bebé que se acurrucaba en mis brazos, ahora lo hace un niñito grandote y sonriente; echo de menos esos momentos en los que su única preocupación era tener sus manos para comérselas, ahora le preocupa tener sus coches cerca. Y echo de menos cosas que aún tengo, como que me llame "mamani" o me coja la mano cuando se está tomando el bibi (eso ya lo va haciendo menos y yo me estoy dando cuenta).

Disfruto al cien por cien de todos sus avances, pero no puedo evitar que me dé una punzadita de nostalgia al ver que se acaban tan pronto. A pesar de los momentos duros, de la falta de tiempo, de la falta de sueño, de los berrinches, de las fiebres, las preocupaciones... Ay, el chico es una fuente de felicidad inigualable.

Y lo sé también, esto irá a más. (Más suspiros).

Y parezca mentira que ambas imágenes sean con el mismo chico.



jueves, 19 de septiembre de 2013

Mi familia es vampira: II. El cumpleaños (1)

II.1

Cuando llegó a la cocina para desayunar y vio la escena que veía todos los fines de semana se preguntó si lo que recordaba no lo había soñado. Sin embargo, cuando su hermano le despeinó – más de lo que lo estaba – para felicitarle y decirle “bienvenido al club”, supo que de sueño nada. Su madre le puso el tazón de leche con sus cereales preferidos, nada diferente de un sábado como otro cualquiera cuando estaba permitido comer cereales saturados de azúcar, miel y grasas. Su padre leía el periódico del día en el sofá mientras escuchaba las noticias en la radio. Todo normal… pero tan diferente.

- Bueno, Rober ¿qué te apetece hacer hoy? - le preguntó su padre como quien no quería la cosa.
- No sé, es mi cumple – y se mordió la lengua para no decir que ya esperaba tener algún regalo. – ¿No van a venir los abuelos?
- ¿Quieres?
- Lo hacen todos los años. – ¿Qué significaba eso? ¿No iban a venir? Estaba pensando en sus juegos para la videcoconsola.
- Veremos qué podemos hacer.

Y se sumergió de nuevo en el periódico. Lo dejó confuso y continuó comiendo sus cereales sin decir palabra. Era el colmo, cumplía nada menos que diez años y parecía que nadie le prestaba atención.

Cuando subió a su habitación decidió que haría las tareas de la escuela mañana domingo. ¿Por qué no? Era su cumpleaños y podía hacer lo que quisiera, ese era su día y si nadie se preocupaba por ello, él lo haría personalmente. Ahora tenía cosas mejores que hacer, tenía que pensar en todo lo que había ocurrido, tenía tantas preguntas para sus padres… Pero éstos habían sido tajantes: “Después de esta charla, nada de preguntas, cuando seas algo mayor ya sabrás más cosas”. Así que tendría que investigar por su cuenta, si al menos se lo pudiera contar a su amigo el Chinche. El Chinche era Pedrito pero lo llamaban el Chinche porque siempre estaba chinchando a las niñas de la clase y más de una vez habían tenido problemas con los profesores por su culpa. Imposible, no podía traicionar a su familia de esa forma. Así que tenía trazado un plan, bajaría al trastero mientras sus padres estuvieran arreglando el jardín y su hermano se estuviese dando el lote con Estela en su cuarto y buscaría detalles sobre el secreto. No era un plan muy elaborado pero menos era nada…

- ¡Rober! ¡Teléfono! - La voz de su madre lo pilló desprevenido.
- ¡Lo cojo arriba!... ¿Sí?
- Hola Rober, ¿a qué hora en el campo de futbito?
- No, Chinche, no puedo salir hoy.
- No me digas que te han castigado el día de tu cumpleaños, si lo de ayer fue todo culpa mía y lo expliqué.
- No es eso, tengo tareas que hacer…
- ¿Las de la escuela? Déjalas para mañana como yo.
- Que no, Chinche, en serio, nos vemos otro día.
- Es que he quedado con todos y ahora nos quedamos cojos para jugar un partido.
- Pues lo siento mucho pero no puedo ir.
- ¿Puedo convencerte?
- No.
- Bueno, por lo menos déjanos el balón.
- Vale, pásate por casa – y colgó escuchando de fondo las protestas de su amigo.

Abajo seguían los sonidos de la cocina, ahora todo le daba coraje, no pensaba almorzar, tenía el estómago cerrado… ¿o eran los tres tazones de cereales que se había zampado? Al tercero su madre le echó una mirada fulminante y él, aunque no se la mantuvo se comportó sin prestarle atención, la desafió. Pero no le dijo nada. Llamaban a la puerta, “este Chinche cuando quiere sí que es rápido”. Bajó como una exhalación pero no lo suficientemente rápido, su madre ya tenía la puerta abierta.

- Hola Chinche ¿cómo estamos?
- Señora Carrasques, estoy dejando ese apodo, llámeme Pedrito por favor.
- Bueno, Pedrito, ¿buscando a Rober? – y el Chinche asintió así que la madre de Rober, Tatiana, se volvió para gritar su nombre.
- ¡Mamá, mamá! Ya estoy aquí no hace falta que grites.
- Bueno, hijo, ¿sales ya a jugar?
- No, hoy no salgo, toma Chinche el balón y lo quiero entero de vuelta.
- ¿Por qué no sales? – su madre insistía.
- Porque… porque… me duele la cabeza y… la cabeza y el estómago… - la mirada de la señora Carrasques estaba adivinando los pensamientos de su hijo.
- ¡Qué raro! Antes estabas bien…
- Eso Rober, vente a jugar, seguro que se te quita el dolor de tripa.
- Vomitando los tres tazones de cereales que me he desayunado.
- Eso no es nada, yo he desayunado cuatro y mi madre me ha quitado el tazón de en medio cuando iba a echar más y…
- Vale, Chinche, vale, vámonos a jugar. Mamá vuelvo a la hora de comer. – Y se fueron corriendo para el campo de futbito. 

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

martes, 17 de septiembre de 2013

Visto en Internet: El mundo de la ilustración

Me he hecho fan incondicional de las ilustraciones, los ilustradores y su mundo. Ese mundo tan especial en el que viven y en el que yo, por una falta absoluta de capacidad para dibujar cualquier cosa, no podré vivir jamás. Por eso he comenzado una cruzada en mi vida digital: hacerme seguidora de todo ilustrador que me haga reír, haga que se me remueva algo por dentro, me haga pensar, me haga pasar un buen rato... Porque es una gran cosa que la ilustración haya dejado de ser un simple acompañamiento del texto para pasar a protagonizar sus propias películas. 

Hay una palabra que he encontrado por Internet, historietista, me encanta porque es verdad. Hay ilustraciones que cuentan mucho con un gran dibujo (perdónenme si no los llaman así) y unas cuantas palabras. O un gran dibujo sin palabra alguna. 

Creo que todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando en un Vips que ya cerró en Sevilla me compré el libro de Maitena. Me volvía loca ojeándolo, me reía sola, asentía con la cabeza como si todo lo que allí había fuera verdad... Y ahora con esa magia de Internet de la que ya hablaba la semana pasada, ojeo, me río sola, asiento con la cabeza... pero delante de la pantalla del ordenador o, en su defecto, del móvil.

Una de las webs en las que entrar se ha convertido en un imprescindible es la casa de Agustina Guerrero y su "Diario de una volátil", la protagonista de sus historias es genial y sabe plasmar de un modo original y con mucho humor el día a día de toda mujer. Moderna de Pueblo tiene que ver en su temática, pero las considero diferentes, juzgad vosotros mismos. 

Y no todo iban a ser historias de mujeres (que me encantan, si no, mirad a Carmen y su suerte en la vida). Hoy mismo he hallado esta joyita en mi aventura blogueadora: Robbie Porter. Entra en su web y no sabrás qué ilustración te gusta más, porque hacen reír, hacen soñar y hacen pensar (espera, eso es lo que yo buscaba en una ilustracion, ¿no?). 

Y por último, hace unos días me enteré de un libro de ilustraciones y textos (es que cuando a una le da por algo, parece que los astros se alinean) que ha editado Le Bateau Traductores & Editores, un pequeño tesoro con una edición preciosa, "Mediatinta", escrito por Berta Díaz e ilustrado por Irene Mala. Y la casualidad ha querido que hoy mismo presenten su obra en la librería "Un gato en bicicleta" de Sevilla, a las 21:00 horas. Una hora fatal para una madre abnegada como yo, que me contentaré con buscar su libro y verlo a la luz de la lámpara cuando el chico se acueste a descansar y yo disfrute de un momento de relax para ser otra cosa que mamá. 

Bueno, esto se alarga y pierde la esencia de post, así que lo dejo no sin comentar que sigo muchos más ilustradores, que la creatividad bulle en la red y que es un gusto poder participar de ella aunque sea solo como observadora. ¡A disfrutar!

PD bloguera: Para otro momento dejo la ilustración infantil...

lunes, 16 de septiembre de 2013

Relato: La fotografía

Tomó la fotografía. Le encantaba fotografiarla a cualquier hora del día, con cualquier luz. Siempre salía perfecta, con esa sonrisa que lo inundaba todo.

Pero esta fotografía se la había robado porque ella no sabía que la estaba observando. En muy pocas ocasiones desde que fuera a visitarlo a ese rincón del mundo se había dejado llevar de tal forma y él había sido tan rápido como para cogerla de improviso.

Quiso preguntarle en qué estaba pensando, qué imágenes pasaban por su cabeza. Pero no lo hizo para no romper el momento. Entonces ella volteó la cabeza y lo miró y le sonrió. Con esa sonrisa que todo lo inundaba. Él se fue a sentar a su lado:

- Mamá.
- ¿Sí, mi vida?
- Me encanta que hayas venido.
- Mira cómo comen las mantas, es emocionante.