viernes, 6 de septiembre de 2013

Es viernes, mamá: Mi pequeña biblioteca



Al chico le encantan los libros. Más bien le encanta pasar las páginas. Y más últimamente, aunque ya hace bastante, me repite todos los dibujos que ve. Es espectacular cómo le atraen esos libros que tiene desde hace tiempo de forma diferente según van avanzando los días.

Ha redescubierto los libros de Pocoyó, se siente familiarizado con sus personajes y los llama. Y el libro de animales es una verdadera fuente de sabiduría para él (y para nosotros). Lo que todavía no ve son los libros de cuentos, se fija en sus ilustraciones y sabe si lo que hay ahí es un león o un conejo, pero eso de hilar una historia aún no ha llegado. Ya lo hará y entonces, yo disfrutaré más todavía.

Esta semana iba de libros infantiles y hasta el chico me ayuda en eso.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Mi familia es vampira: I. El descubrimiento (1)

I. 1.

La mañana de su décimo cumpleaños, Roberto – Rober para todos – no solo cumplió diez, también hizo el descubrimiento de su vida.

Cuando empezó a bajar a hurtadillas, casi de madrugada, las escaleras que llevaban al sótano de su casa no sabía bien qué buscaba. Unos ruidos lo habían despertado, y no era la primera vez, pero si la única que había decidido que quería ver de qué se trataba. Se movía despacio cuidando que las maderas de los escalones no sonaran demasiado. Aquella casa vieja le ponía de los nervios con tantos sonidos escondidos.

Por la ranura de la puerta cerrada se veía luz y se escuchaban voces amortiguadas. Eran sus padres, de eso no cabía duda, ¿pero qué hacían a las seis de la mañana encerrados en el sótano? Quizás, pensó, estaban preparándole una sorpresa de cumpleaños. Sin embargo, a pesar de sentirse algo culpable por estar espiándoles, la curiosidad le pudo más. Seguro que no pasaba nada si miraba solo un poquito.

Su cabeza bullía de emoción, “una fiesta de cumpleaños, ¿quién vendrá? Seguro que los abuelos y los tíos, y los primos. Aunque el primo Rodolfo no me gustaría”. Rodolfo tenía solo seis meses más que él pero lo trataba como a un memo infantil, siempre iba dos pasos por delante de él y no sabía cómo evitarlo. Para colmo, como cumplía años en enero, estaba un curso por detrás: aunque se sabía más inteligente y más listo esto era un punto en contra. “¿Me habrán comprado la bicicleta? He dado tanta lata con eso que por no escucharme lo habrán hecho. Y el dinero de los abuelos… con eso me compraré el último juego de la videoconsola…”. Mientras pensaba en todos sus regalos, abrió la puerta y la empujó levemente hasta que apareció una rendija suficiente para ver qué estaba ocurriendo dentro.

Y allí estaban sus padres y su hermano mayor Luis. Los tres sentados en grandes sillones de piel que estaba seguro que nunca había visto antes en casa y conectados a una extraña máquina que bombeaba un líquido rojo… ¿sangre?

Se quedó tan perplejo que creyó que aquello era un sueño, ¿qué hacían sus padres y su hermano conectados a aquella máquina? ¿Habían tenido un accidente? El miedo le subió hasta la cabeza que empezó a hormiguearle, solo pensar que les pudiera pasar algo a sus padres y a su hermano lo dejó aún más paralizado. Y la puerta se fue abriendo lentamente, de modo que los seis ojos que se encontraban dentro de la habitación se quedaron fijamente clavados en él. 

Descubre "Mi familia es vampira" desde el principio.

martes, 3 de septiembre de 2013

Martes de recomendación: Lecturas infantiles/juveniles




¿Cómo empezaste a leer? Yo no lo recuerdo. Solo tengo esa sensación de que me gustó leer desde siempre.

Fui autodidacta en este tema. Me consideré un poco bicho raro cuando, con unos diez años, saqué de la biblioteca del colegio "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe y lo devolví dentro de la semana siguiente sin pedir una ampliación de fecha. El alumno que llevaba los préstamos (uno de octavo, de los mayores) me miró con cara extraña y me dijo: "¿Ya?" y yo miré hacia abajo y ese día no saqué más libros por vergüenza.

Luego gané un concurso de relatos en quinto curso y como premio me dieron "El misterio de la isla de Tökland" de Joan Manuel Gisbert. Creo que ese libro es de los mejores que han pasado por mis manos. Y afortunadamente en el siguiente ciclo me tocó una gran profesora de Lengua y Literatura que nos mandaba lecturas superinteresantes y solo eso me quitaba el dolor de estómago de pedirles a mis padres que me compraran un libro. Gracias a ella leí "La gran Gilly Hopkins" de Katherine Paterson (que por cierto no fue mucho de mi agrado), "Solo tú puedes salvar a la Humanidad" de Terry Pratchett (quién me iba a decir a mí que yo ya lo conocía desde hace mucho) o "Momo" de Michael Ende.

Y de Michael Ende precisamente "La historia interminable" no fue el libro que más me gustó, sino uno que seguro no todo el mundo conoce, "El ponche de los deseos". Pero antes de esos vinieron "El pequeño Nicolás" de Sempé y Goscinny (aún hoy les echo un vistazo a ese y a toda la saga y me sacan muchas sonrisas); y "El pequeño vampiro" de A. Sommer Bodenburg (¿quién no deseó tener un amigo como Rüdiger?).

Más tarde me creí mayor leyendo "Rebeldes" de S.E. Hinton o "Barrotes de bambú" de Jan Terlouw; y retrocedí con "El faro de los gemidos" de Enid Blyton, con sus famosos cinco en una edición divertidísima y en la que tú elegías el camino ("Descubre el misterio").

En la adolescencia descubrí a Edgar Allan Poe y me hice con una edición de saldo en la que venían casi todos sus relatos. Y así, poco a poco, la cosa fue desembocando en lo que es hoy. Todos esos libros los tengo guardados para dejárselos al chico cuando tenga edad de leerlos y ganas tengo de ir a la librería con él para buscarle lecturas (no hallo el momento de que empiece a leer Gerónimo Stilton, pero para eso  falta aún mucho).