viernes, 2 de agosto de 2013

Es viernes, mamá: Un gran paso para el chico



Ya duerme en una cama. Son estos detalles los que me dicen que el tiempo pasa y que el chico se hace mayor. Ahora me toca lidiar con él y sus bruterías en este nuevo contexto, sus ganas de saltar y el peligro de estamparse contra el suelo. Aunque hemos prevenido situaciones poniendo rejas en la ventana, cuando lo he visto de pie delante de ella, me han entrado escalofríos (es que la cadeneta del store y la cinta de la persiana andan provocando).

Yo pensaba que durmiendo en la cama, dejaríamos de escuchar los coscos que se daba contra los barrotes de la cuna. Sin embargo, ahora se los da contra la pared porque. Tenga el sitio que tenga, sigue durmiendo en una postura complicada, cruzado y contorsionado, incluso se mete entre la valla de seguridad y el colchón. No alcanzo a comprenderlo. Creo que aunque le hubiéramos comprado un colchón que fuera de pared a pared, continuaría durmiendo de ese modo.

En cualquier caso, ahí están esos detalles que son un gran paso para el chico y un pequeño paso para nuestro día a día.

jueves, 1 de agosto de 2013

Relato con Foto: ¿Indeciso yo?



Se quedó mirando la imagen que apareció en la pantalla. Era de uno de esos mensajes que todos los viernes circulaban por su agenda de contactos dando la bienvenida al fin de semana: una playa de arena blanca al atardecer, el sol escondiéndose en el horizonte y, en primer plano a la derecha, un cóctel de color verde.

Entonces sonrió y lo vio claro. Tan claro como que a la semana siguiente, estaba viendo el sol esconderse tumbado en una hamaca y tomando un cóctel de color verde del que no sabía el nombre ni de qué estaba hecho. Nunca en su vida estuvo más seguro de lo que había hecho y nunca en su vida se sintió más libre. Nadie volvería a llamarle indeciso.

martes, 30 de julio de 2013

Martes de recomendación: Irène Némirovsky

La Segunda Guerra Mundial ha generado gran cantidad de literatura. Quizá, y no lo digo con conocimiento profundo, sea de los temas que más libros ha suscitado. O tal vez lo diga porque sea uno de esos temas que me han fascinado desde que lo estudié a fondo en COU.

Historias de todo pelaje, ambientaciones bajo los bombardeos en Londres, relatos reales de prisioneros en campos de concentración, experiencias de postguerra, escritas por afectados directamente o por gente contemporánea que bucea en archivos para montar una historia creíble.

Hoy martes quiero traer a una escritora de la que me sorprendió tanto su historia personal como su forma de escribir. Ella fue perseguida, enjaulada y asesinada en uno de esas aberraciones humanas. Ella es Irène Némirovsky. Sus relatos tuvieron éxito en su momento y ahora, aunque ahora… ahora sabemos que esos relatos son limitados.

La descubrí con “Suite Francesa”, relato del éxodo de los franceses poco antes de la ocupación alemana de París. Su forma de contar me cogió desprevenida, recuerdo un cierto despojo de sentimientos, mostrando crudamente las acciones humanas, desde las más generosas hasta las más vergonzantes. Porque en una situación como la que describe, se da de todo y el ser humano saca lo peor y lo mejor de sí mismo. Gracias a sus hijas, que también fueron perseguidas y que guardaron este manuscrito bajo riesgo de sus vidas, este libro, llamado a ser el primero de una trilogía que se quedó en una unidad, llegó hasta nosotros. Pero podemos seguir disfrutando de su peculiar estilo narrativo con libros como “David Golder”, “El baile” o “El ardor de la sangre”. Hay algunos más, aunque estos son los que yo he leído, dejándome un muy buen sabor de boca.

Esperando que las pinceladas que he dado de ella aquí os despierten la curiosidad, os animo a descubrirla, sin duda no os arrepentiréis.

lunes, 29 de julio de 2013

Relato con foto: La venganza de la naturaleza




Abrió lentamente los ojos. Un rayo de sol le estaba taladrando el párpado izquierdo y no pudo mantener  mucho más el satisfactorio duermevela en el que permanecía.

En los primeros momentos no sabía qué había pasado. Simplemente estaba sobre el suelo, un suelo, no sabía de dónde. Su mente luchaba por concretar recuerdos, pero antes de hacerlo, las imágenes se difuminaban. Hasta que por fin recordó.

Entonces comenzó a levantarse, lentamente, esperando ver lo que sabía que había pasado y deseando con todas sus fuerzas que no fuera cierto: desde lo alto de su edificio, desde la azotea del edificio en el que había vivido los últimos cinco años, observó cómo la frondosa vegetación que antes se disfrutaba en parques naturales que rodeaban la ciudad había invadido cada centímetro de asfalto.

Y comprendió que, con la venganza de la naturaleza, todo había acabado y todo acababa de empezar.