jueves, 19 de diciembre de 2013

Mi familia es vampira: IX. El plan continúa (1)

IX. 1

Salieron los tres atropelladamente del salón mientras Adrián observaba la oscuridad de la noche. ¿Había sido todo aquello un error? Sabían que no, conocían bien los planes de Adrián, no hacía falta que él se los desvelara. Habían tardado menos tiempo que el estipulado, apenas media hora, pero sería suficiente. Ahora llegaba quizás lo más complicado: Roberto debía meterse en una de las habitaciones del gran pasillo de salida sin ser visto. A su favor tenían que el mayordomo, como buen conocedor de su amo, no se había personado en la habitación para acompañarlos a la salida, así que estaban ellos solos recorriendo la distancia que había hasta la entrada. En menos de tres minutos, Roberto se escondía en la tercera habitación de la derecha, dejando a su hermano y a Charles solos y apresurados dirigiéndose a la salida.

La habitación estaba oscura, como todo en aquella casa, tan tétrica y destartalada a pesar de parecer lujosa y ostentosa. No quería mirar alrededor porque, aunque oscuro, la claridad de la luna hacía que se pudiera distinguir todo. Y  no quería hacerlo porque tenía miedo de lo que pudiera encontrar. No obstante era necesario que lo hiciera, si había actuado correctamente debería estar en una habitación-pasadizo, es decir, un modo de entrar en las entrañas de la mansión. Abrió los ojos lo más que pudo y miró fuertemente, tenía que acostumbrar sus ojos a esa nueva claridad. Desde dentro, la luna parecía tan poco terrorífica, todavía se acordaba cuando por la noche esa visión le fascinaba y le atemorizaba a la vez. Sí, debía ser la habitación correcta. En una esquina había una chimenea, se supone que sin uso real, tras ella debía encontrarse una rejilla así que avanzó sigilosamente sin querer tropezar con nada, lo cual era complicado.

Toda la estancia estaba llena de chismes, parecía como si aquella fuera la habitación de los trastos. En realidad estaba destinada a guardar todas las obras de arte que Adrián había ido acumulando a lo largo de toda su vida. Los cuadros normalmente los exponía en los largos pasillos de toda la casa pero las esculturas y muebles antiguos que colocaba por todas los espacios cuando organizaba algún evento, los amontonaba allí, detestaba tener tantos tiestos por medio. Ese había sido uno de los defectos de su mentor, Peter Rashford, menos mal que al fin aquella casa era suya y podía hacer con ella lo que le viniera en gana. Por eso Roberto debía andarse con cuidado de no hacer ningún ruido, el oído agudizado de Adrián se percataría inmediatamente de que alguien andaba por la casa, ya se lo dijo su abuela bien claro “si te enviamos a ti es porque a ti no puede hacerte nada aún. Pero también porque eres el único que tiene el tamaño suficiente para caber por el hueco de la chimenea sin problemas”. Le había instado a dejarlo, a no hacerlo, lo comprenderían perfectamente, tenía solo diez años, hacía apenas un mes que sabía de la historia familiar y puede que aún no la comprendiera del todo. Además, aquella era una aventura peligrosa, pero “confiamos en ti, eres uno de los nuestros al fin y al cabo, y los nuestros nunca han tenido una vida normal”. Cuando escuchó aquello supo que aquella misión debía ser para él. ¿Por qué la presencia de Luís? Simplemente para despistar. También Adrián había estado en lo cierto, habían enviado a “negociar” con él a las personas a las que menos daño podía hacer, sabían no obstante que nunca forzaría ni secuestraría a los nietos de Mario sin poder sacar algo en claro de ello. Pero el hecho de que no pudieran asalvajarse tan fácilmente les daba puntos a su favor, por eso los dejó marchar. No les servían para nada, ni siquiera para estar junto a él como vampiros consolidados, así que ese era un riesgo que debían correr y, afortunadamente, estuvieron en lo cierto y los dejó marchar. 

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4 comentarios:

  1. luego vuelvo... que tengo que ir a currar!! pero marchando un beso vampiresco!

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  2. yo no sé cómo se te ocurre todo esto, pero hijamía... ya me gustaría a mí escuchar los cuentos que le relatas a mini M... ojo... que tienen que ser de campeonato.. espero que no viváis en una casa con chimenea...


    besoooooo

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    Respuestas
    1. Jjajaja, ay, Pumi, si tú supieras! Le intento contar cosas y pasa de mí, supongo que es la edad. ¿Chimenea? No, de eso no, pero un ventanal en el salón la mar de apañado, jajajaj... Muuuuchos besos!

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