miércoles, 18 de diciembre de 2013

Carmen, mi suerte en la vida: X. La noche esotérica (1)

X. 1

Si me hubiera cogido con quince años, jamás me habría apuntado a una noche como esa. Siempre he sido muy cagona y lo espiritual y esotérico me ha dado más miedo que curiosidad. Pero a mi edad y con la suerte que mi vida me había ido deparando, un plan de esas características me apetecía horrores.

Todavía no me explico cómo Gloria, con sus antecedentes, no me había ofrecido una velada así en todo este tiempo, a pesar de que ella insista que fue por miramiento. ¿Miramientos? ¿Ella? ¿Conmigo? La conozco y seguro que le daba miedo lo que pudieran decir sus cartas. O equivocarse. Aunque no quisiera reconocerlo, era así. Pero esta noche, entre tanta mujer y tan diferentes unas de otras, se sentiría más envalentonada. Como digo, ya la conocía yo como si la hubiera parido, a veces eso sí que era como de otro mundo.

Las participantes al evento comenzaron a llegar a las ocho y media. Toñi júnior lo hizo la primera, con una sonrisa triunfal en su rostro:

- Le he dicho al padre de mis hijos que en septiembre pido el divorcio y me he venido para acá antes de que pudiera contestar.
- ¿Y por qué septiembre? – Gloria la miraba de hito en hito.
- Porque no me gusta estar ocupada en verano, no tengo ganas de papeleos y tonterías con estas calores.
- ¡Ah! Ahora que lo dices, tienes razón, pero, ¿no le estarás dando tiempo para prepararse? Quiero decir… - Gloria, por primera vez en su vida, buscaba las palabras más adecuadas.
- ¿La casa? Es de mis padres. Y el coche está a mi nombre porque cuando se compró, él tenía unos problemillas y no queríamos que se lo embargaran.
- Bueno, mejor. ¿Y los niños? - ¿Gloria preguntando por el destino de unos críos? Esto era el pueblo, es decir, el mundo al revés.
- Te aseguro que él no quiere quedárselos. Y si tenía alguna duda, espera a que los recoja mañana.
- ¿Mañana? – Yo me volví como un resorte, dejando al instante lo que estaba haciendo: preparando unos boles con patatas fritas.
- Claro, mañana. Esta noche va a ser muy larga.

De repente, el plan de la noche del sábado había tomado un cariz diferente, se había tornado un poco más oscuro.

Gloria preparó en mitad del salón su chiringuito tapando una mesa redonda que mi abuela solía tener en el zaguán con una bandeja de chucherías. Todo el mundo hablaba de esa mesa y de esas chucherías, pero nunca nadie cogía nada cuando llamaba a la puerta de casa. No he sabido por qué. La tapó con uno de esos enormes pañuelos para el pelo que había comprado expresamente para lucir estilismos rurales, aunque yo, en lo que llevaba de verano, no había visto en el pueblo a ninguna mujer con un pañuelo en la cabeza. Su pelo se lo recogió con el mismo turbante con el que llegó y, a pesar de mis dudas, lo hizo con la misma gracia que tuvo entonces. ¿Cómo había podido yo poner en tela de juicio la capacidad de mi amiga?

Dejó sus gafas de sol, esas gigantes que le ocupaban media cara, junto a la baraja de cartas del tarot “porque en estas cosas, crear el ambiente idóneo es esencial”. Esa baraja de cartas del tarot tenía una historia fascinante y yo la creía a pies juntillas. Podía tener cincuenta o cien años perfectamente, había pertenecido a la familia de Gloria toda su vida y tenía unos dibujos tan aterradores que me inquietaba tenerla bajo mi mismo techo. Como el libro de “El Exorcista”, que guardaba un sitio singular en la casa de Gloria y yo no podía dejar de mirarlo cada vez que iba allí porque tenía la sensación de que me vigilaba. Esas cartas habían predicho varias cosas en mi vida; otras aún las estaba aguardando, pero yo, aunque no era una crédula absoluta, les tenía bastante respeto. Sobre todo si la que las echaba era la madre de Gloria, esa mujer era bruja de verdad. Gloria se colocaría sus gafas para leernos el futuro y se tomaría varios gin-tonics de ese minibar que había organizado sobre el aparador, así que nuestro sino podría resultar algo oscuro y confuso.

¡Ay, si mi abuela se presentara allí en esos momentos y viera que sobre su tapete de croché ahora no descansaban marcos de fotos de bodas y comuniones, sino botellas de whisky y ginebra!

Todo Carmen aquí, conoce a Carmen desde el principio.

5 comentarios:

  1. Siento si os sabe a poco, a mí me ha sabido a poco! Pero es que si lo hago más largó pierde su esencia de post y puede resultar pesado. Espero que os guste!

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  2. jajajjajaja.. que si me ha sabido a poco?? me he involucrado de tal manera.. que me voy a la verbena del pueblo..!!! paso de este esoterismo!! jajjaja.. que peliagudo.. a ver que nos deparan las cartas..

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    1. Todavía estoy pensando qué puede depararles, podéis lanzar ideas, jejejeje...

      Besos!

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  3. Si, si que sabe a poco, estaba tan concentrada que cuando llegué al ultimo párrafo pensé.. ¿yaaa? pero lo bueno se hace esperar!!! ¿que dirán las cartas? no se si podré con tanta intriga jajajajaj

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    1. Jajjaja, María, espero que el próximo Carmen llene expectativas, diferente será sin duda. ¿Lanzamos a Carmen a los brazos de Pepe? jejejeje, estoy ahí pensando si soy algo mala o no, jejejeje

      Besos!

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