jueves, 28 de noviembre de 2013

Mi familia es vampira: VIII. Una empresa difícil (y 2)

VIII. 2

Roberto miró fijamente a la cara de su interlocutor, Adrián. Tendría la misma edad que el abuelo, incluso le encontraba algo de parecido, un aire. ¿Cómo podía haber secuestrado Adrián a su propio primo? ¿Dónde lo tenía? Y lo peor, ¿qué podía haberle hecho? Todas esas preguntas quedarían respondidas en breve, pero Roberto se sentía fascinado por Adrián. Los ojos le brillaban de una forma fuera de lo normal, quizás – y eso ya lo pensaba él – el efecto se vería algo sobredimensionado por el titilar del fuego de la chimenea, pero aún así ese brillo natural no podría venir de otro sitio que del interior del propio Adrián. Su pelo, aunque cano, guardaba todavía un fuerte color negro, ¡tan diferente al abuelo! Nadie diría que ambos tenían en ese momento los mismos 70 años. El abuelo tenía un aspecto afable con toda esa cabellera blanca repeinada, esas arrugas alrededor de la boca y de la nariz y esas manos rugosas y suaves. Adrián no, este hombre tenía 70 años pero tenía aspecto de tener cuarenta y cinco. Sus manos largas, huesudas y afiladas, manoseaban un bastón con una bola de cristal ámbar en uno de los extremos donde había un insecto disecado dentro. El traje y los zapatos negros, sus piernas cruzadas y su media sonrisa, observando a sus tres “negociadores” le hacían parecer totalmente invencible.

- ¿Y bien? ¿Vosotros sois los negociadores que Celia me ha enviado? – ninguno de los tres contestó, Charles comenzó a sacar unos papeles de la carpeta rojo intenso que traía consigo.
- Adrián, estos papeles son para ti. Una carta de Celia y un documento donde te cede sus propiedades en Londres.
- Vaya, no quiero comenzar por ahí, no soy… tan materialista. Dejadme adivinar, tú debes ser Luis, de las últimas adquisiciones de la familia. Eres tan igual a tu abuelo de joven, diría que dos gotas de agua. Seguro que jamás has sido libre. - Luis comenzó a vocalizar una pregunta, ¿qué quiere decir eso de libre? Pero no lo dejó – Sí, chico, se te ve en la mirada, seguro que aún estás en esa fase en que si te inyectas la suficiente sangre ajena puedes aguantar sin una dosis hasta una semana. – Soltó una carcajada y dejó ver una dentadura perfecta con unos colmillos muy desarrollados, aunque no tanto como para llamar la atención en la calle si no se ensañaban demasiado. Aún así Roberto no pudo evitar fijarse en ellos.
- Adrián, por favor, no hemos venido aquí para esto.
- Charles, querido, estoy conociendo a mi familia, estos chicos son familia mía y me siento algo melancólico. – Tal como lo decía parecía que no se sentía así en absoluto. – No sabía que Celia hiciera venir a dos críos a hablar conmigo, tú tienes que ser Roberto, ¿me equivoco? – Roberto negó con la cabeza. – Sí, en tus ojos veo que aún no estás entre nosotros. - Se quedó pensativo. - ¡Muy lista la prima Celia! Ahora caigo en la cuenta.
- ¡Adrián! – Charles se levantó y le fulminó con la mirada.
- Y tú Charles, ¿qué has tomado? ¿Qué es lo que te han  hecho tomar para hacerte inmune a mí? No sois tan ignorantes como pensaba, habéis venido los que no sois capaces de asalvajarse tan fácilmente. Un medio vampiro imberbe, un chaval que aún no ha evolucionado y un mortal con litros de suero inmune en sangre. Pues eso no os va a servir de nada.
- Adrián, en tu conversación con Celia exigiste dinero y sus propiedades en Londres es lo único que tienen para darte, no tiene más que eso…
- ¡Exigí que dejarais de investigar! Lo del dinero fue un ardid para que no os quedaran recursos para la investigación. Trae esos papeles. – Adrián también se había levantado y su altura era colosal bajo la mirada atónita por su reacción de los dos chicos que aún aguardaban sentados en el sofá, empequeñecidos. – Por supuesto que me quedaré con las posesiones de Londres, pero ¿qué pruebas me dais de que no vais a seguir investigando?
- Sabes que no somos los únicos que llevan a cabo este tipo de estudios, en todo el mundo hay muchos de nosotros que quieren llegar al gen de la diferencia.
- Sí, pero Mario es el líder de todos, si queda fuera de juego todo se ralentizará y yo podré… - Adrián calló.
- No, primo Adrián, no podemos garantizarte con ningún documento que vayamos a dejar las investigaciones. – Quien hablaba era Roberto, que se había levantado y miraba a su familiar desde abajo con un tono de humildad rayando, sin embargo, el orgullo. – No hay papel firmado en el que puedas confiar, así que solo te queda nuestra palabra. Sin dinero, solo con la pensión del abuelo para poder subsistir, dudo mucho que puedan llevar el ritmo de investigaciones que estaban llevando últimamente. – Hablaba con una seguridad que seguramente nacía del temblor imperceptible de sus piernas, temblor que creía que en cualquier momento lo iba a dejar caer en el suelo de madera. – Ni pruebas ni instrumental ni electricidad, todo eso no se puede pagar con la pensión de jubilación de un profesor de facultad. Has atacado la única fuente de ingresos que poseíamos.
- Hablas como tu abuelo, intentó convencerme con sus palabras, pero creo que ya ha sido suficiente, esto no sirve de nada, creía que hablaría con Celia y me ha enviado a un mequetrefe – miró a Charles – y a dos críos asustados – señaló con desdén a los hermanos. – Podéis iros, decidle a Celia que desde este momento esto no es un secuestro, es un funeral.

Roberto soltó un grito, Luis se revolvió en su asiento y se abalanzó sobre Adrián, pero éste abrió la boca y los colmillos que antes eran comedidamente grandes ahora eran inmensos. Luis retrocedió dos pasos, Charles intentó mediar en el amago de pelea y los tres se acercaron a la puerta de salida de la habitación dejando a un Adrián pensativo y observando la noche que había caído completamente a través de la ventana. Daba la espalda, pero es que no tenía nada que temer.

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1 comentario:

  1. Ufff, qué yuyu, María... Acabo de imaginarme un lobo enorme, con unos colmillazos tremendos. A mi estos de los vampiros... me revuelven un poco, qué quieres que te diga, pero como tú lo cuentas tan bien, pues esperamos la siguiente entrega :)

    Un abrazo, guapa.

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