martes, 26 de noviembre de 2013

Martes invernal: Sensación 1, la mesa de camilla

Hay algunos movimientos blogueros que tienen las fotografías como protagonistas. Los bloggers se ponen de acuerdo en un día y lanzan imágenes relacionadas o con etiquetas comunes, por ejemplo. No es que no me interese hacerlo, me encantaría unirme a alguno de ellos, pero antes de conocerlos, tracé un planning muy estricto para My Stories Project y ahora me es imposible prescindir de cualquiera de sus temas, les tengo cariño a todos toditos: desde Carmen a "Mi familia es vampira", pasando inevitablemente por "Es viernes, mamá" y mi relato de los lunes.

Por eso, y escogiendo el día de tema libre que me he guardado para mí, es decir, el martes, he decidido lanzar mi propio movimiento. Eso sí, es un movimiento estacional, no durará más de cuatro entregas y, aunque todo girará alrededor de una imagen o varias, esta irá acompañada de texto. A veces, de mucho texto.

Hoy comienza la serie "Martes invernal", con la sensación número 1: la mesa de camilla.


Mi mundo siempre se ha dividido, estacionalmente hablando, en dos tecnologías: el aire acondicionado y la mesa de camilla (de ahora en adelante, la mesa camilla). Y el aire acondicionado llegó demasiado tarde a casa de mis padres.

Es muy cool andar en manga corta y descalzo por tu suelo de tarima flotante mientras fuera el termómetro tirita de frío soportando temperaturas negativas que harían ponerse azul al más atrevido. Yo sé que si conociera en persona a la calefacción central, me haría fan de ella. Sin embargo, no la conozco. El mayor contacto que he tenido con ella ha sido en algún viaje que queda tan lejano en el tiempo que casi no cuenta. Digamos entonces que mi experiencia vital se reduce a la mesa camilla. Ese artilugio que me absorbe las energías en cuanto enchufo la estufa y me tapas con los faldones. Ese artilugio que hace que me mimetice con el sofá, que mi vejiga se agrande y que pierda la vergüenza a la hora de pedir agua, chuches y hasta una cena para tres a la primera persona que se atreve a dejar su lugar alrededor de la mesa.

Estando bajo la mesa camilla, cualquier razón para salir de ella se me antoja irracional, ridícula. Podría estar horas, días, al calor de la estufa y nada ni nadie sería capaz de sacarme de ella con algo lo suficientemente poderoso como para hacerlo de buena gana. Su influencia es tal que, cuando me siento a una mesa con mantel (sirva de imagen el salón de una boda donde las mesas normalmente tienen mantel - normalmente -) me tapo con él y me decepciono al no sentir calor en mis piernas. Hasta ahí hemos llegado. 

Por eso he inaugurado esta sección con ella, con la mesa camilla, toda una protagonista en mis inviernos, característica sin la cual el invierno no existe en mi casa. ¡Viva la mesa camilla!

4 comentarios:

  1. Ayyyyyyy totalmente contigo. Fue lo primero que entró en mi casa nueva. Y nada como estar unas Navidades en mi pueblo con la familia arropados por la "mesa camilla". Besos. Anuchi

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  2. Uy, la mesa camilla, María. La recuerdo de casa de mi abuela, en Carteya (Córdoba) y mis tías alllí siempre la usan porque no hay otro tipo de calefacción en la casa, y no sé si ahora, que los tiempos van cambiando, las casas ya tienen calefacción o no, y aún siguen con la mesa camilla. Y no lo entiendo, la verdad, porque en Carteya hace un frío espantoso en invierno. Y en casa de mis padres, que viajan entre su casa de Carteya y la de San Fernando, pues la mesa camilla es lo que les quita el frío durante el invierno. Yo, acostumbrada a vivir en la provincia de Madrid, con calefacción, y siendo tan friolera como soy, cuando bajo a Andalucía, a las casas de los familiares, siempre estoy 'congelá', y voy forrada, porque las piernas bien, calentitas, pero la espalda... ay, amiga, la espalda como un témpano de hielo. He pasado tanto frío en aquella casa de mis padres, tan grande, en Carteya, que juré que, salvo emergencias, jamás de los jamases volvería a ella en invierno. Y algo similar me ocurre con San Fernando, y eso que allí están al lado del mar y la temperatura es más dulce.

    La mesa camilla me retrotrae a mi infancia, adolescencia, y a los días de febrero, casi marzo, en que bajo a Cádiz, a ver a los papás.

    Un beso y feliz martes, María.

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    Respuestas
    1. Otra forma de verla, también muy entrañable.

      Chao!

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