jueves, 31 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: V. La sorpresa ( y 2)

V. 2

Allí nos distribuimos por los mismos barrios de los que habíamos huido. Muchos de nuestros antiguos vecinos se alegraron de vernos, pero otros no nos miraron nunca más a la cara. Allí acabé mis estudios, pero todavía quedaba algo más que hacer.

Cuando cumplí los dieciocho mi padre me dijo que Budapest de momento no tenía futuro, que no podría llegar más lejos de lo que había llegado él – era carpintero – y que quería algo más para mí, así que me planeó la huída a Londres. Ellos se quedarían allí, cuando fueran a buscarnos pondrían mil excusas y nos darían tiempo para terminar de escapar. Yo ya tenía totalmente asimilada mi condición de vampiro y desde el principio fui un vampiro limpio, nunca tomé sangre de otra persona o de algún animal. Sabía inyectarme la dosis exacta de sangre cada noche, si lo hacía podía hacer una vida normal por la mañana, podría aguantar la luz del sol sin problemas y el olor a ajo no me dañaría mi nariz - eso es broma, Rober, el ajo nunca nos ha producido nada de nada –.

Adrián se vino conmigo, íbamos a ser dos en esa huida. No éramos los primeros que lo hacían, Budapest estaba llena de jóvenes que querían salir de allí y siempre nos llegaban noticias de detenciones de personas saliendo del país. Intentaríamos que eso no ocurriera, si nos cogían estaríamos realmente perdidos.

Llegamos a Londres cuatro meses después de dejar nuestras casas. Allí teníamos un contacto: Peter Rashford, amigo de infancia de nuestros padres. No me preguntes cómo se conocieron porque no lo supe nunca. Nos alojamos en su casa y sí, también era vampiro. Era un hombre peculiar: rico, elegante, daba muchas fiestas, tenía dos coches, servicio doméstico y un montón de amigos de todo tipo. Yo me enamoré de su sobrina, Celia, tu abuela, nada más verla. Pero no se lo dije hasta varios años más tarde.

Allí fui a la universidad, estudié Biología y me puse a trabajar para pagarme la estancia a pesar de que Rashford nos costeaba todo. Mi primo no hizo lo mismo, le fascinó la vida de nuestro anfitrión y llegó un momento en que no nos veíamos nunca, él vivía de noche y yo vivía de día. Cuando me licencié y comencé a trabajar en el laboratorio de la universidad como adjunto busqué un pequeño apartamento cerca del campus para independizarme y perdí el contacto con Rashford y con mi primo. Pero no con tu abuela. Ella vivía a dos manzanas de mí y empezamos a quedar para ir a escuchar música a los clubs, a almorzar, al cine... ella me mantenía informado de la vida de Adrián. No iba por buen camino, me dejó entrever que había noches que no se hacía las transfusiones, pero yo no podía creerlo: si no se hacía las transfusiones lo único que podía significar era que estaba atacando a personas. Así que no le daba mucho crédito a sus sensaciones.

Una noche, la primera noche que tu abuela estaba en mi casa cenando con unos amigos, llamaron a la puerta. Muy fuerte, muchos golpes seguidos. Fui a abrir corriendo, era Adrián. Tenía sangre en la camisa de su traje, la chaqueta rasgada y el pañuelo del cuello hecho jirones. Lo escondí en la cocina mientras despachaba a mis amigos y Celia y yo lo ayudamos a tranquilizarse. Lo perseguía la policía, no sabía adónde ir. Tenían un coche apostado en casa de Rashford, así que no podía volver allí. No quiso contar por qué lo buscaban, pero yo ya sabía por qué era.

Fue un escándalo en Londres. La nieta de uno de los decanos de la Facultad donde yo estudié apareció cerca de un río sin signos de violencia aparente, parecía que había muerto desangrada. La última persona con la que se le había visto era mi primo. Es muy largo de contar, pero al final tuvimos que huir todos. De nuevo. El decano llegó en sus investigaciones hasta el final y aunque al principio lo llamaron loco, cuando mostró más sucesos anteriores y más pruebas a su favor – era biólogo y podía descubrir muchas cosas – comenzaron a prestarle más atención, sobre todo los periódicos que estaban ansiosos por tener historias fantásticas de ese tipo, como que había un vampiro suelto por Londres. Las miradas se volvieron hacia mí cuando se supo que Adrián era mi primo. Antes de que se desatara una caza de brujas, todos: Peter Rashford, Celia, Adrián y yo salimos del país. Ninguno de los amigos, de los amigos vampiros que eran muchos, de Rashford se quiso mojar, así que nos encontramos otra vez escapando.

Fue en París donde me casé con Celia al poco tiempo de llegar. Adrián comenzó de nuevo a inyectarse sangre por las noches. Para esa época ya estaba todo más estudiado. Yo había llegado a la conclusión de que si nos transferíamos sangre de personas no vampiros, la calidad de vida podía subir muchísimo. Y, Roberto, como en Europa somos muchos, pronto se tejió una red de compra-venta de sangre que ha sido nuestra salvación hasta ahora. Hay clínicas de recogida de sangre en todos los países, prácticamente en todas las ciudades. A los que van a “donar” sangre se les paga convenientemente, porque son clínicas privadas, y todos tan contentos. Ellos creen que donan para gente enferma, pero qué más da, donan para nosotros que aunque no es una enfermedad, se le parece bastante. Con esta solución Adrián mejoró muchísimo. Parece que su sangre era demasiado tóxica para él y por eso dejó las transfusiones la primera vez, ahora sí que podría integrarse de verdad.

Años después, tu abuela y yo nos mudamos a Madrid, a mí me ofrecieron un trabajo en la Facultad de Biología. En París todo estaba saturado, el laboratorio donde trabajaba cada vez era más político que emprendedor, Rashford volvió a su vida de Londres, grandes cenas y fiestas, una vida desordenada y nos quería arrastrar con él. Antes de que esto ocurriera nos fuimos. Por aquel entonces ya habían nacido tus tíos y tu madre y no quería que ellos crecieran en ese ambiente. Así que nos mudamos a Madrid.

Y aquí, Roberto, hijo mío, la historia se acaba. Ya sabes el resto, soy decano de la Facultad de Biología, algo que me costó mucho conseguir. Secretamente sigo investigando nuestra condición y he llegado a muchas conclusiones muy interesantes. Sigo trabajando para integrarnos cien por cien en la sociedad y lo estoy logrando.

Ahora espero haber satisfecho tu curiosidad. Un beso muy grande.

Tu abuelo que te quiere,
Mario Arenne

El e-mail le había dejado totalmente anonadado. No sabía bien por dónde empezar a pensar. Es decir, había tanta información, tantas preguntas en el aire… Pero había prometido que no haría más preguntas. Sin embargo, ¿qué había sido de sus padres? ¿Los había vuelto a ver? ¿Y su primo Adrián? ¿Y ese tal Peter Rashford? ¿Qué pasó realmente para que se fueran de París? ¿Qué era lo que estaba estudiando y a qué conclusiones había llegado? Y una pregunta que lo tenía en vilo y que no se atrevía a preguntar a nadie: ¿era cierto que los vampiros eran inmortales? Le tranquilizaba que su abuelo siguiera teniendo palabra, pero su historia lo había dejado aún más confuso.

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