jueves, 24 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: V. La sorpresa (1)

V. 1

Un mes entero pasó sin que tuviera noticias electrónicas de su abuelo. Tras diez días de espera, tres largos días mirando varias veces su correo electrónico, supo que se había quedado con él. No era propio de su abuelo, pero sabía que podía pasar, era una persona mayor y al final haría lo que todas las personas mayores hacen, “lo mejor para nosotros”, sin contar en ningún momento con sus opiniones. ¡Qué podía esperar! Pero al mes saltó a sus ojos un sobrecito cerrado en su bandeja de entrada. Era de su abuelo.

De: Mario Arenne
Para: robertransformer
Asunto: La historia de mi vida

LA HISTORIA DE MARIO ARENNE

Lo prometido es deuda, y ahora te voy a contar de dónde vengo y por tanto de dónde venimos todos.

Nací en Budapest, Hungría. ¿Sabes dónde está? ¿No? Busca en el mapa y ponte en situación antes de seguir leyendo… ¿Ya? Eso espero. Pues nací allí en 1938. No sé si sabrás que en esa época más o menos comenzó toda la historia de la extensión nazi y un poco más tarde la Segunda Guerra Mundial. Eso es algo complicado así que no te voy a dar clases de historia, ya lo harás en el colegio. Yo tuve la suerte de ser demasiado pequeño como para preocuparme de mí mismo en esa época y de que fueran mis padres los que me dijeran lo que tenía que hacer. Los judíos estaban perseguidos, pero nosotros aunque no éramos judíos también guardábamos un secreto, así que huimos igualmente. Eso fue en 1944, cuando vinieron a pocos meses de terminar la guerra y deportaron a miles de judíos. Huimos a un pueblo muy a las afueras donde no había ni luz ni agua, había que ir a un río a recoger agua para beber, para lavarnos, para todo. Supimos más tarde que los nuestros, es decir los vampiros, que se quedaron en la ciudad fueron apresados también. Eran muy sospechosos, sus extrañas costumbres, las luces encendidas por las noches, las puertas atrancadas por las mañanas. Vinieron los guardias y se los llevaron una de esas noches, dicen que lo que vieron fue tan dantesco que los encadenaron como a perros y se los llevaron con bozales. No se sabe qué hicieron con ellos, unos rumorean que hicieron experimentos, otros que los quemaron por miedo a que no hubiera otra forma de matarlos. Lo que sí es cierto es que nunca más se supo.

Ya en esa época se estaba ensayando con lo que hoy llamamos “transfusiones limpias”. Mis padres, mis tíos, mis abuelos y su círculo más cercano estaban hartos de atacar a la gente. De atacar a buenos amigos porque una noche no se le pusiera nadie por delante nada más que ellos. También habían tenido muchos problemas con las autoridades, siempre estaban pagando bajo cuerda para que no los tuvieran en cuenta en sus investigaciones por crímenes. Así que aprovecharon ese exilio para perfeccionar la técnica: se sacaban sangre por la mañana y se la volvían a inyectar por la noche. Comenzaron a ver que de esa forma podían pasar los días sin atacar a nadie. Sin embargo, si se inyectaban demasiada pasaban una jornada terrible por la pesadez; y si se inyectaban demasiado poco, el día era igualmente terrible por la ansiedad. Vieron que a lo mejor podrían volver algún día a la ciudad si seguían estudiando el método.

Después de dos años allí, en esa aldea, me acostumbré al aire libre. Tenía un amigo, Adrián. Era mi primo, siempre estábamos juntos. Sembrábamos los huertos, trabajábamos en casa del herrero por las tardes y por las mañanas íbamos a la escuela de su padre. Éramos muchos niños, no todos vampiros, los había de la aldea, pero la mayoría sí que veníamos huyendo de la ciudad. Todo iba bastante bien, yo ya me veía toda mi vida allí, como los viejos que se sentaban en las puertas de las casas las noches de verano, hasta que comenzaron a pasar cosas.

Primero fueron animales. Aparecían por la mañana. Decenas de animales muertos. Durante un mes encontramos todas las mañanas conejos, ciervos, aves… todos desangrados. Sabíamos que alguien se estaba saltando las normas, pero no podíamos saber quién podía ser si no espiábamos. Y los mayores actuaron. Mis padres, mis tíos y los demás adultos formaron secretamente unas brigadas nocturnas. Después de transferirse su propia sangre, salían de madrugada para buscar al culpable que estaba dejando esa huella en la aldea. Los lugareños estaban comenzando a sospechar y si descubrían algo, ¿dónde podríamos huir entonces? Pasó una semana sin que ocurriera nada, hasta que volvió a ocurrir. Pero esta vez lo que apareció fue un hombre. Un ermitaño de las montañas que solo bajaba a la aldea cuando se le acababan las provisiones. Podría haber sido cualquier cosa, pero eso puso a todos en alerta. ¿Sabes quién era?

Era mi primo Adrián. Había desarrollado su capacidad mucho antes que los demás niños – yo no lo desarrollé hasta los doce años – y sus padres no se habían dado cuenta. Nunca me dijeron cómo lo descubrieron, ni qué estaba haciendo cuando lo hicieron, pero mi primo ya nunca fue el mismo. De todas formas, ya era demasiado tarde para reconciliarse con los aldeanos. Ellos sabían que nosotros teníamos algo que ver, así que tuvimos que coger de nuevo nuestras cosas y marcharnos. De nuevo a la ciudad, a la que mis padres querían volver tarde o temprano, y que ahora estaba bajo el poder de los rusos.

2 comentarios:

  1. Muy interesante esta historia. ¡Qué bien escribes!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oh, muchas gracias, Elizabeth! No sabes cuánto me alegra que te guste!

      Eliminar

Dime algo si quieres...