jueves, 3 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: III. La historia (1)

III.1

- ¿Lo sabes? - Rober miró sorprendido a su primo.
- Claro que lo sé, de aquí creo que eres el único que no sabía nada. – Rodolfo se reía entre dientes – Bueno, no, Iris es muy pequeña todavía para saber siquiera su nombre.
- Lo descubrí anoche.
- Entonces, ¿no eres vampiro? – Roberto se sintió pequeñito al lado de Rodolfo. No, no era vampiro, pero le daba vergüenza decirlo. ¿Por qué? ¿Él sí lo era? Su primo le adivinó el pensamiento. – No eres vampiro, me lo temía.
- No, todavía no soy vampiro, mis padres me han dicho que aún es pronto y que debo tener paciencia y que…
- Yo lo soy hace un año, tengo que hacerme transfusiones todas las noches. Lo fui incluso antes que tu hermano Luis.
- ¿Cómo que tú ya sí?
- Pues que soy uno de los vampiros más precoces de la familia, incluso el abuelo me felicitó, ¿qué te parece? – Roberto no sabía qué hacer, por un lado le invadía la envidia y quería irse lejos de Rodolfo; por otro quería quedarse allí para que Rodolfo le contara más cosas, aunque tuviera que aguantar sus bromas.
- Pues me parece muy bien, vamos, que me alegro quiero decir… ¿Mi hermano cuándo fue? – no sabía por dónde empezar a preguntar.
- A los catorce, ahora tiene dieciséis. Yo he sido a los nueve, todo un récord.
- ¿Y todos lo son?
- Todos sin excepción. Los abuelos, los tíos, los primos… ¿no te han contado nada tus padres?
- Bueno, algo… vamos, lo esencial, tampoco se podían poner a hablar tan directamente.
- No sabes nada – Roberto no contestó. – Pues entonces no sé si puedo seguir hablando, a lo mejor hay que protegerte. – Rodolfo hablaba como si tuviera delante un niño de cinco años y Roberto seguía sin responder, toqueteando sus deportivas nuevas. - ¿Puedo confiar en ti? – Roberto asintió y Rodolfo se lo llevó al jardín de atrás.

Una vez en el banco de madera de la esquina del patio, Rodolfo se sentó y tomó una postura muy interesante. Sabiendo que todo lo que dijera tendría una audiencia la mar de impaciente, se tomó su tiempo antes de hablar. 

“La familia Arennes es muy larga, es decir, la familia por parte de tu madre es muy larga, la de tu padre no lo sé muy bien porque no la conozco. Los abuelos han sido vampiros desde siempre; y sus abuelos y los abuelos de sus abuelos y así eternamente: somos una familia de vampiros de pura cepa – y sonreía cuando decía esto –. Pero hace tiempo que las cosas no son como antes, hace años… ¡siglos! que no se ven vampiros por la calle atacando a la gente y que se han integrado en la sociedad. Te sorprendería saber cuántos vampiros viven entre nosotros sin que se sepa nada. Una de las formas de integración es la transfusión de sangre. Los vampiros necesitan sangre, así que tienen que conseguirla de algún modo. Como ya no se ataca, pues se compra en mercados de sangre… – aquí observó la cara de Roberto que a cada palabra abría más y más los ojos, todo lo que le estaba contando era revelador, “mercados de sangre”, era impresionante. – Mis padres van todos los meses y compran en grandes cantidades para no quedarse sin existencias, no sé cómo lo harán los tuyos. Tenemos un congelador enorme en el sótano de casa y ahí es donde guardamos las provisiones… si alguna noche nos falta la transfusión te aseguro que no te gustaría ponerte en nuestro camino. Nos volvemos salvajes – Roberto notó cómo lo excluía, pero no le importó si a cambio se enteraba de algunas cosas más. – Me han contado casos en que han tenido que encadenar a uno de los nuestros a la pared para que no saliera a por su dosis “fresca” de sangre cuando se le ha pasado hacerse la transfusión. También que alguna vez que otra se han dado ataques a mortales… han sido tan terribles que no han salido ni en los periódicos.  – Roberto respiraba agitadamente, le estaba dando verdadero miedo. – Pero no te preocupes, en esta familia está todo muy controlado.De todas formas, a mí, en un futuro, me gustaría ser vampiro de calle, atacar de vez en cuando, debe de ser alucinante… – Rodolfo dejó ver un brillo en sus ojos que Roberto nunca antes había visto, ni siquiera cuando venía con unos botines nuevos y se los restregaba por la cara, ni aún cuando vino con esa consola portátil que le habían negado sus padres a su fiesta de noveno cumpleaños. Tembló por dentro, pero Rodolfo continuó. – El espacio de transfusiones de los abuelos es chulísimo, tiene de todo, incluso una pantalla de plasma de cuarenta… ¡no, cincuenta pulgadas por lo menos! Pero ellos casi nunca la ponen, no sé para qué la tienen allá abajo, ellos suelen escuchar música clásica o leen… un aburrimiento, las veces que me he quedado con ellos ha sido un rollazo…  – Rodolfo notó que la atención de Roberto se desvanecía así que contraatacó con lo que sabía que iba a dolerle más a su primo. – Pero cuando el abuelo me ve aburrido me cuenta historias de su juventud, de cómo tuvo que huir de Francia y viajó por toda Europa hasta que por fin se estableció aquí en Madrid. He pensado que cuando sea más mayor, – no dijo cuánto – voy a hacer el mismo viaje que él.  – Roberto se moría de ganas de ser vampiro, ahora no ansiaba otra cosa más en su vida que ser como toda su familia, pero si Luis se había convertido a los catorce a él le quedaban por lo menos cuatro años. Y entonces, se atrevió a preguntar.

- ¿Cómo te conviertes en vampiro?

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2 comentarios:

  1. madre miía!!!! pero y esto??? que chulo no??? te lo inspira mini M??

    os chupa la sangre??? ;)

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    1. Jajjaja, mini M. me chupa energía, que no sangre, jajajaj... Estoy deseando que sea algo más mayor para que se lo lea!!!

      Chao!!

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