jueves, 10 de octubre de 2013

Mi familia es vampira: III. La historia (y 2)

III. 2

El ser vampiro lo llevas en la sangre. Cuando naces parece que unas hormonas o no sé qué célula impide que tengas necesidad de sangre, pero esas células mueren en algún momento y comienzas a necesitar sangre para calmar tus deseos. ¿Cómo te das cuenta? Muy fácil, un día te levantas y el padrastro que tienes en el dedo gordo sangra un poco y empiezas a chupar y chupar… Yo me puse el dedo morado, casi se me cae. Menos mal que mi madre se dio cuenta a tiempo, normalmente están muy pendientes de todas las heridas que te haces o de cómo miras las chuletas de cerdo – y aquí se rió con una carcajada, eso último era una broma –.

- ¿Y la luz del sol? – Roberto no quería parecer inexperto y preguntó sobre algo que todo el mundo sabe, los vampiros no aguantan la luz del sol.

¿El sol? ¿Los ajos? Puro cuento. Quizás alguna vez en la vida eso fuera de verdad pero cuando los vampiros empezaron a integrarse, se ve que algo en su genética cambió. Vamos, esto te lo digo por lógica, porque no nos derretimos si salimos por la mañana ni explotamos ni nos convertimos en ceniza.

- ¿Y somos inmortales? – dijo el “somos” muy consciente de lo que hacía.

Pues eso será algo que tendrás que preguntarle a tus padres porque es un asunto del que no puedo hablar. – 
Y se levantó y con un gesto muy teatral, le dijo: “Se acabó la función”. Se fue dando saltos al salón y dejó a Roberto en un estado de shock importante.

El abuelo vino a su rescate. El abuelo Mario era su héroe, ¿de verdad había viajado tanto? ¿Por qué no se lo había contado a él? Podía haberlo hecho sin mencionar el hecho de que era un vampiro, así que cuando lo vio acercarse se sintió defraudado.

- ¿Qué pasa campeón?
- Nada.
- ¿No pareces un poco tristón para ser el niño del cumpleaños?
- Ya.
- Estamos poco habladores hoy, ¿eh? A ver, cuéntame, qué ha dicho el granuja de tu primo.
- Pues muchísimas cosas más de lo que me han dicho mis padres. Me siento engañado.
- “Me siento engañado”, ¿dónde has escuchado esa frase?
- La escuché ayer en una serie.
- Seguro que era muy mala… Roberto, no quieras crecer antes de tiempo – pero Roberto no dejaba de mirar al césped. – Venga, puedes hacerme una pregunta, pero solo una, así que piénsala bien – esta proposición captó inmediatamente la atención de su nieto que puso su cara de pensar. Al rato soltó:
- Quiero saber… la historia de tu vida. – su abuelo se quedó muy callado y miró su reloj.
- Creo que no vamos a tener tiempo para eso…
- ¿Ves? Déjalo, me lo temía…
- Déjame acabar, no vamos a tener tiempo ahora pero ¿tienes e-mail?
- ¡Sí!
- Esta misma noche comenzaré a escribírtela y de aquí a una semana recibirás tu respuesta.

Entonces el hombre se levantó y fue a abrazar a Iris, que correteaba alrededor de un globo que se resistía a ser cogido.

La fiesta de cumpleaños continuó con total normalidad, sin contar las bravuconadas que tenía que aguantar de su primo Rodolfo que no sabía por qué no se acercó a él mucho más en toda la tarde, solo lo hizo para montarse el primero en su bici nueva. Por muy vampiro que fuese seguía siendo el mismo envidioso de siempre. Cuando se acostó estaba tan cansado que agradeció a todos los dioses del cielo, al destino y al gobierno porque mañana fuera domingo y que fuera oficial que era un día de fiesta y que no había colegio. Su madre fue a arroparlo como cada noche. No quería admitirlo, pero le encantaba que lo siguiera haciendo.

- ¿Lo has pasado bien, cariño?
- Sí, mamá, ha sido una fiesta genial, muchas gracias por la bici.
- No te la llegamos a comprar y tenemos que aguantar tus preguntas hasta las navidades de este año y para eso faltan todavía otros once meses y medio, así que era más fácil eso que no comprártela. – Se rieron los dos. – Oye, te he visto hablando mucho rato con tu primo Rodolfo, ¿de qué habéis hablado?
- De nada, vamos, de nuestras cosas, de las cosas de dos niños de diez años. Él tiene once pero que somos iguales… – su madre lo miró suspicaz.
- Habéis estado hablando del tema, ¿verdad? – Roberto negó con la cabeza, pero no pareció nada convincente. – Te digo, y espero que sea la última, que por favor dejes estar el asunto, no estás preparado para tanta información. Ahora mismo con lo que sabes es suficiente, vive como hasta ahora, ¿entendido?
- ¿Pero por qué él es ya un vampiro y yo no?
- Entonces sí que habéis hablado de eso… Pues él es un vampiro por la sencilla razón de que en sus genes había un cien por cien de posibilidades de que lo fuera y lo ha sido y ha resultado ser también precoz.
- Como que en sus genes había un cien por cien. ¿Y en los míos?
- Esto es lo último que te digo para que entiendas un poco más la situación, pero prométeme que te vas a olvidar de todo y no vas a volver a preguntar. – Roberto asintió, pero por debajo de las mantas estaba cruzando los dedos. – Tu padre no viene de familia vampira, entonces tú solo tienes un cincuenta por ciento de posibilidades de que desarrolles esa… característica, ¿comprendes?  – Roberto no daba crédito a lo que escuchaba, eso quería decir que quizás él no fuera vampiro nunca, no era nada justo. – No pongas esa cara, ¿no entiendes que si no lo desarrollas, vivirás muchísimo mejor?
- Pero yo quiero ser como vosotros, yo quiero ser uno de los vuestros.
- Cariño, ya eres uno de los nuestros, nunca dejarás de serlo. Ahora duerme y deja de pensar ya en el tema.

Le dio un beso en la frente, lo arropó y apagó la luz. Pero Roberto no pudo quedarse dormido a la primera ni a la segunda ni a la tercera. Además tenía que recoger la carpeta marrón y el libro de vampiros que compró en la librería, tenía que esperar el e-mail del abuelo y poner en orden todas sus ideas. Pensando en ello finalmente se durmió. 

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6 comentarios:

  1. jajajjajaj... gracias por el enlace final!!! ;)

    lo malo es eso, que siempre queremos ser como los demás... pero claro, yo también querría ser vampiro.. tener un primo cojonero que lo es y tuú no???? venga hombre!! jajjajajaj

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  2. Jjajaja, pues toda la razón, Pumi, sobre todo a esa edad, "¿Que yo puede que no sea vampiro? ¡Pues muérdeme y listo!".

    Besos!

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  3. Eso de tener que esperar, hasta que uno tiene la edad apropiada, para saber cosas, es bastante cabreante, vaya que sí. Además, siempre está el primo que te va adelantando cosas y no sabes muy bien a qué atenerte. Es lo que tiene ser un niño :)

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    1. Y si no es el primo, es algún amigo sabiondo, ¿verdad? Jajjaa.

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  4. Mira que si el pobre se queda con las ganas de ser un vampiro... le da algo, eh?! :P

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