jueves, 19 de septiembre de 2013

Mi familia es vampira: II. El cumpleaños (1)

II.1

Cuando llegó a la cocina para desayunar y vio la escena que veía todos los fines de semana se preguntó si lo que recordaba no lo había soñado. Sin embargo, cuando su hermano le despeinó – más de lo que lo estaba – para felicitarle y decirle “bienvenido al club”, supo que de sueño nada. Su madre le puso el tazón de leche con sus cereales preferidos, nada diferente de un sábado como otro cualquiera cuando estaba permitido comer cereales saturados de azúcar, miel y grasas. Su padre leía el periódico del día en el sofá mientras escuchaba las noticias en la radio. Todo normal… pero tan diferente.

- Bueno, Rober ¿qué te apetece hacer hoy? - le preguntó su padre como quien no quería la cosa.
- No sé, es mi cumple – y se mordió la lengua para no decir que ya esperaba tener algún regalo. – ¿No van a venir los abuelos?
- ¿Quieres?
- Lo hacen todos los años. – ¿Qué significaba eso? ¿No iban a venir? Estaba pensando en sus juegos para la videcoconsola.
- Veremos qué podemos hacer.

Y se sumergió de nuevo en el periódico. Lo dejó confuso y continuó comiendo sus cereales sin decir palabra. Era el colmo, cumplía nada menos que diez años y parecía que nadie le prestaba atención.

Cuando subió a su habitación decidió que haría las tareas de la escuela mañana domingo. ¿Por qué no? Era su cumpleaños y podía hacer lo que quisiera, ese era su día y si nadie se preocupaba por ello, él lo haría personalmente. Ahora tenía cosas mejores que hacer, tenía que pensar en todo lo que había ocurrido, tenía tantas preguntas para sus padres… Pero éstos habían sido tajantes: “Después de esta charla, nada de preguntas, cuando seas algo mayor ya sabrás más cosas”. Así que tendría que investigar por su cuenta, si al menos se lo pudiera contar a su amigo el Chinche. El Chinche era Pedrito pero lo llamaban el Chinche porque siempre estaba chinchando a las niñas de la clase y más de una vez habían tenido problemas con los profesores por su culpa. Imposible, no podía traicionar a su familia de esa forma. Así que tenía trazado un plan, bajaría al trastero mientras sus padres estuvieran arreglando el jardín y su hermano se estuviese dando el lote con Estela en su cuarto y buscaría detalles sobre el secreto. No era un plan muy elaborado pero menos era nada…

- ¡Rober! ¡Teléfono! - La voz de su madre lo pilló desprevenido.
- ¡Lo cojo arriba!... ¿Sí?
- Hola Rober, ¿a qué hora en el campo de futbito?
- No, Chinche, no puedo salir hoy.
- No me digas que te han castigado el día de tu cumpleaños, si lo de ayer fue todo culpa mía y lo expliqué.
- No es eso, tengo tareas que hacer…
- ¿Las de la escuela? Déjalas para mañana como yo.
- Que no, Chinche, en serio, nos vemos otro día.
- Es que he quedado con todos y ahora nos quedamos cojos para jugar un partido.
- Pues lo siento mucho pero no puedo ir.
- ¿Puedo convencerte?
- No.
- Bueno, por lo menos déjanos el balón.
- Vale, pásate por casa – y colgó escuchando de fondo las protestas de su amigo.

Abajo seguían los sonidos de la cocina, ahora todo le daba coraje, no pensaba almorzar, tenía el estómago cerrado… ¿o eran los tres tazones de cereales que se había zampado? Al tercero su madre le echó una mirada fulminante y él, aunque no se la mantuvo se comportó sin prestarle atención, la desafió. Pero no le dijo nada. Llamaban a la puerta, “este Chinche cuando quiere sí que es rápido”. Bajó como una exhalación pero no lo suficientemente rápido, su madre ya tenía la puerta abierta.

- Hola Chinche ¿cómo estamos?
- Señora Carrasques, estoy dejando ese apodo, llámeme Pedrito por favor.
- Bueno, Pedrito, ¿buscando a Rober? – y el Chinche asintió así que la madre de Rober, Tatiana, se volvió para gritar su nombre.
- ¡Mamá, mamá! Ya estoy aquí no hace falta que grites.
- Bueno, hijo, ¿sales ya a jugar?
- No, hoy no salgo, toma Chinche el balón y lo quiero entero de vuelta.
- ¿Por qué no sales? – su madre insistía.
- Porque… porque… me duele la cabeza y… la cabeza y el estómago… - la mirada de la señora Carrasques estaba adivinando los pensamientos de su hijo.
- ¡Qué raro! Antes estabas bien…
- Eso Rober, vente a jugar, seguro que se te quita el dolor de tripa.
- Vomitando los tres tazones de cereales que me he desayunado.
- Eso no es nada, yo he desayunado cuatro y mi madre me ha quitado el tazón de en medio cuando iba a echar más y…
- Vale, Chinche, vale, vámonos a jugar. Mamá vuelvo a la hora de comer. – Y se fueron corriendo para el campo de futbito. 

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6 comentarios:

  1. Qué pena!!! No puede hacer lo que le de la gana????? Anuchi

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    1. Jajja, Anuchi, solo tiene diez años, cuando sea más mayor, ya veremos, jajaja...

      Besos!

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  2. Pero cómo se va a jugar sin averiguar nada!!! Esta juventud... :P

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  3. Es que un buen partido tira mucho :)

    Un abrazo.

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    1. Claro! Y no va a dejar que se lleven su balón así por las buenas, :P

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