martes, 3 de septiembre de 2013

Martes de recomendación: Lecturas infantiles/juveniles




¿Cómo empezaste a leer? Yo no lo recuerdo. Solo tengo esa sensación de que me gustó leer desde siempre.

Fui autodidacta en este tema. Me consideré un poco bicho raro cuando, con unos diez años, saqué de la biblioteca del colegio "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe y lo devolví dentro de la semana siguiente sin pedir una ampliación de fecha. El alumno que llevaba los préstamos (uno de octavo, de los mayores) me miró con cara extraña y me dijo: "¿Ya?" y yo miré hacia abajo y ese día no saqué más libros por vergüenza.

Luego gané un concurso de relatos en quinto curso y como premio me dieron "El misterio de la isla de Tökland" de Joan Manuel Gisbert. Creo que ese libro es de los mejores que han pasado por mis manos. Y afortunadamente en el siguiente ciclo me tocó una gran profesora de Lengua y Literatura que nos mandaba lecturas superinteresantes y solo eso me quitaba el dolor de estómago de pedirles a mis padres que me compraran un libro. Gracias a ella leí "La gran Gilly Hopkins" de Katherine Paterson (que por cierto no fue mucho de mi agrado), "Solo tú puedes salvar a la Humanidad" de Terry Pratchett (quién me iba a decir a mí que yo ya lo conocía desde hace mucho) o "Momo" de Michael Ende.

Y de Michael Ende precisamente "La historia interminable" no fue el libro que más me gustó, sino uno que seguro no todo el mundo conoce, "El ponche de los deseos". Pero antes de esos vinieron "El pequeño Nicolás" de Sempé y Goscinny (aún hoy les echo un vistazo a ese y a toda la saga y me sacan muchas sonrisas); y "El pequeño vampiro" de A. Sommer Bodenburg (¿quién no deseó tener un amigo como Rüdiger?).

Más tarde me creí mayor leyendo "Rebeldes" de S.E. Hinton o "Barrotes de bambú" de Jan Terlouw; y retrocedí con "El faro de los gemidos" de Enid Blyton, con sus famosos cinco en una edición divertidísima y en la que tú elegías el camino ("Descubre el misterio").

En la adolescencia descubrí a Edgar Allan Poe y me hice con una edición de saldo en la que venían casi todos sus relatos. Y así, poco a poco, la cosa fue desembocando en lo que es hoy. Todos esos libros los tengo guardados para dejárselos al chico cuando tenga edad de leerlos y ganas tengo de ir a la librería con él para buscarle lecturas (no hallo el momento de que empiece a leer Gerónimo Stilton, pero para eso  falta aún mucho).

2 comentarios:

  1. A mi también me ha gustado leer desde siempre. Supongo que para mí, los libros, eran una bendición, los libros me salvaban de las tristezas de tener que ir perdiendo a los amigos y volver a empezar en otro lugar, cada dos por tres (soy hija de guardia civil y hemos viajado mucho, mucho, muchísimo, desde que nací hasta los 20 años, que me casé, por toda Andalucía y en la provincia de Segovia). Los libros eran mis aliados. Y he devorado todo lo que caía en mis manos.Recuerdo que de adolescente solía ser monotemática. Me tragué libros y libros sobre los nazis, los campos de concentración, los judios... tantos leí, que no he vuelto a leer ni uno más de ese tema. A Delibes me lo he leído enterito. También sobre Asia he leído mucho. Adoraba Asia. Mi afición por los libros de viajes viene de aquella época adolescente, cuando yo vivía en Coca, en la provincia de Segovia y viajaba a través de las páginas de los libros. He leído miles de libros. Mi casa está llena de libros, tanto de mi hija, que tiene colecciones infantiles y juveniles enteras, como de mi marido y míos, y eso sin contar con los libros de nuestras carreras respectivas. Me encanta, o me encantaba comprar libros, pero es que ya he decidido ser muy selectiva. Ahora compro libros en francés o en inglés, y alguno que otro en castellano, pero como te digo, en castellano ya soy muy selectiva. ¡Es que me falta espacio en las estanterías! De todos modos, en el tablet tengo al menos doscientos libros esperándome, y son libros de última hora.

    Yo no sé que sería de mí sin libros. Sólo sé que me encanta escribir, que me encanta leer. Y dibujar, y pintar, y viajar. Todo va unido, ya ves. Por cierto, El Pequeño Nicolás es una maravilla. Yo tengo todos los libros en francés. Son una delicia.

    Gracias por pasarte por mis blogs. He estado unos días en Almería, pero ya me iré poniendo al día.

    Un abrazo y feliz comienzo de semana.

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    1. La verdad es que la lectura es una gran compañera de viaje. Yo, ahora mismo, es lo que he tenido que sacrificar para tener tiempo para otras cosas, pero estoy deseando volver a mi ritmo anterior.

      Chao!

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